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Muere José María Manzanares, un excelso e irregular artista del toreo

El cuerpo del diestro es encontrado en su finca de Cáceres

Fue una figura clave del toreo y era padre del torero José María y del rejoneador Manuel

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José María Manzanares padre (izquierda), junto con José María Manzanares hijo, el día del adiós del primero a las corridas de toros. EFE

Entre las muchas tardes emotivas en la vida de José María Manzanares (Alicante, 1953) —quien ha fallecido esta mañana a los 61 años— quedará siempre en el recuerdo la de su despedida definitiva en la plaza de la Real Maestranza el 1 de mayo de 2006. Alternaba con el rejoneador Pablo Hermoso y Cayetano, que se presentaba como novillero. No estuvo lúcido con su lote, y tras matar al segundo toro se fue hacia el tercio, llamó a su hijo y le pidió que le cortara la coleta entre la incredulidad y la sorpresa general, pues solo había anunciado su adiós a Sevilla, pero no del toreo. Como suele ocurrir en estas ocasiones, la plaza estalló de emoción y le obligó a dar una apoteósica vuelta al ruedo.

Momentos más tarde, cuando Cayetano paseaba la oreja del último de la tarde invitó a Manzanares a que le acompañara en la vuelta al anillo; fue entonces cuando varios matadores que asistían de paisano a la corrida saltaron al ruedo, alzaron en hombros al alicantino y entre el fervor popular lo pasearon por el ruedo sevillano y así lo sacaron por la Puerta del Príncipe en señal de admiración y respeto.

Desde entonces no volvió a vestirse de luces y se limitó a acompañar desde el callejón a su hijo José María Manzanares, una de las figuras más reconocidas de la actualidad. "Destrozado de dolor por la muerte de mi papá... Os doy las gracias por vuestros mensajes y os mando besos", ha escrito en su cuenta de Twitter José María Manzanares hijo.

En la muy larga vida profesional de José María Manzanares hubo de todo, desde triunfos apoteósicos hasta broncas monumentales, peleas con compañeros y periodistas y amores eternos con seguidores acérrimos, épocas de dulzura artística y otras de opacidad torera, toreo de ensueño y petardos gloriosos… Pero, por encima de todo, Manzanares pasará a la historia por ser un virtuoso del toreo al que siempre se le valoró más su capacidad que su empeño, su hondura que su ambición.

Tuvo tiempo de triunfar en todas las ferias, y fue un torero adoptado por la afición sevillana, que añoró que este alicantino no hubiera nacido a la vera del Guadalquivir; no en vano, Manzanares esparció por el ruedo sevillano auténticas pinceladas de toreo verdadero. Tenía maneras de la escuela sevillana, henchido su toreo de elegancia y gracia, templanza y despaciosidad, y se engrandecía en esa plaza con capote y muleta, aunque nunca llegara a alcanzar ese triunfo apoteósico que Sevilla siempre anheló para quien consideraba un torero propio.

José María Dols Abellán había nacido en Alicante el 14 de abril de 1953, hijo del banderillero Pepe Manzanares; la primera vez que se vistió de luces fue en Andújar, en 1969, y un año más tarde, el 24 de mayo de 1970, debutó con picadores en Benidorm. Cortó dos orejas el día de su presentación en Madrid, el 16 de junio de 1971, y se doctoró como matador de toros una semana más tarde en Alicante, con Luis Miguel Dominguín como padrino y El Viti como testigo.

Comenzó entonces una carrera de 35 años como matador de toros en los que saboreó las mieles del triunfo en España y América y algunas amarguras, muchas de ellas a causa de una azarosa vida personal y un carácter escasamente diplomático.

Salió tres veces por la puerta grande de Madrid (1977-78 y 93), lideró varias temporadas el escalafón superior, y durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, fue un torero imprescindible en todas las ferias de España y América.

En julio de 1988 se encerró con seis toros en Ronda en una corrida concurso de ganaderías e indultó al toro Peleón, de la ganadería de Guardiola; dos años más tarde, hizo el paseíllo en solitario en Sevilla con toros de distintos hierros y la tarde no fue brillante. En abril de 2005, acompañó de luces a su hijo en la Maestranza y tampoco les acompañó la suerte.

Participó en diez corridas goyescas de Ronda, el Gobierno le concedió la Medalla de las Bellas Artes en 2006, y, desde entonces, gozaba del favor de la afición y del placer de ver triunfar a su hijo, que ha heredado los genes artísticos de su padre.

Se dice que es uno de los toreros más prolíficos del siglo XX; que participó en más de 1.700 corridas de toros, pues tuvo una participación muy activa durante toda su vida profesional.

En el año 1977 se casó con Yeyes Samper, con la que tuvo cuatro hijos –José María, matador de toros, Manuel, rejoneador, Ana María y Resurrección -, y de la que está divorciado. Se da la circunstancia de que la madre de Manzanares también apareció muerta en su apartamento el mismo año que se casó el torero.

Con su muerte desaparece un gran torero, un artista excelso e irregular, que ha dejado pinceladas del mejor toreo para la historia.

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