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No cualquier saber

La exposición ‘Un saber realmente útil’ en el Reina Sofía defiende lo público y combate esa idea de rentabilidad que descarta lo que no es 'práctico'

Fotografía de la serie 'La salle de classe (El aula)', 2000-2002, de Hicham Benohoud. Ampliar foto
Fotografía de la serie 'La salle de classe (El aula)', 2000-2002, de Hicham Benohoud.

Tal vez la propia concepción y elaboración de lo que esta exposición nos ofrece, y a lo que se nos convoca, subraye ya que no estamos simplemente ante una muestra a la que asistir. Frente a planteamientos que, en última instancia, propiciarían formas, más o menos sofisticadas, de sumisión o de docilidad, se proponen la enseñanza y el aprendizaje como procesos activos, para empezar, de la acción educativa, como constitutivas de lo que ha de ser una exposición y un museo. Y no solo.

What, How & for Whom (WHW) es un colectivo promotor y organizador formado en 1999, con sede en Zagreb, por Ivet Curlin, Ana Devic, Nataša Ilic y Sabina Sabolovic, y el diseñador y publicista Dejan Kršic. “¿Qué?”, “¿cómo?” y “¿para quién?”, constituyen el título de su primer proyecto, dedicado a un aniversario del Manifiesto Comunista, y que se convirtió en el lema de su trabajo y en el nombre de su grupo. Consideran que se trata de tres preguntas básicas de toda organización económica, y que son fundamentales para la planificación, concepción y realización de exposiciones, la producción y distribución de obras de arte, y la posición del artista en el mercado laboral. Ello explica hasta qué punto inciden en el sentido y alcance del propio museo y buscan procurar un espacio de debate y de encuentro. Con una verdadera voluntad de promover el pensamiento crítico. Y en esta, como en otras ocasiones, a través del arte.

La muestra que han comisariado en el Reina Sofía, Un saber realmente útil, nos llama a cuestionar un concepto de rentabilidad que estima que hay materias poco prácticas, como la política o la filosofía, mientras otras se justifican en su inmediata aplicabilidad. Y exactamente a diferencia de un denominado, sin más, saber útil. Es cuestión de lograr que, en el espíritu que surgió a comienzos del siglo XIX, prosigamos en la búsqueda colectiva de lo que realmente no sabemos, frente a un conocimiento que parecería buscar neutralizar una verdadera transformación. La propuesta es una indagación que, según señalan, postula “la pedagogía crítica y la educación materialista como elementos cruciales de las luchas colectivas”.

Nos encontramos, por tanto, ante diversas situaciones que reclaman nuestra participación y nuestra reflexión. No se trata de propuestas consabidas, sino de situaciones educativas que se ofrecen como procedimientos y procesos basados en el poder transformador del arte. Y con una explícita voluntad de propiciar la relación entre el artista y el cambio social, mediante piezas capaces de generar acción política. Y con una convicción, la de promover una adecuada consideración de la política y de lo político, precisamente a través de la educación. Hasta el punto de considerar que Un saber realmente útil aboga por su repolitización como condición necesaria de la recuperación de la política. No para legitimar el actual estado de cosas, ni la simple acumulación, sino para atender al modo de operar de las palabras, de las imágenes, del arte, para comprender y transformar. De una u otra forma, la educación no es un mero acopio de conocimientos y en un sentido u otro tiene un alcance y una dimensión política.

Vista de una de las salas de la exposición 'Un saber realmente útil'.
Vista de una de las salas de la exposición 'Un saber realmente útil'.

Compuesta por numerosas elaboraciones, muchas de ellas colectivas, los recursos, las acciones y las experiencias y experimentos públicos de la exposición muestran la importancia de la enseñanza y de la educación para la socialización, a fin de procurar o desarrollar una distinta sociabilidad, no necesariamente convencional. En la búsqueda de nuevas formas de lo político y de nuevas formas de conocimiento se replantea la relación entre la acción y sus consecuencias y otras formas de saber que reconocen nuestra ignorancia poblada de contenidos.

Hay en la propuesta un análisis histórico de diversas experiencias, que en parte habrían quedado diluidas por un interesado concepto de utilidad, y obstaculizado la tarea autorreflexiva y problemática, que en su práctica es imprescindible para una existencia plena. De este modo supone la apertura de una deliberación sobre el sentido mismo del museo y la importancia de la creación y de los creadores en la producción de saberes, precisamente en el contexto de las luchas sociales y de los procesos de los movimientos sociales.

La muestra aboga por la repolitización como condición necesaria de la recuperación de la política. No para legitimar el actual estado de cosas,  sino para comprender y transformar

Con semejante perspectiva, se pone en consideración y en cuestión lo que cabe entender por realmente útil. Pero este asunto no se dilucida simplemente en el laboratorio de una reflexión meramente academicista. La muestra nos convoca y nos acompaña a un itinerario que no se reduce al de una visita a las salas del museo. Si tras realizarla, la misión ha quedado cumplida, el colectivo WHW se sentirá defraudado en sus propuestas. Nos habremos limitado a identificar asistir con asentir. Precisamente la iniciativa del Museo Reina Sofía ya ha concebido esa propuesta conjunta como un diálogo con el equipo que organiza, vela y cuida sus exposiciones y su alcance pedagógico. Y solo tendrá sentido si incorpora a los asistentes como participantes del proceso, que es un proceso de pensamiento crítico, de crítica de ciertos pensamientos establecidos y modelos educativos.

Las acciones y protestas en el espacio público del colectivo activista y feminista Mujeres Públicas, la instalación de Trevor Paglen de la tecnología inútil de un satélite reducido a mera escultura, las referencias pedagógicas de Adelita Husni-Bey para promover la experiencia de autogobierno de los niños, o la revisión por Phil Collins de otras consecuencias formativas de la caída de la República Democrática Alemana, el proyecto de Núria Güell y Levi Orta que presenta lo que supone construir una empresa en un paraíso fiscal, la fuerza del arte realmente popular de la cerámica didáctica de Primitivo Evanán Poma o de los tapices de Hannah Ryggen, las magníficas fotografías en un instituto de Marrakech de Hicham Benohoud, la cartografía crítica de Iconoclasistas o la obra de Emory Douglas sobre las actividades del Partido Pantera Negra, o las publicaciones de la editorial madrileña Traficantes de Sueños, que acompañan la instalación de la obra de Chto Delat —Estudiar, estudiar y actuar nuevamente, 2011—, y tantas diferentes obras y presentaciones plantean la posibilidad de la creación de otros modos de subjetivación, la necesidad de una subjetividad de transformación, que en ciertos casos busca ser revolucionaria. Es una pedagogía también de resistencia en momentos cruciales.

No dejan de mostrarse asimismo los inquietantes efectos históricos de la propaganda, de la política intrusiva, de la manipulación de la mente y de las vidas. Es preciso reivindicar y promover la necesidad de que el pensamiento crítico sea efectivamente pensamiento libre. Solo así la educación no deviene manipulación, sino que se inscribe en la búsqueda del bien común y de la democratización del poder.

Un saber realmente útil. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. Hasta el 9 de febrero de 2015.