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EN PORTADA / ENTREVISTA

“Soy cruel porque la realidad es cruel”

'El libro de mi destino' retrata Irán desde los tiempos del sah hasta la actualidad

Saniee convirtió sus estadísticas en personajes de una novela

Parinoush Saniee posa en la casa de su hija en Heidelberg (Alemania). Ampliar foto
Parinoush Saniee posa en la casa de su hija en Heidelberg (Alemania).

Digamos primero lo que no es esta novela: no es una innovación de estilo, no juega con tiempos ni personajes, no salta hacia la complejidad narrativa ni esperen de ella que inaugure una vanguardia literaria, no. Leer a Parinoush Saniee es como leer una plácida novela británica de hace un siglo —de toda la vida, en fin— sin adornos, sin recargos, sin trucos ni sobresaltos trepidantes, más allá de las magulladuras que te van contagiando los personajes heridos. Que son grandes.

Eso nos lleva a lo que sí es esta novela: es un retrato rotundo y descarnado de un país, y qué país. De la mano de una pequeña que solo aspiraba a estudiar —y a ver otra vez más en el camino al colegio el rostro chispeante del joven Said—, el lector se da de bruces con el Irán de los sahs, de la revolución y de la guerra, y de paso con un mundo adulto donde quien te ama, te puede matar. El libro de mi destino (Salamandra) recorre un universo de orgullos y tradiciones, de guerras y exilios, de rebelión y rendición, de machismo de hombre y de machismo de mujer. Y de supervivencia obligada y dura entre las tragedias de un pueblo que es rico en cultura y en recursos pero, sobre todo, en traumas.

Y hay otra cosa que también es: es el descubrimiento de una autora iraní que, harta de contar realidades en estudios sociológicos que nadie leía, se pasó a la novela. Proceso curioso. Saniee, socióloga y psicóloga de 64 años, obsesa de la estadística y de los perfiles humanos, desarrolló primero su propio estudio, encuesta a encuesta, para construir una base científica sobre la que luego edificar un mundo. Y para demostrar a los censores que todo era real. Después, creó.

El libro de mi destino logró sortear la censura y convertirse en best seller antes de sucumbir de nuevo, bajo Ahmadineyad

Cuando los censores no autorizaron su publicación, les preguntó:

—¿Cuál es el problema? —relata aún con rabia.

—Que provocará que la gente se haga preguntas —respondieron los guías del pueblo, según su reconstrucción.

—Pero está basado en historias reales, no hay nada falso ni equivocado, es resultado de estadísticas —replicó.

—Cierto.

—¿Y entonces qué hay de malo?

—Que es amarga. Demasiado amarga.

—Entonces decidme algo dulce y bueno que haya pasado aquí en los últimos 35 años y lo escribiré.

La conversación terminó ahí.

Y es que aquí hay dos historias: la que cuenta la novela y la del propio libro. Luego volveremos.

Saniee recibe a Babelia en un barrio de clase media alta de Heidelberg, en esta Alemania que ha acogido a sus dos hijos, una informática y un ingeniero electrónico que ponen rostro a las generaciones de jóvenes que huyeron de Irán y que también pinta en su libro. El dúplex blanco, moderno, y el sol radiante nos hacen olvidar el mundo de ahí fuera, donde los adoquinados, los castillos en las colinas cercanas y la universidad más antigua de Alemania conservan aromas de viejas guerras de religión, de filosofía y hasta de un nazismo fuerte que los aliados no castigaron. Heidelberg no fue bombardeada y —paradojas del destino— el general Patton murió por accidente en 1945 aquí.

Pero de esa Alemania aquí dentro solo queda el aire, y en el piso de la hija de Saniee lo que brillan son las frutas, los dulces (de Mars y Cadbury, no de Irán), la cocina americana y las terrazas blancas con las cortinas al viento. Hace calor. Podría ser Barcelona, Santorini o Qom. Territorio de jóvenes inmigrantes con ingresos, sin nostalgias, adaptados.

Se sirven zumos, aguas, cafés. La traductora de persa es otra iraní occidentalizada —todas visten tirantes o manga corta, aquí no hay rastro de chador o hiyab simpática y eficaz, salvo los sustos que nos da en alguno de esos momentos tipo El gran dictador de Charles Chaplin, ¿recuerdan?, cuando Hynkel-Hitler soltaba parrafadas que la mecanógrafa resumía en pocos toques y palabras sueltas que nunca terminaba de teclear. Así ocurre alguna vez en las dos horas y media de conversación, pero la mirada de Saniee, que también entiende inglés, es tranquilizadora. Debemos confiar.

La socióloga y psicóloga iraní Parinoush Saniee. ampliar foto
La socióloga y psicóloga iraní Parinoush Saniee.

PREGUNTA. Parece que se propuso contar la historia de una familia y contó la historia de un país. ¿Qué quería exactamente?

