Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL RINCÓN

Mariela Sancari y la memoria de su padre

Mariela Sancari acaba de ser galardonada con el Premio Descubrimientos PhotoEspaña 2014

Mariela Sancari en su casa en México DF.
Mariela Sancari en su casa en México DF.

La mirada de la fotógrafa Mariela Sancari (Buenos Aires, 1976) es azul clara, la de su padre, que se suicidó cuando ella tenía 14 años, gris. Cuando empezó el trabajo de la serie Moisés, un proyecto en el que la joven busca la figura paterna a través del retrato de hombres que hoy tendrían su edad, decidió que el tono de ojos sería la única característica que delimitaría la participación de extraños. “Pegué carteles por todo Buenos Aires con su imagen, la leyenda ‘se busca’ y una extensa lista de características: cabello castaño, bigote, alto, delgado… pero me di cuenta de que es imposible saber cómo hubiera envejecido mi padre, así que finalmente me quedé con la mirada, que es algo que está relacionado también con la fotografía, la imagen y lo único que no habría cambiado de seguir vivo”. Durante los tres meses que desarrolló el trabajo en el barrio de su infancia de la capital bonaerense, Sancari se enfrentó a un sinfín de fantasmas. “Monté un estudio en la plaza a la que mi padre me llevaba a jugar todos los días y cada mañana pedía que lloviese para no tener que enfrentarme al proyecto, quería dejarlo continuamente”.

Sancari acabó “devastada” y regresó al DF -donde vive desde el año 1997- con la impresión de que ni una sola de las instantáneas servía. “Tuve los archivos en el disco duro sin abrir durante meses, necesitaba tomar distancia”. En la actualidad, la artista ha sido galardonada con el Premio Descubrimientos PHE 014, del certamen Photo España. En el salón de su casa, que es también su estudio, no hay cortinas y la luz es el elemento protagonista. “No tengo ninguna foto mía aquí”, dice sentada en el sofá que hace las veces de mesa de trabajo.

No es la primera vez que Mariela Sancari aborda la ausencia del padre en su obra, un conjunto de trabajos vinculados con la identidad y la memoria. “Es más elegante asociar el duelo a mi proceso creativo que tratarlo solo en terapias”. La autora concibe Moisés como una segunda parte del último proyecto, El Caballo de dos Cabezas, en el que participa su hermana gemela. La fotógrafa explica que el no haber podido ver el cuerpo de su padre al morir las llevó a ambas a creer que él podría regresar en cualquier momento. “Es una fantasía recurrente también en hijos de desaparecidos de la dictadura argentina”, reflexiona.

A su espalda, contra la pared, los objetos de la estantería mezclan fragmentos de su vida: manuales y catálogos de fotografía, el retrato de sus abuelos, muñecos que sirvieron de modelo en una serie anterior, un equipo de música o una edición antigua de la novela Mujercitas. “Aunque el trabajo tiene mucho de catarsis, el duelo no se cierra”, concluye, “pero en este momento no siento la necesidad de contar nada más sobre esa parte de mi vida”.