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Secundino Hernández a presión

Favorito de coleccionistas internacionales, el pintor regresa a Madrid e irrumpe en Londres con una muestra en Victoria Miro, en la que cambia los pinceles por máquinas

El pintor madrileño Secundino Álvarez
El pintor madrileño Secundino Álvarez

En unos tiempos en los que son raros los artistas que no abogan por la mezcla de disciplinas y soportes, sorprende ver que alguno de ellos, contra viento y marea, se confiesa devoto de una única forma de expresión. Secundino Hernández (Madrid, 1975) tiene en la pintura su forma de creación indiscutible e innegociable. Pintor es lo que siempre ha querido ser, y como tal ha conseguido hacerse un importante hueco en el panorama artístico internacional.

Residente en Berlín desde hace cinco años, Hernández ha conseguido juntar una cartera de coleccionistas internacionales nada fácil de lograr. Sus numerosas exposiciones en Alemania, Austria, Bélgica o España han sido seguidas con expectación por críticos y comisarios de todo el mundo. El punto de inflexión se produjo durante la edición de Arco de 2013 a propósito de un cuadro descomunal (3,10 metros por 5,50 metros) que su galerista, Heinrich Ehrhardt, expuso con cierta reticencia. Pero las dudas se disiparon cuando los míticos coleccionistas norteamericanos Don y Mera Rubell adquirieron no solo esta pieza monumental, sino todas las obras de Secundino Hernández que encontraron en la feria. “Fue importante porque son personas que crean tendencia en el mundo del coleccionismo”, explica el artista. “Al final son muy pocos los que tienen esa capacidad y es gente que no compra para revender en el mercado secundario, sino para enriquecer sus colecciones. Lo bueno es que crean red. No sé si todo esto es bueno o malo para el arte, pero tengo que aprender a convivir con ello”.

Aquellas eran obras en las que la pintura desbordaba la tela y parecían salidas directamente desde los tubos de color. Pero el juego sutil del uso de los colores y la cuidada composición tamizaban el sentimiento casi salvaje con el que parecían estar hechas.

Los coleccionistas norteamericanos Don y Mera Rubell adquirieron 

todas las obras suyas que

encontraron en Arco 2013

Desde entonces, el artista no ha parado de trabajar y exponer. El único mercado que hasta ahora se le resistía era el anglosajón, un reto al que se enfrenta en la exposición que hasta el 1 de agosto se puede ver en la galería Victoria Miro de Londres, uno de los espacios más ansiados por los artistas, por su prestigio y presencia en las ferias y bienales más importantes de todo el mundo. Antes de que las puertas se abrieran al público, los 25 lienzos de gran formato de la exposición ya habían sido adquiridos por los coleccionistas.

En vísperas de que los cuadros emprendieran su viaje hacia Londres, Secundino Hernández mostró en su taller de Coslada las pinturas elegidas. Son parecidas, pero diferentes a lo que hasta ahora había expuesto. Los formatos siguen siendo grandes y el juego visual está en el color, pero las obras ya no son tan matéricas. Todo es más liviano. En algunos cuadros ha introducido colores iridiscentes que hacen que la percepción varíe según la ubicación del espectador. En otros ha trabajado tanto el lienzo que la pintura casi ha desaparecido. “No hay ninguna ruptura. Es una evolución respecto a lo que he hecho siempre: pintar-despintar-volver a pintar. Una vez que había terminado de volcar el color en la tela, he utilizado máquinas a presión para lavar los cuadros, puede decirse que he cambiado los pinceles por las máquinas a presión”.

El repinte es tan fuerte que en algunas áreas de los cuadros ha desaparecido totalmente la pintura original y el lienzo es casi transparente.

¿No tiene miedo a presentarse con una versión de sí mismo tan rompedora? “No. Yo entiendo la pintura como riesgo. Me aburre hacer siempre lo mismo. Avanzar es hacer cosas nuevas. Lo fácil sería acomodarme, pero mi carácter no es así”.

Exponer en Londres es muy importante para este artista, uno de los poquísimos españoles introducidos en el mercado anglosajón. “Tengo coleccionistas ingleses y había tenido ofertas de algunas galerías, pero quería llegar a una de las grandes, como es el caso. Londres es importante porque aquí está el centro de actividad artística más vivo de Europa. Este mismo año he expuesto en Italia, Finlandia y Alemania, pero desde Londres se abren nuevas perspectivas”.

Nueva York puede ser el próximo objetivo, pero no le urge. “Esta galería lleva a sus artistas a todos los eventos más importantes del planeta, de manera que voy a estar en todos los puntos de interés”, dice.

Los formatos siguen siendo grandes, pero ha introducido colores iridiscentes que hacen que la percepción varíe

De lo que no le gusta hablar a este artista es de precios. Sabe que son altos, pero no se vuelve loco por ello. Lo que no quiere es que el mercado secundario desbarate los precios de su obra. “Me disgustaría ver subastas en las que un cuadro mío multiplicase su precio por tres. No podría impedirlo, pero no me gustaría. Distorsiona el mercado y no en beneficio del arte o de los artistas precisamente”.

Cuando se le pregunta sobre lo que la vida en Berlín le ha aportado como artista, responde que un cambio de visión del mundo, además de soltura para pintar lo que quería. “Allí todo es más grande y la importancia de las cosas se relativiza. Es muy bueno encontrarte con artistas alemanes y de otras partes del mundo. Me ha ayudado mucho a crecer en todos los sentidos. Existe el peligro de hacer una vida cerrada, entre coleguitas españoles. Y no es eso. Hay que ayudarse, pero te tienes que dedicar a lo tuyo. En Berlín todo ocurre de manera natural, sin forzar nada. Han sido cinco buenos años”.

Pero en todo este tiempo le han sucedido muchas cosas. Su obra ha volado y ha sido padre. Cree que es la hora de volver a Madrid, aunque no cerrará su estudio en Charlottenburg. “Todo periodo se agota y tiene un final. Aconsejo a los jóvenes artistas que salgan y vean lo que hay fuera. Lo local te puede asfixiar y nada mejor que ver caras y situaciones nuevas para estimular tu cabeza. Puede ser duro a veces, pero vale la pena”, explica.

La agenda de exposiciones de Secundino Hernández está llena para los próximos meses. Después de Art Basel, donde su galerista austriaca, Krinzinger, vendió toda su obra, Secundino Hernández posó para Mario Testino en su estudio de Coslada. El 18 de septiembre expondrá en la Maison Louis Carré y después, en Berlín, se podrá ver su versión del Apostolado de El Greco. “No quiero pensar en organizar más cosas. Solo sueño con pasar el verano con mi mujer y mi hija”.