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Fútbol, poder, delitos y novela negra: un póquer perfecto

El deporte rey atrae dinero, corrupción y estructuras mafiosas a partes iguales

La literatura negra se ha lanzado de lleno sobre este tema. Hablamos con los protagonistas

El expresidente de la FIFA, Joao Havelange, durante un acto en Zurich en 20013. REUTERS

“El mejor momento para cometer un crimen es durante un partido de fútbol porque nadie se entera”, asegura el escritor peruano Santiago Roncagliolo. El autor de Pena máxima (Alfaguara) también ha subrayado en varias ocasiones el olvido del fútbol por parte de la literatura. Su novela no es futbolera, pero está, como la vida misma, transida de fútbol. Tras el escándalo de los sobornos de la FIFA, el Moggigate en Italia, el proceso derivado del fichaje de Neymar, el caso Messi o las sospechas sobre la compra de partidos en España los delitos cometidos en el mundo del deporte rey cobran especial relevancia. El poder y la presencia amenazante de determinados grupos ultras completan un panorama poco halagüeño. La novela negra se ha lanzado de lleno a pagar una de las deudas tradicionales de la literatura y BCNegra dedica uno de sus actos centrales de este jueves al asunto. Hablamos con algunos de los protagonistas y con los escritores que se atreven con el lado oscuro y a veces criminal del fútbol.

“No creo que la corrupción esté matando al fútbol, a no ser que hablemos de la FIFA”

Philip Kerr

¿Por qué hasta ahora nadie le había prestado la atención que merece? “Creo que, por un lado, había un punto despectivo a la hora de escribir sobre fútbol, aunque muchos escritores fueran futboleros. Al mismo tiempo, la novela negra era considerada como un subgénero. La dignificación de los dos ámbitos se ha producido a la vez”, asegura Leandro Pérez, autor de Las cuatro torres (Planeta), un libro sobre la especulación y los manejos del fútbol.

¿El fútbol está irremediablemente corrupto? "La corrupción es tan antigua como la ley del fuera de juego" explica Horacio Convertini, ganador del premio Extremo Negro BAN 2013 con su novela El último milagro.  “No creo que la corrupción esté matando al fútbol, a no ser que hablemos de la FIFA”, asegura, siempre provocador, el escocés Philip Kerr. Futbolero irredento, fan incondicional del Arsenal, Kerr acaba de publicar Mercado de invierno (RBA), posiblemente la aproximación más certera hasta el momento a estos problemas. En una conversación con EL PAÍS plagada de críticas a la FIFA, Kerr apunta a uno de los grandes problemas del fútbol: el dinero y los salarios de los jugadores. “Los clubes no van a poder seguir a este ritmo y los aficionados tampoco podrán aguantar para siempre las subidas del precio de las entradas”, afirma poniendo el dedo en la llaga. “En 20 años el fútbol va a ser irreconocible”, asegura antes de reconocer que no sabe en qué sentido. “Puede que la incorporación definitiva de EE UU al espectáculo cambie el deporte, pero me da la impresión de que lo que hará será acentuar el poder del dinero en el fútbol”.

La mafia y la ley del silencio

En su peor versión, el fútbol copia los códigos del mundo del crimen. El dinero ingente que llega desde las apuestas genera otro peligro. La compra de partidos está a la orden del día y salpica a jugadores, técnicos y directivos. Pero nadie parece haber hecho nada. “Se necesitan testimonios que corroboren que se actuó de manera ilícita. Y estos testimonios están dentro. Pero, ¿quién es el valiente en activo que delata a su equipo o exequipo? Sería la sentencia de muerte a su carrera”, cuenta Paz Castelló, autora de La muerte del 9 (ediciones Turpial), una visión crítica de este submundo en forma de novela negra. Como antigua jefa de prensa del Hércules, uno de los equipos implicados más de lleno en un caso de compra de partidos, Castelló sabe de lo que habla.

Pancarta de los aficionados del Standar de Lieja.

