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Pynchon, Lahiri y Saunders, favoritos al National Book Award

Hoy se conocerán los ganadores. El gran favorito en ficción son los cuentos de George Saunders y en ensayo el de George Parker

Pynchon, Lahiri y Saunders, favoritos al National Book Award

Fue constituido como un premio de escritores para escritores. Su objetivo: celebrar la escritura estadounidense. Así en 1950 en el lujoso hotel Waldorf Astoria se celebró la primera edición de los National Book Awards, patrocinada por el Consejo de Editores, la Asociación de Libreros y el Instituto de Fabricantes de libros. Más de seis décadas después, tras varios cambios en el número de categorías y de localización, la industria literaria sigue con atención estos galardones que en los últimos años han tratado de aumentar la cuota de glamour y el número de actividades concentradas en los días previos a la ceremonia de entrega.

Agentes, editores y escritores se reunieron el lunes por la tarde en el primero de los siete eventos en torno a los National Book Awards 2013. En la sede de la librería-editorial Powerhouse Books en Brooklyn fueron presentados los llamados “Cinco por debajo de 35”, es decir, los autores noveles considerados fundamentales por escritores consagrados que han sido nominados o premiados en anteriores ocasiones. En esta oportunidad los escritores seleccionados eran todos mujeres, un detalle que reitera la fuerza de las voces femeninas, dos de las cuales (Louise Erdrich y Katherine Boo) se alzaron con el National Book Award en 2012. ¿Y quienes son las nuevas escritoras? Junot Díaz seleccionó a NoViolet Bulawayo, una escritora de Mozambique ganadora de la beca Truman Capote en Cornell University, cuyos relatos se centran con ironía y profundidad en la experiencia inmigrante. Louise Erdrich señaló a Amanda Coplin; Fiona Maazel a la tejana Merritt Tierce; Kevin Powers a la británica Daisy Hildyard; y Jesmyn Ward a Molly Antopol, cuyo primer libro de cuentos saldrá en los próximos meses. Hubo tacos mexicanos, un improvisado fotomatón y bromas, a cargo de la actriz de la serie Portlandia, Carrie Brownstein, que ejerció de presentadora.

La reunión de hoy por la noche cambiará Brooklyn por Wall Street, y en el restaurante Cipriani con la alfombra roja desplegada, se hará público el veredicto de los jurados, constituidos independientemente para cada categoría (ficción, no ficción, poesía y literatura juvenil), con cinco escritores respectivamente.

Thomas Pynchon que se alzó con este mismo galardón en 1974, es el más veterano entre los nominados en 2013, por su novela Bleeding Edge. En esta nueva obra se ha adentrado en el 11-S y en el enrevesado mundo de internet, vigilantes y vigilados, a través de una novela detectivesca de 2001 protagonizada por una investigadora de fraude, Maxine Tarnow, madre de familia del Upper West Side. La visión apocalíptica del mundo contemporáneo, nihilismo, terror y conspiraciones vuelven a aflorar en la desbordante ficción de uno de los autores más destacados y esquivos del panorama literario estadounidense (http://vimeo.com/73716114).

Crítica de arte y periodista, Rachel Kushner, tuvo una entrada fulminante en los National Book Awards cuando fue nominada al premio por su primera novela Telex desde Cuba (Libros del Asteroide) hace cinco años. Con su nuevo título Flamethrowers la escritora de la Costa Oeste toma como escenario el mundo del arte en el Nueva York de los 70, y de ahí salta a la cultura que rodea las motocicletas, esa que inspiró una de las piezas míticas de aquella década, a cargo del artista Chris Burden, –y que curiosamente está expuesta estos días en el New Museum http://www.newmuseum.org/exhibitions/view/chris-burden-extreme-measures –, antes de dar un giro hasta Italia y el Futurismo, donde encuentra “el vínculo entre máquina, velocidad, violencia, arte y política”, como ella misma ha declarado.

La saga familiar que rondaba en la cabeza de la escritora de origen indio, Jhumpa Lahiri desde hace 16 años –antes incluso de publicar su primer libro– fue nominada al Man Booker y también ahora a los National Book Awards. En “Lowland” la escritora ganadora de un Pulitzer por “El intérprete de las emociones” (Ediciones del Bronce) y autora de “La tierra desacostumbrada” (Salamandra), viaja desde Calcuta hasta Rhode Island a través de la historia de dos hermanos, uno de los cuales se une al movimiento maoísta indio en los sesenta, mientras que el otro parte a EE UU. Una muerte está en el centro de esta novela que recorre cuatro generaciones en la que el telón de fondo político refuerza contra lo que cabría esperar, la intimidad de las voces de los personajes.

El mítico abolicionista, John Brown, ha sido el protagonista de un buen número de libros, pero ninguno hasta ahora se había aproximado a su figura con la irreverencia y el humor inteligente de “The Good Lord Bird”, la novela del músico y escritor James McBride. Hijo de un reverendo afroamericano y una madre inmigrante polaca judía, la infancia de McBride en las viviendas sociales de Red Hook en Brooklyn, fueron la base de su debut literario con “El Color del Agua” (Planeta), un clásico en EE UU donde ha vendido más de 2.5 millones de ejemplares y es lectura obligatoria en un buen número de colegios y universidades. En “The Good Lord Bird” recupera las voces sureñas para desmitificar y acercar el tema de la esclavitud, con su comicidad y surrealismo crea un nuevo tipo de homenaje en el que juega un papel importante el personaje Little Onion con cuyas palabras arranca la novela: “Nací como un hombre de color, no lo olvides. Pero viví como una mujer de color durante 17 años”.

El humor es también una baza fundamental en la decena de relatos que George Saunders reunió en “10 de diciembre” (Alfabia), con la que ha reventado las listas de ventas y se ha colocado como gran favorito en la convocatoria de los National Book Awards. Saludado como un autor capaz de escribir sátira a la altura del maestro Mark Twain, Saunders en estas historias convoca desde a un soldado veterano que regresa a la casa familiar para vivir con su madre; hasta a un paciente de cáncer que tiene un encuentro inesperado con un adolescente confundido; a un anticuario que parece vivir en otra realidad; o a un hombre atormentado por una serie de experimentos farmacéuticos. Sin atisbo de sentimentalismo y con una dosis potente de afilado humor, Saunders convierte la carcajada en cruda reflexión.