El festival literario de Buenos Aires atraviesa la Cordillera de los Andes

El certamen reúne entre Argentina y Chile a un centenar de escritores con la intención de derribar prejuicios entre los dos países

El escritor Tobias Wolff, en Nueva York en una imagen de archivo. / JON URIARTE

Ocho días, dos ciudades y cien escritores. El miércoles arrancó la quinta edición el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FilBA) con el objetivo de que la literatura se vaya desparramando hacia Chile. Por primera vez en sus cinco años de historia el festival de la capital argentina se desarrollará en dos ciudades. Desde el 25 de septiembre hasta el domingo 29, en Buenos Aires, y desde el sábado 28 hasta el próximo jueves en Santiago de Chile. Patricio Zunini, uno de los coordinadores del festival, explica que el objetivo es que se “contaminen” los dos países de lo mejor de cada uno. “Hay muchos prejuicios. Para nosotros, en Santiago solo hay poetas. Y ellos ven a Buenos Aires como una ciudad con demasiada suficiencia. Queremos hacer más permeable la cordillera que nos separa”.

Hay otra razón menos poética y más económica: se trata también de rentabilizar el viaje de los escritores que visitan Buenos Aires. “Si tienes a un español o a un norteamericano, una vez que ha pasado tres días Argentina le enriqueces su viaje si le ofreces la posibilidad de ir a Santiago”, admite Zunini.

El país invitado este año será Colombia: Diez escritores de orígenes distintos leerán su pasaje favorito de García Márquez

El país invitado este año será Colombia. Además de recibir a varios escritores colombianos, diez escritores de orígenes distintos leerán su pasaje favorito de Gabriel García Márquez y explicarán por qué les gusta tanto. Pero hay más, mucho más. Y todo gratis, a cargo de la fundación Filba. Varios autores ejercerán de libreros y recomendarán libros, debates sobre ficción y política, intercambio de cartas entre escritores argentinos y chilenos con la excusa de que en 2013 se han cumplido 50 años de la publicación de Rayuela y 10 de la muerte del chileno Roberto Bolaño.

Uno de los momentos más esperados se produjo ayer cuando la novelista argentina Claudia Piñeiro presentó al autor estadounidense Tobias Wolff, cuyo libro Vida de este chico, acaba de ser publicado en Argentina por Alfaguara, editorial perteneciente al grupo PRISA. Wolff habló sobre la maravillosa imperfección de algunas novelas grandiosas, dijo que una vez que se lee en Moby Dick el momento en que un marinero observa en el barco cómo la cría de una ballena se recuesta sobre su madre es imposible olvidarla.

Dado que Wolff es uno de los mejores cuentistas de este siglo, Piñeiro le preguntó sobre la famosa relación entre los editores tipo Gordon Lish y el escritor Raymond Carver, que permitió a Lish cercenar y reescribir algunos de sus cuentos. Wolff relató su propia experiencia: “Yo tengo un editor que hace muchas sugerencias. Pero una vez que las hace, el escritor decide. Yo quizás tome un 15 ó 20% de sus consejos. Pero nunca me ha pedido cuenta por los que no acepto. El escritor no debe sentirse intimidado por el editor ni el editor ignorado”.

Wolff, también profesor de literatura, recordó que lo mejor que se le puede recomendar a un escritor que empieza es animarlo para que sea paciente. Y en ese sentido: “Aprender a tocar un instrumento es el mejor consejo para escribir. Ahí se da uno cuenta de todo lo que se puede conseguir paso a paso, poco a poco”.

Los organizadores del Filba están algo sorprendidos con la buena acogida del público en esta quinta edición. Patricio Zunini recuerda que el festival empezó en 2008 con la idea de que hubiera otro gran acontecimiento literario en Buenos Aires, además de la Feria del Libro que se celebra en abril y que mueve cada año a cientos de miles de personas. “Esto no tiene la afluencia de la Feria de Buenos Aires y tampoco la resonancia del del Hay Festival, de Cartagena de Indias, o el brasileño de Paraty”, reconoce Zunini. “Pero al final, todos los festivales se contaminan, nos prestamos formatos y vamos creciendo año a año”.

“Al final, todos los festivales se contaminan, nos prestamos formatos y vamos creciendo año a año", dice uno de sus coordinadores

Augusto Di Marco, directivo de Alfaguara, comenta que cuando llamó a sus compañeros de Chile para explicarle que el Filba se extendería allí, en un primer momento la idea se acogió con escepticismo. “Me preguntaban: ‘¿Y qué voy a decir, que es el festival de Buenos Aires en Santiago? Finalmente se optó por la fórmula, ‘Filba en Santiago de Chile’. Creo que está bien ese título y los chilenos han quedado muy entusiasmados con la programación y con la idea”.

Un asiduo asistente al festival resaltó como el punto más criticable del festival el hecho de que esté muy disperso en Buenos Aires, repartido en siete sedes. “Eso es un inconveniente porque la gente se pierde cosas y las actividades quedan como aisladas”, señala la citada fuente, que prefiere mantenerse en el anonimato. “Pero a pesar de eso, es cierto que el festival ha ido creciendo cada año y sirve de contrapeso a la Feria del Libro”, añade.

Cuando se le hace la pregunta recurrente a Zunini sobre en qué se diferencia la feria del festival, responde lo siguiente: “En la Feria el protagonista es el libro. Aquí, son los autores. A la feria la gente va pensando a ver qué me llevo. Aquí, a ver si me dicen algo interesante”. Valga entonces, como broche, una frase de las muchas interesantes que mencionó Wolff en su entrevista el pasado jueves: “La traducción es como besar a tu mujer a través de un velo”.

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