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CRÍTICA | Bajo la misma estrella

Cáncer de lágrimas

'Bajo la misma estrella' no está mal para el que demande un río de lágrimas. Los demás, huyan.

Shailene Woodley y Ansel Elgort, en la película. pulsa en la foto
Shailene Woodley y Ansel Elgort, en la película.

Están las películas para llorar y luego está la de la chica con cáncer en los pulmones que vive agarrada a una mochila con una bombona de oxígeno, que se enamora de un chico que tuvo cáncer y al que le cortaron una pierna, amigo de otro joven con glaucoma que puede quedarse ciego. Esa película es Bajo la misma estrella, basada en un best seller de John Greene, y, sorpresa, no está nada mal por un triple motivo. Por la solidez interpretativa de Shailene Woodley, un prodigio en el plano corto, en la contención, la simpatía y los matices. Por la delicadeza de Josh Boone, el autor de Un invierno en la playa, que nunca hurga en la herida. Y por un texto original con unas cuantas frases que calan por su sencilla contundencia: “Lo único peor de estar muriéndose de cáncer es tener una hija muriéndose de cáncer”; “La depresión no es un efecto colateral del cáncer; es un efecto colateral de estar muriéndose”. De modo que la consecuencia es la (i)nevitable: un río de lágrimas, para el que las demande. Los demás, huyan

BAJO LA MISMA ESTRELLA

Dirección: Josh Boone.

Intérpretes: S. Woodley, A. Elgort.

Género: drama. EE UU, 2014.

Duración: 122 minutos.

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