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Planeta Lara

Con el fallecimiento de José Manuel Lara se abre una sucesión que deberá atender a ese rasgo de negocio con cara, ojos y boca

José Manuel Lara
José Manuel Lara

Si algo ha caracterizado al grupo Planeta desde su creación en Barcelona en 1949 es la sublimación de dos aspectos muy particulares del negocio. Por un lado la vertiente familiar, en la que pese a crecer y lograr la ambición planetaria que su nombre apunta, no renuncia a una dirección personalizada. Con el fallecimiento de José Manuel Lara se abre una sucesión que deberá atender a ese rasgo de negocio con cara, ojos y boca. Y el otro acierto es quizá más sutil, pero ejemplar en un país que vive encerrado en una discusión permanente. Consiste en la invitación a una misma mesa de lo que aparentemente resulta irreconciliable. El padre, Lara Hernández, publicaba memorias de jerarcas del tardofranquismo a la par que servía de trampolín a escritores identificados con la izquierda en plena Transición. Y por la admiración generalizada al dinero, lograba dar pátina al Premio Planeta, al que se concedía categoría de galardón más que de negocio promocional puro y duro.

Los tiempos han perdido inocencia, pero alguien podría ver ese mismo empeño en su hijo, cuando era capaz de ser patrón de los diarios Avui y La Razón, con visiones contrapuestas del asunto catalán. En 2003 compró Antena 3, un canal que había nacido como extensión radiofónica, hasta el punto de que hizo realidad aquella broma de Mihura cuando festejó el descubrimiento de la tele con un qué bien, ahora la radio ya se puede mirar. Adquirida laSexta en plena crisis, al día de hoy se reproduce la paleta de contrastes en la mano de un mismo pintor. Sin una personalidad como la de Lara al frente será más difícil sostener el equilibrio, y más si como se rumorea, el enfado del Gobierno va en aumento ante un canal que considera demasiado crítico para sus tobillos tan protegidos.

La historia de las empresas familiares en España es siempre la historia de fuertes personalidades con cuajo y cintura para moverse en un país arrebatado que todo lo separa en dos mitades con un hachazo. Planeta logró entrar en las estanterías de los españoles pese a que la mitad confiesa no leer un libro jamás. Lo hizo publicando libros incluso para quienes no leen. Ese empeño empresarial aglutinador se ha demostrado más saludable que dañino.