Una exposición recoge las tragedias de Herculano y Pompeya

La Casa del Lector ofrece el mural 'Volcán' dentro de la exposición 'La villa de los papiros' hasta el próximo 24 de abril

Una de las escenas de 'Volcán'

La villa de los papiros es el nombre que recibe la casa particular de Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, suegro de Julio César en Herculano, cerca de Nápoles (Italia). En el año 79 d.C., esta propiedad y todas las de la zona fueron sepultadas por un manto de lava en la erupción del volcán Vesubio. Años después, entre 1750 y 1765, el arquitecto e ingeniero Karl Jakob Weber realizó las primeras excavaciones en la zona. Encontró 1.785 rollos de papiro carbonizados, pero no quemados en la villa. Hoy, reconstruidos, se pueden visitar en una exposición que la Casa del Lector ofrece hasta el 23 de abril. A raíz de la muestra, la artista Marina Núñez ha estrenado un mural inspirado en las fotografías aéreas de Pompeya, que representa una carta geográfica.

Imposible no verlo, o al menos no pisarlo, ya que se trata de una imagen impresa en el suelo de 795x522 cm. Cuando el espectador entra en el pabellón 14 de Matadero, justo en la entrada puede observar un gigantesco mural en el que hay representados tres ambientes: el volcán, la ciudad en ruinas y el mar. “Es una exposición muy ambiciosa. He planteado una imagen aérea, una especie de cartografía que el espectador tiene que pisar para pasar por ella, por lo que este la ve a ojo de pájaro”, explica Núñez.

En la entrada, el espectador observa un gigantesco mural en el que hay representados el volcán, la ciudad en ruinas y el mar

En cada una de las escenas hay una mujer joven y desnuda. Representan cada una de las vidas que se perdieron en la tragedia. “Las tres chicas son fantasmagóricas y adolescentes. Están en un estado latente entre la vida y la muerte”, explica la autora. Concretamente esta imagen de muerte se representa en las dos primeras escenas. “En la imagen del volcán ella está marcada por las sombras de los árboles carbonizados. En la ciudad en ruinas está metida en una especie de hueco tumba”. Aunque en este punto deja un matiz para la libre interpretación, ya que el observador puede también entender este espacio como un refugio. "La chica está eternamente en llamas. Es una especie de ente que se representa de forma transparente”.

El momento de la esperanza llega en la tercera escena: el mar. La joven está sumergida en las profundidades. Ahogada. Pero en el fondo, lo que está es saliendo de ella. De su cuerpo emanan esporas o microorganismos que pretenden escapar del agua. La escena concluye con una visión optimista de la tragedia, la de una nueva vida.

Excepto las tres chicas, que son de carne y hueso y han sido fotografiadas, el resto de elementos que componen el mural están diseñados por ordenador. “Tardé seis meses a tiempo continuo en hacer esto. Involucra trabajos en programas como el Photoshop o de efectos especiales y de creación en 3D”.

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