Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
café perec

Al contrario

No soporto más de cinco minutos de una película de Godard y sin embargo me gusta mucho su obra; me atrae, me fascina cuando la observo en un plano general; no es un conjunto constituido solo por filmes (por cierto, ha rodado más de 200), sino también por una especie de incansable adéndumde entrevistas y conversaciones en el que se percibe una notable afición al diálogo socrático y una maniática tendencia a discutirlo todo; incluidos, por supuesto, los resultados de su trabajo como cineasta.

Resulta estimulante ver cómo somete su obra a una constante revisión crítica y a numerosos principios de incertidumbre y cómo le lleva la contraria a toda idea establecida. Una vez, le espié en un café de París y vi que, en cuanto sus amigos daban algo por seguro, él intervenía para ponerlo de nuevo todo patas arriba.

—Al contrario.

Esta era su forma preferida de interrumpirles, de combatir cualquier idea de tierra firme.

Yo sé que Godard, llevado precisamente por esa tendencia a refutar lo último que ha oído (aunque eso último lo acabe de decir él mismo), termina siempre poniendo en tela de juicio sus propias películas, también su último acierto o error… Un tipo realmente infatigable, siempre en combate. Gracias a su afán de diálogo, su producción tan discutida —para empezar, discutida a fondo por él mismo— ha ido convirtiéndose, con la ayuda de su peculiar adéndum, en una síntesis en miniatura de la gran confluencia de dudas que es la historia general de la creación artística.

Él encarna esa agónica síntesis, y yo desde luego prefiero sus descensos al abismo que la tendencia de algunas glorias patrias a subirse, cual doñas Perfectas, al primer pedestal sólido que encuentran.

“Pensar, crear, es un acto de resistencia” (Godard).

Su incansable apéndice de conversaciones, de teorías a mansalva y de entrevistas puede ser consultado, de la mano de Núria Aidelman y Gonzalo de Lucas, en Jean-Luc Godard. Pensar entre imágenes (Intermedio). Ayer mismo, ojeando el libro, vi claro que si bien no me gusta su cine, jamás podré olvidar el baile de Anna Karina en Bande à Part, la escena de la guerra y las postales en Les carabiniers, la portentosa desorientación de Brigitte Bardot en Le mepris…

No hace mucho traté de darle otra oportunidad al DVD de Le mepris, pero vi unas pocas escenas y me fui corriendo a dormir. Acabé soñando con Bardot desorientada por las calles erráticas de una intriga que no ha quedado nada anticuada… ¡Al contrario! La trama narra cómo Fritz Lang filma La odisea de Homero y cómo el productor Prokosch, que menosprecia sus filmes de autor, le pide a un escritor mediocre que reforme el guion...

¿No es exactamente lo que vemos todos los días? La industria y los productores hundiendo cualquier conato de gran arte.

“Es el fin, casi no se puede crear” (Godard).

—Usted parece muy despegado del mundo —le dijeron el otro día.

—¡Al contrario! ¡Al contrario! Me siento muy apegado a la vida. En relación a esto, el otro día Anne-Marie me dijo que si me sobrevivía haría escribir en mi tumba: “Al contrario...”.