Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

José Álvarez Junco: "Queríamos hacer la contrahistoria"

El historiador, jubilado el pasado enero, repasa su trayectoria en una conversación con Santos Juliá en la Fundación Juan March

El historiador José Álvarez Junco.

Catedrático emérito de Historia del Pensamiento y los Movimientos Sociales desde que el pasado enero dejó sus clases en la Complutense de Madrid, José Álvarez Junco repasó ayer su trayectoria vital e intelectual junto al también historiador Santos Juliá en un mano a mano en la Fundación Juan March. Álvarez Junco (Viella, Lleida 1942) recordó su época universitaria, primero como estudiante de Derecho entre 1959 y 1964: “Era una facultad muy conservadora. Aunque algún profesor te decía bajo cuerda que Lorca fue asesinado por el franquismo. Había pocas mujeres y se les decía zafiedades”. Después estudió Políticas, “allí la gente iba más informal, con barbas, y había más mujeres y se empezaba a respirar un cierto antifranquismo”.

Álvarez Junco, premio Nacional de Ensayo en 2002 por la obra Mater dolorosa, habló de los profesores que le sedujeron e influyeron, Luis Díez del Corral y José Antonio Maravall, “que se llamaban a sí mismos liberales pese a su pasado falangista”. A pesar de sus dos licenciaturas, fue en Inglaterra donde descubrió que en España había habido anarquistas gracias al libro El laberinto español, de Gerald Brenan. “Cuando regresé a España tenía claro que quería entender este movimiento y la Guerra Civil”.

En sus comienzos se interesó sobre todo por la clase obrera. “Queríamos hacer la contrahistoria. No hablar de los grandes líderes, pensábamos que el futuro era el socialismo y por eso intentamos en mi generación hacer historia de los movimientos sociales, cómo se movilizaban, sus líderes…”. Interpelado por Santos Juliá en un auditorio a rebosar y con la presencia del escritor Antonio Muñoz Molina y el exministro de Economía Pedro Solbes, Álvarez Junco se explayó sobre una de sus obras más significativas, Lerroux: el emperador del paralelo, “el primer político español al que siguieron las masas, la gente quería ser enterrada con una foto de él. Llegó a ser presidente del Consejo de Ministros durante la Segunda República y me interesaba fundamentalmente saber cómo seducía su retórica”.

Haciendo gala de buen humor, Álvarez Junco habló de cómo al estudiar la figura de Lerroux tuvo que sumergirse en la prensa de la época. “Él llegó a ser director del entonces periódico El País porque era el que se batía en duelo, era un hombretón”. Junco recordó que “entonces, cuando los periódicos se insultaban, luego sus periodistas se batían en duelo y Lerroux ganó seis duelos y por eso ascendió hasta ser director de esa publicación”.

También hubo tiempo para el nacionalismo, que nació a raíz de la Guerra de Independencia contra Francia. “Antes, la identidad de España estaba ligada a la monarquía y al catolicismo. Pero eso no es nacionalismo. El nacionalismo defiende que el territorio es propiedad de sus habitantes. Eso llegó con la Constitución de Cádiz”, señaló el historiador, que publicó el año pasado Las historias de España (Crítica/Marcial Pons, 2013).