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Cuarenta años de viaje alrededor del toro

El fotógrafo Ramón Zabalza elabora "un ensayo visual" con imágenes sobre festejos populares

Suelta del toro en un festejo en Coria (Cáceres) en 1981. Ver fotogalería
Suelta del toro en un festejo en Coria (Cáceres) en 1981.

"La cultura taurina no encarna el mal, ni los antitaurinos son el bien". A pesar de esta declaración, el fotógrafo Ramón Zabalza no tiene deseos de polemizar, no quiere "glorificar ni demonizar" la tauromaquia. Él es consciente de que su libro Bos Taurus, que reúne casi cuatro décadas de imágenes de festejos en España que rodean a este animal, puede servir de argumento tanto a los aficionados como a los que se oponen a las corridas y a esas liturgias populares que, sobre todo en verano, tienen al toro como objetivo.

Ahí están, por ejemplo, el uso de perros para manejar el ganado bravo, como atestigua una foto en Madrid de 1984; una imagen de un espectáculo en el que se simula la lidia de un caballo amaestrado que acaba tumbado, pero no muerto, en Alcalá la Real (Jaén), en 1985; o el célebre bombero torero, charlotadas hoy casi residuales, como las que retrata una instantánea de la localidad zamorana de Villanueva del Campo (1981). Son solo tres pinceladas del centenar de fotos en blanco y negro de Bos Taurus, publicado por Ediciones Asimétricas. “Yo estuve en esos lugares, pero entonces no había ni fotógrafos, solo sol y moscas. Desde que empecé a fotografiar, mi obsesión era entender por qué ocurría todo eso. No me atraía lo que sucedía en las plazas, sino lo que había alrededor del toro".

El autor admira a los que en los festejos "muestran coraje, sobre todo cuando salvan a otro"

En el último año y medio, Zabalza ha sufrido "el dolor" de tener que seleccionar entre sus miles de fotos ­—"¿10.000? ¡No!, muchas más"— las que finalmente integran esta "antropología visual de los mundos del toro". Bos Taurus no es un libro de fotos sobre el animal que más debates suscita en España (las corridas están prohibidas en Cataluña pero en la Comunidad de Madrid son Bien de Interés Cultural), sino "una invitación a reflexionar sobre lo taurino". Por eso muchas imágenes están acompañadas de textos, informativos y asépticos, en unas ocasiones; otras veces son las vivencias del autor y van en cursiva. "El resultado es un ensayo visual y conceptual sobre lo más popular de estas fiestas. Solo con las fotos no se entendería mi trabajo ni la riqueza de la tauromaquia".

Zabalza nació el 8 de enero de 1938 en Barcelona, "bajo las bombas fascistas; ese día hubo tres incursiones aéreas sobre la ciudad". Licenciado en Derecho, ha sido profesor de Antropología en la Universidad Complutense de Madrid y desde 1973 se dedicó a la fotografía. Su obra se ha expuesto en España, Nueva York, Los Ángeles, París, Londres Pekín, Tokio...

"A los antitaurinos les digo que hay cosas más graves en la sociedad española que requieren nuestra atención"

Desde aquellos años del tardofranquismo en que empezó con la cámara hasta hoy "ha habido muchísima evolución en los toros". "Son los cambios de las tres emes. Masificación, porque acude más gente a los espectáculos; medicalización, por la gran seguridad médica que hay para las personas si les ocurre algo; y mediatización, por el enorme seguimiento en los medios de comunicación". A esas tres emes añade luego, mientras hilvana unas ideas con otras, una cuarta: miedo. "Ahora existe un gran temor de los organizadores de estos eventos a que le suceda una desgracia a alguien, porque tienen mala conciencia".

Estampa de un 'victorino' en el embarque en Moraleja (Cáceres), en 1978. ver fotogalería
Estampa de un 'victorino' en el embarque en Moraleja (Cáceres), en 1978.

El autor es consciente de que en su libro "hay fotos durísimas", como la de una peña taurina de Fuenteguinaldo (Salamanca) que tiene atado al animal con una cuerda por el cuello mientras uno de sus componentes, cuchillos en mano, se prepara para matarlo y comérselo todos después; o la de las fiestas de San Juan de Coria (Cáceres), en la que un escopetero dispara al toro con una bala para matar elefantes. "Son en su mayoría imágenes del pasado, de algo que ya no pasa. En cualquier caso, yo no soy un moralista, solo observo. No estoy ni a favor ni en contra de las corridas". Zabalza sí se pronuncia contra "los que hacen el salvaje en las fiestas, no me gusta la crueldad innecesaria". Tampoco le gustan los antitaurinos: "Les digo que hay cosas más graves en la sociedad española que requieren nuestra atención pero, ojo, esto que digo no es un pretexto para justificar nada". La otra amenaza para las corridas viene desde dentro. "La pérdida de esencias por la codicia y el fraude de los que están arriba, toreros, ganaderos y adjudicatarios de las plazas. Pero solo rechistan cuatro. Esto ya lo denunció hace mucho Joaquín Vidal [crítico taurino de EL PAÍS fallecido en 2002] y nadie le ha hecho caso".

En cambio, este hombre menudo, de barba y pelo blanco, siente admiración por los que en los festejos de los pueblos "muestran coraje, valentía, sobre todo cuando salvan a otro de un peligro". "Son situaciones en las que rozas el hospital… o el cementerio". Zabalza reconoce que él mismo se ha "jugado el pellejo" a veces para sacar una foto. No solo porque el animal le pasara rozando, sino también cuando sintió el aliento de los mozos del pueblo. Fue en Arcos de la Frontera (Cádiz) en 1979, en el llamado Toro de Júbilo. Alguien roció el rabo del animal con gasolina y le prendió fuego. "Le arrojaron agua en seguida y le apuntillaron. Entonces me convertí en el centro de atención. Los jóvenes querían saber si había tomado fotos de aquello. Se cernía una tormenta sobre mí cuando alguien con acento gaditano gritó: '¡No la’ja hecho’!, ¡No la’ja hecho". Gracias a aquel espontáneo, del que después se enteró que se apellidaba Amarillo (color de mal fario para tantos toreros), salvó Zabalza unas imágenes exclusivas y probablemente se salvó de algún cogotazo.

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