Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
OPINIÓN

Paco de Lucía, nuestro último tótem

Llegó siendo un niño a la vanguardia y se ha ido en vanguardia. En el flamenco existe un antes y después del guitarrista

Paco de Lucía, durante un concierto en Fuengirola en 2010.
Paco de Lucía, durante un concierto en Fuengirola en 2010. reuters

Llegó siendo un niño a la vanguardia y se nos ha ido en vanguardia. Jamás se conoció en el flamenco un caso semejante, y pocos en la historia del arte. Apenas hace un mes nos había dicho adiós su mentor Félix Grande. Porque, recuérdese, un talento descomunal como el de Paco de Lucía, necesitó en España de voces entregadas a la causa para que los oídos patrios se enterasen de lo que es bueno, cuando ya el mundo lo sabía. Adolescente se fue a hacer camino por el globo y desde entonces fue ciudadano universal y patrimonio de la humanidad.

En el flamenco existe un antes y un después de Paco de Lucía. Es más, existen varios antes y después, porque el genio algecireño le ha dado varias vueltas de tuerca al género. Él tomó una guitarra salerosa pero musicalmente escueta, y la vistió de armonía. Se inspiró en los acordes de la bossa nova para esta primera revolución, que en Fuente y caudal (1973) alcanza su cresta y le acarrea la fama que siempre le agobió.

Inventaba entonces el hit flamenco con la rumba Entre dos aguas. Todos van a su estela. Para llegar a este plazo el infante Paquito había aprendido a tañer siguiendo la escuela del Niño Ricardo, máximo representante de la guitarra flamenca en España, pero en Nueva York conoce a Sabicas, el rey del flamenco planetario, y descubre, como Colón, un nuevo mundo de insólito virtuosismo que hace suyo y lleva a un más allá. Viajando dará con demás conceptos musicales que sabrá incorporar a su lenguaje, haciéndolo más rico pero sin perder nunca su acento andaluz o la idiosincrasia jonda. Es ahora el tiempo del jazz, del Chiquito Corea o McLaughlin, de la formación de su Sextet —guitarras, cante, bajo, vientos, percusión y baile— y del descubrimiento en Perú del cajón.

Acababa de rubricar un disco dedicado a la copla, otra de sus pasiones

Todos a la zaga conforman grupos alternativos y marchan a compás del cajón. Reinventará después, con soniquete estratosférico, el toque por alegrías, por tangos, por tanguillos o por bulerías, en Siroco (1987), y ya nadie tocará a la pretérita manera. Mientras, le cedió su aire flamenco a la música de Manuel de Falla, e interpretará íntegra la partitura del Concierto de Aranjuez; quiero decir, nota a nota, sin saltarse ninguna como es habitual.

Cantaor frustrado que era, tal vez lo más entrañable de su carrera va unido a la de su hermano Camarón. Los dos gaditanos sagitarios coronaron unidos de la mano el pico más alto de la belleza y la perfección flamencas, trayéndose a su terreno un sin fin de admiradores de toda condición y pletóricos de juventud. Como concertista supo Paco lograr para la sonanta, el espacio y la categoría merecidas y, por vez primera, tras su imagen, nació una generación que quiso ser guitarrista antes que cantaor.

Acababa de rubricar un disco a la copla dedicado, otra de sus pasiones confesadas. Es su último regalo, que están envolviendo. Él era nuestro último tótem.

Con todo, les confesaré una cosa: No me lo puedo creer. Todos estamos igual.

 

Más información