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Markaris: “Mi comisario no espera nada de la Grecia de Syriza”

El escritor griego analiza, en el Hay de Cartagena de Indias, el panorama que se ha abierto en su país con el nuevo gobierno y el destino de su personaje literario

El escritor griego Pétros Markaris, fotografiado por Daniel Mordzinski, en Cartagena de Indias (Colombia).
El escritor griego Pétros Markaris, fotografiado por Daniel Mordzinski, en Cartagena de Indias (Colombia).

Hay personajes que han necesitado el cine para llegar, no a la gloria literaria, donde ya campaban a sus anchas, sino al gran público. El Marlowe de Humphrey Bogart o el Ripley de Matt Damon no añadieron estrellas al firmamento de Raymond Chandler o Patricia Highsmith, que ya fulguraban con suficiente luz propia, pero sí una proyección masiva que les hizo masticables, adorables, temidos o queridos.

Hay otros personajes, sin embargo, que no necesitaron el cine. Solo una crisis.

El comisario Jaritos, el entrañable policía creado por Pétros Markaris, ha ganado ya más empatía por cómo se las arregla para llegar a fin de mes que por su forma de resolver los crímenes. El autor griego (Estambul, 1937) logró esa magia mediterránea que comparte con el Carvalho de Vázquez Montalbán o el Montalbano de Camilleri: la de saber crear un investigador cercano, humano, con la dosis suficiente de humor y de neurosis en su rutina como para convertirse en un tío adoptivo, muy lejos del tipo solitario colgado del whisky en una barra de los barrios bajos de Los Ángeles. Por eso nos puede interesar más preguntar a Jaritos que a su autor, que estos días está en el Hay Festival de Cartagena de Indias (Colombia). Para empezar.

Pregunta. ¿Qué espera Jaritos de la Grecia de Syriza?

Respuesta. Nada. Él es conservador y nunca está satisfecho con nada, siempre se está quejando de todo. Recordemos que viene de la región fronteriza con Albania, muy golpeada por la guerra y la pobreza, y la única forma que tenía de huir de allí era meterse en la academia de policía. Es lo que hizo, pero sigue siendo conservador. Él, su mujer y su hija han hecho muchos sacrificios para sobrevivir. Como los griegos. Por eso no esperan nada.

P. ¿Y Márkaris? ¿Qué espera Petros Márkaris de la Grecia de Syriza?

No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis

R. No soy entusiasta con el nuevo gobierno, nunca he apoyado a Syriza. Lo primero por la confusión: es un partido confuso, cada líder te cuenta una historia y contradice a todos los demás, hay muchos grupos y tendencias distintas en él. Lo segundo, por pactar con la ultraderecha. Si eres de izquierdas no puedes pactar con la extrema derecha dejando de lado la ideología. Han demostrado que para ellos la prioridad es la política contra la troika, que une a los dos, y no todo en Grecia es economía. Cómo van a afrontar la educación con la extrema derecha, la política hacia Turquía, la inmigración. 

Eso es lo que preocupa a Márkaris, de izquierdas confeso, que fuma en pipa y bebe un café negro mientras espanta el calor húmedo de Cartagena de Indias, donde es una estrella del Hay festival. Cuando empezó la crisis, el escritor griego cambió de registro y decidió meterse en harina con una trilogía que ha estirado en una cuarta, Hasta aquí hemos llegado (Tusquets, en abril en España), y que se ha ganado el corazón del lector europeo.

P. ¿Por qué se acaba?

R. No se acaba Jaritos, ni se acaba la crisis, se acaba el Jaritos de la crisis. Nunca me había involucrado emocionalmente en mis novelas, con la excepción de Muerte en Estambul, y en esta serie lo he hecho. Ha sido difícil, estoy agotado. No hay familia que no tenga graves dificultades, la mía también. Y escuchar y escribir sobre ello no es fácil, estoy exhausto. He puesto mucho de mí. Se acabó.

P. ¿Y por qué lo alargó entonces? ¿Por qué la cuarta?

R. Me di cuenta de que había abordado la banca, la evasión fiscal y la generación de los políticos que nos metieron en esto. Me faltaba la gente. La cuarta es sobre la gente común. 

Gente común. Puro caviar en boca de un escritor que hizo bingo cuando quiso crear su personaje. ¿Dentista o policía? Ambas opciones encajaban en el protagonista terco que buscaba, pero el dentista no iba a generar simpatías, cuenta riendo. Le dio vueltas. Policía. Y no uno solitario, duro e irreal. No en el Mediterráneo, donde un poli es gente sencilla, quiere familia, hijos, odia estar solo. Y donde el lector quiere identificarse, no con un agente, sino con su familia entera. Para concebir a Jaritos, a su mujer y su hija miró hacia dentro, miró cerca, en busca del hombre común, y encontró a su propio padre. A su madre. A su hija. De ellos robó los trazos que han convertido a esa familia en la que todos pueden encontrarse al llegar a casa. La que ve recortarse el sueldo, perder empleos a su alrededor y estrecharse el margen de visibilidad en el futuro. La que sobrevive a ello con imaginación, con unidad y con cierto humor. La Grecia que hoy se ha despertado sin sueños.

P. ¿Qué ha pasado?

R. Los griegos siempre supieron sobrevivir en la pobreza, tienen una cultura de supervivencia en la pobreza y eso se había acabado. Los valores ya no estaban.

P. ¿Cuáles eran esos valores?

R. Ser decentes y saber ser felices con poco, se trataba de eso. Bastaba cantar rebetika, el folk de la gente común, y beberse un ouzo para ser los más felices del mundo. Sabíamos ser pobres y felices. Pero hicimos todo mal. Los griegos dejaron que dos familias nos gobernaran, se cometieron muchos errores, había dinero, se creó un sistema clientelar y eso es nuestra responsabilidad. Llegó el sueño del segundo piso. Todos querían una casa de dos pisos. Se endeudaron y cuando llegó la crisis hubo que recortar en comida y ropa para pagar la hipoteca. Con los valores perdidos. Hemos perdido cinco años porque la gente no estaba preparada.

P. ¿Han vuelto los valores?

R. Los jóvenes se han dado cuenta de que hay que luchar, empiezan a inventar sus posibilidades, a construir empresas, son excelentes en Internet, se ayudan, ayudarse es su nuevo valor. Y tienen algo en común: no creen en política. No quieren ni oír hablar de la política.

Armenio por parte de padre, miembro de la minoría griega de Estambul por parte de madre y educado en alemán, Márkaris lo tiene todo para afirmar que lo que hoy vive Grecia no es solo una crisis griega, sino europea. No es solo responsabilidad griega, sino europea. Y no se resuelve con división, sino entendiendo al diferente, buscando el consenso. Pero el optimismo ahora mismo en Grecia, dice parafraseando a Heiner Müller, es solo falta de información. ¿Y el pesismismo? Es ignorar la Biblia porque, ríe, “el universo se creó del caos”.