La violencia ha invadido el mundo del fútbol desde siempre. El fenómeno, que alcanzó sus peores momentos en Europa en los años ochenta, sigue muy vivo en América Latina, especialmente en Argentina. Convertinni, que ahonda en el problema del poder de las barras bravas en El último milagro, habla de una situación inquietante, de organizaciones que en nada tienen que envidiar a la cosa nostra. “Las barras son utilizadas como fuerza de choque por sindicalistas y políticos a nivel nacional y provincial. Y son alfiles decisivos en la política interna de los clubes.Ya no se trata sólo de regalar entradas o pagar viajes. Les ceden el control de los puestos de comida en el estadio, de los estacionamientos de autos y han existido casos en que las barras pasaron a manejar las divisiones menores de alguna institución. Y en este juego de extorsiones también caen jugadores y entrenadores, quienes pagan peaje para no ser insultados a la primera derrota. Los líderes de las barras, son, a veces, empleados públicos con salario y estabilidad laboral garantizada”

Dinero, poder y perdón, trío mortal

El capital llega en masa desde todos los rincones del planeta. Primero fueron los oligarcas rusos y los príncipes de las monarquías petroleras y ahora son los magnates chinos. Donde hay dinero hay corrupción y en ningún sitio hay más dinero que en el fútbol, coinciden en señalar todos los entrevistados.

“Las barras bravas son utilizadas como fuerza de choque por sindicalistas y políticos a nivel nacional y provincial.

Horacio Convertini

“El fútbol no vive en una burbuja”, afirma Leandro Pérez. “Pero este chorro de dinero hace que se expanda más y haya más historias relacionadas con los fichajes , con la especulación, la ingeniería financiera” añade. Carles Quílez, ex director de análisis de la Oficina Antifraude de Cataluña, periodista y escritor pone sus años de experiencia contra esa llamada ingeniería financiera al servicio de quien quiera escuchar: “El nivel de corrupción es similar al de otros ámbitos, incluido el político. Nuestros deportistas defraudadores actúan a título individual, asesorados, esos sí, por los mismos que asesoran, a título colectivo, a grandes estructuras políticas. Siempre son los mismos”, señala. El autor de Manos Sucias (Alrevés) avisa de que el fútbol no deja de pervertirse y pone su atención en un problema clásico e ignorado hasta el caso Neymar: las comisiones de los fichajes. “Claro que se inflan los fichajes con comisiones grotescas, pero hacemos ver que no lo vemos porque los clubes juegan, a la postre, con nuestros sentimientos y nuestras debilidades”, explica. “El caso Messi no ha servido de nada. Sólo ejemplariza la cárcel”, termina.

Ante estos desmanes, el aficionado mira a otro lado sin inmutarse y busca refugio en la ficción y el espectáculo. Perdona. “El ser humano, puesto en modo hincha de fútbol, vive en estado de ingenuidad. Es un sentimiento que iguala a todos. En su infancia han comprado el producto y no hay forma de que acepten de que se trata de una manzana podrida”, asegura Convertinni, “cultor de esta pasión malsana” y cuyo amor por San Lorenzo, confiesa, saca lo peor de él.

Los fichajes se inflan con comisiones grotescas, pero hacemos ver que no lo vemos porque los clubes juegan, a la postre, con nuestros sentimientos y nuestras debilidades”

Carles Quílez

Hay profundas aproximaciones a todos estos problemas (El lado sucio del fútbol, VV. AA. , Planeta, es uno de los grandes ejemplos), otras menos críticas y mucho más literarias (Tres actos y dos partes, Giorgio Faletti, Anagrama) y otras inclasificables, como la novela que publicó Javier Tebas, presidente de la Liga, bajo el ingenuo y voluntarioso título de El fútbol no es así (Tropo), pero parece que la inmersión del género negro en este ámbito no ha hecho más que empezar. “La novela negra es un terreno de juego muy adecuado para adentrarse en este mundo. El fútbol no se se juega sólo en el bar o en el campo, sino que es un espectáculo que se extiende a otros ámbitos y el de la literatura, que no está explorado, tiene todo su su interés”, abunda Leandro Pérez, que, tras su debut, tiene preparadas varias novelas más sobre el tema.

La pregunta sobre cómo será el fútbol en 20 años genera casi tantas dudas y titubeos como la de cuál será el estado de la novela negra para entonces. El escritor Ernesto Mallo decía este martes en Barcelona que el crimen no es un virus externo a la sociedad, sino algo intrínseco a ella y, por tanto, inevitable. Si esa misma sociedad planetaria tiene en el fútbol su altar y en los jugadores sus dioses, parece difícil que vaya a escapar del lado oscuro. La novela negra tiene terreno abonado para las próximas décadas.

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