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Darío Villanueva, elegido director de la Real Academia Española

El filólogo y crítico literario ha obtenido 28 votos a favor, el 80% de los 35 emitidos

Sucede a José Manuel Blecua

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Dario Villanueva, en la RAE.

Darío Villanueva (Vilalba, Lugo, 1950) se ha convertido en el trigésimo director de la Real Academia Española (RAE) en sus tres siglos de historia. Llegó sin sorpresas, con 28 votos a favor de los 35 emitidos (un apoyo del 80%), para sustituir a José Manuel Blecua, el filólogo que hace cuatro años se impuso en una elección en la que pugnaban ambos.

Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Santiago, de la que fue rector entre 1994 y 2002 y donde sigue dando clase, Villanueva ingresó en la Academía en 2008 con un discurso dedicado al Quijote. Al año siguiente, mientras se recuperaba de un accidente de tráfico en el hospital, recibió la noticia de que había sido elegido su secretario. La institución tiene un peculiar sistema electoral: en teoría, cada académico puede ser votado para cualquier cargo y no puede rechazar la designación.

En la práctica, las corrientes a favor de unos y otros se producen a veces con meses de antelación, como ha sido en esta ocasión. Aunque Blecua no desveló públicamente hasta ayer mismo su voluntad de no repetir en el cargo —los directores pueden optar a dos reelecciones—, en la casa era un secreto a voces que Villanueva contaba con un nutrido grupo de apoyo, que crecía conforme iba menguando el de Blecua.

Esta semana, las voces a favor de la renovación se hicieron visibles a lo grande, cuando el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte defendió el cambio en la dirección. No será, sin embargo, un giro rupturista: Villanueva ha estado implicado en la gestión de todos los acontecimientos relevantes de la RAE de los últimos cuatro años, como la celebración del tricentenario, y él mismo puntualiza que no “parte de cero” para desplegar el plan estratégico con el que quiere estabilizar la situación financiera de la casa.

A Villanueva le tocará lidiar con tiempos difíciles en lo económico —el Gobierno ha recortado desde 2008 la subvención a la casa en un 59%— y tiempos desafiantes en lo profesional. “Las cosas son como son, y ocurren cuando ocurren. Me siento muy honrado por esta distinción de mis compañeros. La RAE ha pasado por momentos dificilísimos en lo político y en lo económico. Y si los antecesores lograron superarlo, también nosotros”, señaló el nuevo director en declaraciones a EL PAÍS.

En el plano académico, Villanueva tendrá que impulsar los trabajos preparatorios para la vigésimocuarta edición del Diccionario de la lengua española, que significará una revolución en el modelo tradicional, ya que nacerá desde el entorno digital para migrar después a versiones impresas, invirtiendo el flujo que ha marcado la gestación de la obra en los últimos tres siglos. “Es inevitable una refundación del Diccionario, que es el tronco fundamental de la Academia desde su origen”, afirmó el director electo, que tomará posesión del cargo el próximo 8 de enero.

En lo presupuestario, deberá cuadrar las cuentas —el desajuste entre gastos e ingresos asciende a 2,5 millones de euros—. Villanueva, quien entre sus planes tiene crear una sociedad de gestión de los servicios que la institución presta, confía en incrementar los ingresos generados por la Academia, sin que ello signifique quebrar la tradicional gratuidad del acceso al Diccionario en Internet. La RAE está negociando con una entidad el patrocinio exclusivo de la versión digital del Diccionario, que recibe entre 40 y 45 millones de consultas al mes.

En cuanto a los gastos, la Academia ha decidido rebajar los salarios de su plantilla y las dietas de los académicos en un 10%, además de abrir un plan de bajas voluntarias. Se descarta, sin embargo, la aplicación de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que ha planeado sobre sus 85 empleados. Villanueva recurre a un chiste para explicar su rechazo a esta medida: “Es como el alumno de Ingeniería al que le dicen que los trenes tienen muchos accidentes en el vagón de cola y decide que la solución para evitarlo es fácil: que se suprima el vagón de cola”. “Sería una paradoja querer subir ingresos con servicios muy especializados y que prescindamos de recursos humanos altamente cualificados y formados para lo que la Academia necesita”, concluye.