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Pepe Viyuela baila con Neville

El actor regresa a los escenarios, convertido también en productor

El montaje de 'El baile' está dirigido por Luis Olmos

La obra, revisada por Bernardo Sánchez, gira por España tras estrenarse en Logroño

El actor Pepe Viyuela, que ahora produce e interpreta 'El baile', de Neville. Ampliar foto
El actor Pepe Viyuela, que ahora produce e interpreta 'El baile', de Neville.

El actor Pepe Viyuela, el popular Chema de Aída, regresa a los escenarios, esta vez convertido también en productor, para llevar a escena el montaje de El baile, de Edgar Neville. Dirigida por Luis Olmos, Viyuela interpreta a Julián, personaje que comparte con su amigo Pedro su pasión por la entomología y el amor por la misma mujer, Adela, esposa del segundo. Esta peculiar relación, lejos de provocar tensiones o celos, es aceptada de buen grado por todos hasta el punto de que Julián se muda a vivir con la pareja. Con ingredientes propios de la comedia y del drama, la obra de Neville es una fábula poética sobre la fugacidad del tiempo, el amor, la amistad, el dolor y la muerte.

Un abarrotado Teatro Bretón acogió en Logroño su estreno nacional; nadie en la ciudad natal de Viyuela quiso perderse la presentación de un proyecto iniciado dos años atrás, cuando al intérprete y productor se le ocurrió rescatar este texto escrito en 1952 por Neville (Madrid, 1899-1967), destacado dramaturgo y director de cine enmarcado, junto a Jardiel Poncela o Miguel Mihura, en la llamada Otra Generación del 27.

No queríamos hacer arqueología teatral, sino algo actual"

Pepe Viyuela, actor

Autor de comedias teatrales como La vida en un hilo (1945), Adelita (1955) o Alta fidelidad (1957), Neville logró con El baile un sonado éxito: se mantuvo siete años en cartel. La obra se ha convertido en una de las piezas de teatro español más representadas en el extranjero, con más de 2.000 funciones incluyendo temporadas en Francia, Inglaterra y Latinoamérica. La obra original contó en su elenco con Conchita Montes, Pedro Porcel y Rafael Alonso. Cinco años después, el propio Neville la llevaría al cine con Montes de nuevo en el papel de Adela, que aún repetiría en 1963 en una representación para el programa de Televisión Española Primer Fila. Ahora son Carles Moreu y Susana Hernández quienes comparten escenario con Viyuela.

Para disipar sus dudas sobre la conveniencia de llevar a las tablas una pieza creada seis décadas atrás, el intérprete riojano sondeó la opinión de su paisano Bernardo Sánchez, docente, escritor, guionista y adaptador teatral de películas como El pisito –en la qué trabajó el propio Viyuela– y El verdugo –dirigida por Luis Olmos y con la que el riojano ganó el Premio Max en 2001–, ambas escritas por otro logroñés, Rafael Azcona, del que Sánchez también adaptó el guion póstumo de Los muertos no se tocan, nene.

"Cuando leí esta obra, encontré una historia que me gustaba mucho, pero pensé que había que contarla de otra forma, traerla al siglo XXI para que fuera más interesante al espectador", afirma Viyuela. No queríamos hacer arqueología teatral, sino algo actual. A mí me gusta mucho el trabajo de Bernardo y le pregunté qué pensaba sobre la posibilidad de ponerla en marcha. Él se ilusionó mucho y me dijo que merecía mucho la pena; si me hubiera dicho que no, no hubiéramos seguido adelante”. Sánchez define la obra como un ensayo “sobre la fugacidad tiempo y de la felicidad, que sobrevive más como recuerdo que como un hecho”. Algo que se se subraya en la obra con la presencia de un lepidóptero de belleza efímera como la mariposa: de forma literal, con la afición de los dos amigos protagonistas al estudio de los insectos; y, como metáfora, con la suerte que corre el personaje de Adela. El responsable de esta adaptación reconoce "haber desnudado" a Neville, pero desde la complicidad, "sin traicionarle". En su versión ha mantenido la trama, los personajes y el desarrollo de la acción. Pero en su revisión ha actualizado el léxico para naturalizar algunas expresiones y ha modificación las pautas espacio-temporales del relato. En ambos casos, la narración transcurre en tres momentos diferentes a lo largo de 50 años, pero, mientras Neville sitúa los tres actos en 1900, 1925 y 1950, Bernardo Sánchez los traslada a 1952, final de los años setenta y la actualidad: “He hecho el mismo ejercicio de distanciamiento que Neville. Él retrocedió a finales del siglo XIX para llegar a su presente, y yo comienzo donde él terminó y llego hasta la actualidad para incorporar así el tiempo, el país, las palabras y el teatro transcurridos desde 1952. Y los tres personajes son contemporáneos nuestros, se presentan en un presente reconocible. Hemos intentado que esta historia nos alcance”. Para conseguirlo también ha diversificado el espacio, convirtiendo el espacio único de Neville en tres diferentes. Así, cada acto representa un movimiento de un baile que funciona como leitmotiv de esta obra con estructura circular; “tres pasos a tres”, afirma Sánchez.

Hemos depurado esta obra para llegar a lo esencial"

Luis Olmos, director de El baile

El director de la función, Luis Olmos, coautor junto a Bernardo Sánchez de ¡Una noche de zarzuela. Ensueño lírico en dos actos! para el Teatro de la Zarzuela, admite que “los tres actos parecen obras diferentes. El primero es más cómico, de vodevil; el segundo tiene más de melodrama; y el tercero se enmarca en el teatro del absurdo”.  "Hemos depurado esta obra para llegar a lo esencial", añade Olmos. "Apostamos por la austeridad y la transformación mínima de los actores, que han trabajado sobre todo con la energía, la voz, la fluidez…”. Algo que asevera el propio Viyuela: “nuestra consigna era huir de histrionismo, buscar la economía de recursos, la precisión interpretativa, la verdad… Y a mí como actor esto me gusta mucho porque la obra en una auténtico torbellino de emociones concentradas, tocamos teclas muy diferentes”.

De momento, la obra ha funcionado bien en Logroño y el montaje inicia ahora gira por España con funciones programadas en Bilbao, A Coruña, Basauri, Fuenlabrada o Alicante, antes de visitar el Teatro Fernán Gómez de Madrid en 2014. “la obra está muy tierna ahora mismo; esperamos que en las próximas funciones empezará a crecer. Y en unos meses se irán viendo cambios; tendrá más ritmo", asegura su director. 

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