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Una voz para los poemas de Saramago

La cantaora sevillana Esperanza Fernández dedica su último disco a la parte más desconocida del escritor portugués

Una voz para los poemas de Saramago

En el primer viaje que hizo Esperanza Fernández con toda su familia de músicos flamencos acabó sentada a la mesa con Indira Gandhi: “Nos puso gloria de comer en su palacio”, recuerda la cantaora. Entonces ella era aún una adolecente que había salido del barrio de Triana y aterrizaba con todos los suyos en la ciudad india de Chandigarh en busca de sus raíces gitanas. Y, aunque llevaba bailando desde niña, fue su padre, el también cantaor Curro Fernández, quien le dijo que lo suyo no era el baile, sino el cante. Hoy esta mujer de astutos ojos negros y melena ondulada larga que, siguiendo los consejos de quien la engendró --“Se tu misma, defiende lo que tú eres y lo que es tu cante, pero sé siempre persona antes que artista”--, no tiene pelos en la lengua para presumir de su arte. A sus 47 años es una de las voces más versátiles del panorama flamenco y está en plena gira cantando poemas del escritor José Saramago con Mi voz en tu palabra, su último disco. El 28 de enero en el teatro Lope de Vega de Sevilla y en marzo de nuevo en la capital, en el Auditorio Nacional.

Realmente, quien le dio “la alternativa” --como ella dice para referirse a su salto más definitivo-- fue Enrique Morente: “Sucedió en el Teatro de la Maestranza de Sevilla”, cuenta. “Él tenía que cantar el último tema pa terminar y dijo: “Este espectáculo lo va a cerrar Esperanza Fernández, porque lo merece y necesita ser escuchada”. Corría el año 1995 y la generosidad del difunto cantaor fue la puerta por la que Fernández entró en la dimensión de las grandes.

También su última historia se origina en el teatro sevillano. Después de recorrer el mundo de punta a punta con su Pandilla gitana –grupo con el que debutó en los setenta—y más tarde cantando por todos los palos flamencos y fusionado su voz con el jazz, la cantaora se plantó un buen día de enero de 2011 en el emblemático coliseo hispalense para ver un documental sobre el escritor portugués titulado “José y Pilar” animada por un amigo común de ambos, Manolo Cortés. No conoció a Saramago en vida pero al salir de la proyección lo vio claro: “Comencé un trabajo de investigación, busque sus poemas con la ayuda de su mujer [Pilar del Río], sin ella no habría sido posible este disco: me dio los derechos de la obra para que pudiera cantar su poesía en manera flamenca”.

Así nacía este último proyecto, en el que canta –por bulerías, por tango o por soleá-- la obra más desconocida del escritor portugués, y que es su tercer disco en una carrera de 30 años: “No me ha hecho falta grabar. No he parado de trabajar y la gente me ha escuchado igual”, suelta –en una entrevista tras otra --sin disimular su orgullo. Esperanza Fernández se ha ganado un sitio entre las grandes voces flamencas a base de pisar escenarios de España a Japón. Sola y acompañada o acompañando a los más grandes, de Camarón de la Isla a Paco de Lucía. El maestro la llamó a su casa una tarde, “ya con la copita echá”, y le dijo: “Hola soy Paco de Lucía”. Y ella, incrédula, le respondió al instante: “Y yo la Niña de los Peines”. Después formó parte de los coros de esa obra referencial del flamenco titulada Potro de rabia y miel. Esperanza es, además de dispuesta –se ve a la legua que controla todo--, una de esas gitanas todoterreno. Lo lleva “to palante”, también familia, amigos y da la impresión de que, si se tercia, también enemigos. Ya lo dijo –según cuenta ella misma-- Camarón cuando la escuchó: “Nos vamos a enterar de quién es esta niña muy pronto”.