Bogotá se mueve

Durante quince días la capital colombiana ha vivido su momento anual de danza

Roger Bernat y Sharon Fridman fueron la aportación española a este encuentro, que clausura hoy

La compañía surafricana 'Moving into dance mophatong' fue una de las más destacadas en el Festival de Bogotá con su espectáculo 'Beauty remained for just a moment then returned gently to her starting position'.

Son adictos al baile los bogotanos. En esta enorme ciudad de tráfico infernal y gente encantadora hay ritmo por todas partes. La velocidad trepidante que se vive en sus calles desde primeras horas de la mañana, partiendo del centro hasta la exclusiva zona norte, ofrece una macro coreografía espontánea que se transforma en rumba cada noche en discotecas y garitos donde las caderas se contonean y los brazos se agitan libres hasta un nuevo amanecer. No obstante, sigue siendo un enigma porqué hay tan poco interés por ver bailar en una urbe como ésta, en la que se habla de literatura, los museos son muy concurridos y la Orquesta Filarmónica llena salas, una ciudad que tiene un Festival Iberoamericano de Teatro bienal que es un fenómeno de asistencia. Desde la Gerencia de Danza del Instituto Distrital de Las Artes (Idartes), Lina Gaviria, que fue emblemática bailarina de L’Explose, compañía que dirige el asturiano Tino Fernández y quizá sea la agrupación de danza contemporánea más internacional de Colombia (estuvo recientemente en el Festival Madrid en Danza), reflexiona constantemente sobre el curioso asunto de la motivación ciudadana hacia la danza y desde este año materializa sus inquietudes como directora del Festival Danza en la Ciudad, un evento con seis años de andadura que con el lema Bogotá en movimiento, cierra hoy (sábado 30) su sexta edición con una milonga de tangos que va desde la cinco de la tarde hasta la madrugada. Es el cierre festivo de una edición que durante los últimos quince días ha ofertado una agenda apretada de representaciones en distintos teatros de la ciudad.

Con entrada gratuita a casi todos los eventos, el Festival lucha por maquillarse y llamar la atención ciudadana a pesar de la inexplicable indiferencia de la prensa local. Lo va logrando. El cartel de este año consiguió momentos climáticos con su oferta coherente y atractiva, en la que dos colectivos españoles brillaron con luz propia. Fascinó el catalán Roger Bernat con su participativa versión de La consagración de la primavera, en la que los espectadores, armados de cascos por los que reciben instrucciones, bailan la célebre versión de Pina Bausch. Y mucho se habló del israelí anclado en Madrid Sharon Fridman, que sorprendió con su huracanado dueto Al menos dos caras y enamoró al colectivo de la incipiente danza local con un abarrotado taller de improvisación del que se estuvo hablando durante días. La noche irreverente vino desde Sudáfrica con la siempre polémica Robyn Orlin, que invadió con coloridos trajes hechos de basura el enorme Teatro Julio Mario Santo Domingo en su agresiva propuesta Beauty Remained For Just a Moment Then Returned Gently to her Starting Position, al tiempo que Anton Lachky, de Les Slovaks, trajo el humor en su creación Mind the Gap. El Ballet de Seúl, los cubanos de Danzabierta y varias agrupaciones folclóricas de danza terminaron de dar forma a la oferta internacional del evento.

Fascinó el catalán Roger Bernat con su participativa versión de La consagración de la primavera, en la que los espectadores, armados de cascos por los que reciben instrucciones, bailan la célebre versión de Pina Bausch

Imagen de la pieza de Roger Bernat inspirada en 'La consagración de la primavera'. / Juan Santa Cruz

Por otro lado, Lina Gaviria y su esmerado equipo intentan dar visibilidad al aún incipiente pero sin duda vibrante movimiento de danza contemporánea local. Del arraigado y efervescente escenario urbano del hip-hop la compañía Zigma Danza presentó dos estrenos, Del otro lado y Estados. No obstante, la sala abarrotada y la ovación de un público satisfecho por dos noches consecutivas, coloca al colectivo bogotano Carretel en privilegiado lugar. Cuatro puntos, una creación de aires tribales, de imágenes impactantes elaboradas a partir de una danza urgente, sustentada en la fuerza expresiva de ocho intérpretes con una energía muy masculina y una contundente puesta en escena, desvela el talento innegable de Yenzer Pinilla, el jovencísimo coreógrafo que se prepara a enfrentar un reto internacional importante con esta creación en el Festival de Marsella el próximo verano, lo que podría suponer la aparición de Colombia en el mapa de la danza europea de vanguardia. No se puede hablar aún de la consolidación de un movimiento de danza contemporánea local pero el pulular de bailarines por el festival, su entusiasmo, juventud y ganas, y la existencia misma de este ambicioso escaparate que es el Festival Danza en la Ciudad son, qué duda cabe, heraldo de mejores tiempos por venir.

 

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