RESPUESTA. Yo no soy escritora sino investigadora, toda la vida he trabajado como socióloga, como psicóloga y como terapeuta familiar, y me di cuenta de que hay una generación de mujeres que no tuvieron oportunidades y que, sin embargo, lo dieron todo, cargaron con demasiadas responsabilidades: mantener a la familia en medio de la revolución, trabajar fuera cuando faltaba el hombre, perder a sus hijos en la guerra o el exilio. Dieron tanto de sí mismas, sacrificaron tanto, que se olvidaron de ellas. Y me sentí obligada. La mayoría se habían casado entre los 14 y 18 años, sin conocer a los maridos elegidos y cuando su corazón estaba en algún otro lugar, en algún chico del camino al colegio.

P. ¿Y por qué la “no escritora” eligió la novela para contarlo?

R. Durante muchos años redacté papeles, estudios, libros que se imprimían pero que no se vendían. Eran investigaciones para el Gobierno y ya sabías que, si las conclusiones eran positivas, se apoyaban. Si eran negativas, se ignoraban. Y estaba harta de escribir sobre estadísticas. Así que lo hice por mí: tenía los datos, se trataba de escribir sobre el desarrollo emocional de todo eso que había estudiado, se trataba de saber qué pasó con las mujeres y se trataba de llegar a la gran audiencia: por eso elegí una novela.

Saniee, empeñada así en reflejar su ciencia en una ficción, comenzó en 2003 sin decir nada a nadie, casi a escondidas, viviendo un secreto que hoy recuerda risueña, hasta que un día su marido, alerta ante tanta actividad en el teclado, la sorprendió. “¡Estás escribiendo una novela!”. Y esa ilusión íntima de creadora de incógnito, aún insegura al abordar una empresa nueva a los 54 años, se contagió.

“Él se convirtió entonces en mi mayor impulsor, fue él quien más luchó contra la censura para lograr la publicación”, recuerda.

El libro de mi destino logró sortear la censura y convertirse en best seller antes de sucumbir de nuevo, bajo Ahmadineyad. Lo cuenta con un nudo en la garganta porque perdió a su marido de forma repentina hace cinco años, pero también con la satisfacción de que él no se ajustaba a la estadística cruel que maneja en su libro: la de los hombres dueños de sus mujeres.

P. Usted juega en su historia con algo terrible: el que te quiere te puede matar. ¿Es la familia en Irán un apoyo o una soga al cuello?

R. En Irán la familia te puede matar con su amor. La familia tradicional iraní es durísima con las niñas. Los hermanos son guardianes de tu dignidad. Ahora ya ha cambiado algo. En Teherán, aparte de la obligación de ir cubiertas, las mujeres tienen más libertad, no hay tanta imposición. Las mujeres son ahora mismo la gran fuerza del futuro de Irán.

Él se convirtió entonces en mi mayor impulsor, fue él quien más luchó contra la censura para lograr la publicación

Saniee recuerda a su marido

P. Pero tener que ir cubiertas no es una cosa menor…

R. No es una cosa menor, no.

Esta vez, respuesta corta, en persa y en inglés. Saniee calla y se le oscurecen los ojos como si la hubieran tapado de repente. No va a omitir respuesta alguna, pero su cautela se mide en la escasa longitud de alguna de ellas. Treinta y cinco años de régimen islámico no le han robado valor, pero cuesta imaginar esa piel morena, el rostro maduro y los ojos maquillados cubiertos con hiyab en Irán, donde vive, tras pasearse libre y descubierta por todos los países a los que ha llegado su libro.

P. ¿Se siente libre?

R. No me siento completamente libre. Cada vez que tengo una entrevista pienso en ello, alguien la está leyendo en Irán.

Y vuelve a callar un largo rato. Su tercer y último libro lleva siete años esperando autorización. Muchos le han recomendado publicarlo fuera, pero ella vive en Irán y quiere publicar allí.

P. Un personaje dice en su libro que no basta con el hiyab: “Si una muchacha es mala, puede hacer mil cosas bajo su chador que mancillen el honor de su padre”. ¿Hay vida debajo del chador?

R. ¡Hay mucha vida debajo del chador! Siempre que ves a una mujer cubierta te debes preguntar: “¿Qué individuo está ahí?”. Esa es la pregunta importante. Un dato: el 67% de las estudiantes de educación superior hoy son mujeres.

P. Su libro recorre el drama de todas las épocas. ¿No hay buenos tiempos en Irán?

R. Hemos vivido tiempos extremadamente difíciles, pero hemos crecido con ello y hacemos lo mejor posible. Por eso tantos jóvenes se van. Los iraníes siempre viajaban, pero regresaban. Ahora el máximo objetivo es dejar el país.

En la novela de Saniee, estudiar es el mayor objetivo de la protagonista, Masumeh. Lucha por ello y va logrando avanzar a duras penas a lo largo de muchos años. Tener hijos, llevar una casa y la propia revolución complican los estudios. Y cuando finalmente puede alcanzar la meta (¡lo siguiente es spoiler, pero no es vital!), ella renuncia.

Parinoush Saniee autora de 'El libro de mi destino'. ampliar foto
Parinoush Saniee autora de 'El libro de mi destino'.

