OBITUARIO

Armando Peraza, percusionista cubanoestadounidense

Sus tambores acompañaron durante 20 años a Carlos Santana

Armando Peraza, durante una actuación en Hamburgo en 1984 / HEINRICH KLAFFS

Sus bongós y congas se escucharon durante veinte años en los conciertos de Carlos Santana. Y suenan en discos como Caravanserai, Welcome o Blues for Salvador. Otro percusionista, José Chepito Areas, le presentó al guitarrista a principios de los años setenta. Aunque, según su viuda, Josephine Peraza, Armando ya conocía al padre de Carlos, un músico de mariachi de San Francisco.

Armando Peraza, que falleció en la ciudad californiana el lunes pasado a consecuencia de una neumonía, puso sus conocimientos percusivos al servicio de músicos de jazz como los pianistas Dave Brubeck y George Shearing —el inglés ciego al que los latinos de Nueva York llamaban Jorge— o el vibrafonista Cal Tjader. Tocó con Dizzy Gillespie y Randy Weston, con Frank Zappa y Jaco Pastorius, con las orquestas de Machito y Pérez Prado y con John Santos y su Machete Ensemble. La lista de sus aportaciones al pop incluye a Linda Ronstadt y su premiado disco Frenesí.

Peraza, nacido en La Habana, tenía oficialmente 89 años, aunque confesaba no saberlo a ciencia cierta. Había llegado a Estados Unidos en 1949, vía México, y para que le dejaran entrar se inventó una fecha de nacimiento. En Nueva York le ofreció trabajo el cantante, guitarrista y pianista Slim Gaillard, con cuya banda recorrió locales nocturnos de costa a costa y viajó por primera vez a la ciudad que acabaría por convertirse en su hogar: San Francisco.

Perdió a sus padres siendo niño. Con doce años dormía en la calle y vendía frutas y legumbres para sobrevivir. Jugaba al béisbol —la pelota, como se conoce en Cuba a ese deporte— y José Arteaga escribe en su libro Oye cómo va que creció lanzando strikes e impidiendo innings en los Diamantes de su ciudad natal. En la entrada del Diccionario de Jazz Latino correspondiente a Armando Peraza se asegura que fue el único pelotero que dejó el deporte por la percusión.

Su primer empleo como músico lo consiguió en el Conjunto Kubavana. Seis dólares le habría costado la conga con la que comenzó a trabajar. Tocaba para los bailarines de Pablito y Lilon, The Black Diamonds, junto a un amigo de infancia, el también percusionista Mongo Santamaría. Cuando los dos volvieron a encontrarse en Estados Unidos, siguiendo la senda afrocubana abierta en el jazz por su legendario compatriota Chano Pozo, Peraza participó en la sesión en la que Santamaría grabó por primera vez Afro Blue.

Fue Cal Tjader quien le ofreció en 1968 la oportunidad de firmar su primer disco como solista: Wild thing, en el que está acompañado por el pianista Chick Corea, el flautista Johnny Pacheco y el saxofonista Sadao Watanabe. Autodidacta, y gran improvisador, era un espectáculo verle tocar, con sus manos moviéndose a una velocidad asombrosa.

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