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“Venezuela se ha convertido en un circo absurdo”

La pianista Gabriela Montero lamenta el silencio de otros artistas de su país

La pianista venezolana Gabriela Montero. Ampliar foto
La pianista venezolana Gabriela Montero.

La partitura de Schubert que reposa sobre el piano compite en atención con la portada de un informe: Detenciones arbitrarias, torturas y otros tratos crueles, humanos y degradantes. La pianista venezolana Gabriela Montero (Caracas, 1970) colgó esta foto en su perfil de Facebook la semana pasada. Maestra de la improvisación al piano, la imagen tiene poco de casual. Para quien un día soñó con ser trabajadora social, las teclas se han convertido en un instrumento con el que transmite un mensaje de lucha que va más allá del sonido de la música clásica.

“He encontrado una misión altruista en la música, la utilizo para llevar mensajes, ablandar corazones, enternecer algunas paredes que, digamos, obstaculizan que se sepa lo que ocurre en Venezuela. No es que me inspire leer 106 páginas de un informe sobre torturas y asesinatos, pero me aportan el ánimo para seguir en esta lucha y ser una voz para aquellos que no la tienen”, explicaba Montero la pasada semana en Madrid, donde participó en el congreso El Ser Creativo.

De hablar pausado pese a la dureza de su mensaje, es imposible que la charla verse solo sobre su faceta como maestra de la improvisación —“algo que los venezolanos llevamos muy dentro”, bromea—. Las referencias a la situación de su país son continuas, se cuelan entre cada referencia a Schubert o a Shostakovich. La quinta sinfonía del compositor ruso es la pieza que Montero le dedicaría al presidente Nicolás Maduro: “Por todos sus elementos, por la ironía que hay en la sinfonía, por los personajes que se entrelazan, porque Venezuela se ha convertido en un circo absurdo”.

—¿Y a su país, qué canción le dedicaría?

—Lágrimas negras.

La composición del cubano Miguel Matamoros refleja el momento que vive Venezuela: “Siempre tuvimos problemas, como toda sociedad, pero no existía el odio, la hostilidad, la división, la polarización de hoy en día. Es cierto que hay cosas del pasado reprochables, con las que no estoy de acuerdo, pero eso no justifica lo que se ha vivido en los últimos 15 años y tampoco que ello se haya utilizado como excusa para violentar a los ciudadanos. La Venezuela que yo recuerdo es una en la que no existían divisiones sociales. Las cosas han cambiado mucho, esa inocencia se rompió”, incide.

Residente en Los Ángeles, Montero, que ha vivido siempre a caballo entre su país, Estados Unidos y Europa, lleva cuatro años sin pisar Venezuela. La última vez que viajó fue con ocasión de un recital que dio en Caracas. Desde entonces no ha regresado. O no ha podido hacerlo. “No sabía que iba a ser la última vez que tocase en Venezuela. Nunca he pasado más de un año, dos si acaso, cuando era estudiante y no tenía recursos, sin regresar a casa”, lamenta.

En aquel concierto del verano de 2010 estuvo acompañada por la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar, referencia en América Latina, punto de encuentro con otros artistas como José Antonio Abreu o Gustavo Dudamel. Emblemas de un país a nivel mundial. Estrellas que, sin embargo, no se han mostrado nunca tan firmes en sus posiciones políticas como Montero. Un aspecto que siempre ha irritado a la pianista: “El silencio también es una posición y habla fuertemente. Cualquier persona que tiene una plataforma pública donde tiene la oportunidad de denunciar la injusticia y las violaciones de los derechos humanos, tiene el deber cívico y moral de utilizar esa voz y no mirar hacia otro lado”, enfatiza la pianista.

Es este el único momento de la charla en el que Montero eleva el tono de voz, sin ser este desmesurado. Lo hace mientras gira la pulsera negra con la bandera de Venezuela que luce en la mano derecha. En ella se lee un lema que el opositor Leopoldo López, encarcelado desde el pasado mes de febrero tras las protestas que causaron decenas de muertos en su país, lleva por bandera: “El que se cansa, pierde”.

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