P. ¿Por qué se rinde Masumeh? ¿Se ha rendido Saniee?

R. Quería mostrar que la educación es lo más importante y que muchos han intentado mejorar su vida a través de la educación. Pero, después de la revolución, los que tomaron el poder eran acomplejados sin estudios que lograron de repente títulos sin merecerlo. Masumeh es consciente de ello y por eso pierde el interés. Si esa gente es capaz de conseguir tan fácilmente títulos que a ella le cuestan tantos años, ya no le importa. Por eso renuncia.

P. Su libro es un pulso entre rebelión y rendición. Se rebela la protagonista contra su familia. Se rebela su marido contra el Gobierno. Se rebelan sus hijos. Y, sin embargo, los mismos hijos por los que ella ha luchado (¡segundo y último spoiler!)también la someten al final, al impedirle casarse por amor. ¿Por qué se rinde Masumeh? ¿Y por qué usted ha sido tan cruel?

R. Yo quería un desenlace feliz, pero mi estadística estaba en contra. Así que soy cruel porque la realidad es cruel. Le puedo asegurar que el 70% de las viudas no se casarían en contra de la opinión de sus hijos. Es decepcionante, sí. Es un problema cultural y el libro ha servido para que algunos empiecen a hacerse preguntas. Después de leerlo, hay lectores que me han contado que les ha servido para tomar la decisión correcta.

Saniee es firme y pausada al hablar, pero a ratos se ilumina con entusiasmo, por ejemplo al recordar esta anécdota: un joven estudiante de un pueblo remoto le escribió una carta con el mismo reproche: ¿por qué eligió este final? ¿Por qué la mujer se somete a la voluntad de sus hijos y renuncia a su amor? Ella no suele contestar, pero le gustó el reto y le respondió: “Me alegro de que me apoyes. Eso significa que si tu madre está en esa situación tú también la apoyarás”. Pero esta historia no acabó bien. El joven encontró el teléfono del editor y, enfadado, le hizo llegar el mensaje: “¿Cómo puede atreverse a hablar de mi madre de esta manera?”.

Y Saniee ríe.

P. En su libro todos pueden ser los enemigos, también los hijos.

R. Las madres dan tanto que se pierden a sí mismas. Y los hijos son los enemigos más queridos. Ése es el drama.

P. ¿Y cuál es el mayor enemigo de la mujer en Irán? ¿La familia, la religión?

R. La ley.

P. ¿No hay esperanza en Irán?

R. Digamos que siempre hay que tener fe, porque si no mueres. Pero el cambio será en el futuro y mi generación no lo verá.

Su libro inédito, Los que se fueron y los que se quedaron, aborda el exilio, la marcha de todos esos jóvenes que Irán ha visto partir.

P. ¿Qué se pierde Irán con ellos?

R. Gradualmente nos convertimos en extraños. Los que se fueron han recibido educación, son intelectuales que en Irán no tienen oportunidades. Cuando un día queramos reconstruir el país les necesitaremos porque el poder del intelecto es el mayor capital del país.

P. Como socióloga, ¿cuál es el mayor problema social del país?

R. El conflicto entre la gente y el Gobierno. Hay una desconfianza y la gente siente que no es su Gobierno.

Las madres dan tanto que se pierden a sí mismas. Y  los hijos son los enemigos más queridos. Ése es el drama

P. Después de Ahmadineyad, ¿han mejorado las cosas con el nuevo presidente, Rohani?

R. Comparado con Ahmadineyad, sí. Si alguien se está ahogando y puede asomarse un momento a respirar disfrutará de ese oxígeno aunque luego vuelva a sumergirse. Y la realidad es que los iraníes están deprimidos. Llevamos 35 años así. Cada oportunidad que tengamos de respirar por un momento, la aprovecharemos.

P. ¿Cuál es el modelo en el que se miran los iraníes de hoy? ¿La América con la que rompieron o un nuevo Irán?

R. El gran esfuerzo del Gobierno ha sido el islam como modelo, la religión, pero el modelo de la gente sigue siendo América, Occidente.

P. ¿Es el exilio el que ha favorecido esa imagen de Occidente?

R. No necesitamos que vuelvan los exiliados y nos cuenten lo que han visto para saber. Los iraníes están conectados con Occidente por Internet. No necesitamos que nos lo cuenten.

Saniee vivió la revolución aplastada de 2009 en su país “asustada”. La de Egipto, un año después, le recordó la de Irán de 1979 y pensó: “¿Cómo no han aprendido nada de nosotros?”.

P. Masumeh no quiere que sus hijos se involucren en la lucha política. ¿Y usted, cree en la lucha política?

R. No hay madre que quiera ver a sus hijos en peligro.

P. ¿Y cree en ella?

R. Estoy en una edad de cansancio de la lucha política. Creo en la negociación pacífica y en el compromiso.

Y cree en la novela. Cuando investigar no basta y a pesar de los censores, tiene razones para seguir creyendo.

El libro de mi destino. Parinoush Saniee. Traducción del inglés de Gemma Rovira Ortega. Salamandra. Barcelona, 2014. 444 páginas. 20 euros.

 

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