Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
crítica de 'un invierno en la playa'

Inteligencia, tono y talento

Tal vez no sea esa cosa tan solemne que definimos como una obra maestra, pero sí una película con personajes y situaciones atractivas y creíbles

pulsa en la foto
Greg Kinnear, en el filme.

El título en español Un invierno en la playa es disuasorio. De acuerdo. Pero el que se le ocurrió al director Atascado en el amor, que así se titulará en Estados Unidos cuando se estrene en julio, tampoco derrocha originalidad. Sin embargo, en el resto del mundo anglosajón será conocida como Escritores.Me quedo con este último, aunque pueda parecer aséptico. En cualquier caso, al margen del cebo o el rechazo que posea el enunciado para el espectador, lo que importa es el contenido y el de esta película es complejo, ácido a ratos, tierno en otros, siempre inteligente.

UN INVIERNO EN LA PLAYA

Dirección: Josh Boone.

Intérpretes: Greg Kinnear, Jennifer Connelly, Lily Collins, Logan Lerman, Nat Wolff, Kristen Bell.

Género: tragicomedia. EE UU, 2012.

Duración: 96 minutos.

La estrenan en época de saldos, cuando la pereza es tu irremediable compañía al ojear la cartelera, sin que el nombre de su director suponga una referencia atractiva. O sea, no esperas nada grato, su visión responde a la obligatoriedad profesional. Al terminar una película, contrasto el efecto que me ha causado en función de si me quedo en la sala hasta que aparece el último título de crédito, o si me largo corriendo en cuanto aparece la palabra fin, e incluso antes si no decido alimentar a mi escasa vena masoquista. Y en Un invierno en la playa descubro que me he quedado solo en el cine hasta que aparece el título de las canciones que han ambientado la geografía emocional de sus personajes. Para entendernos: me ocurre lo mismo con Algo salvaje, Beautiful girls, Up in the air, Entre copas, Los fabulosos Baker Boys, joyas de ese tipo, un tono y un estilo particulares, aunque cada una sean de su padre y de su madre.

Y salgo tan contento, recordando lo que he visto y oído (solo me responsabilizo de la versión original), empapado de ese tono especial que transmite el buen cine estadounidense. Tal vez no sea esa cosa tan solemne, infrecuente y maravillosa que definimos como una obra maestra, pero sí una película con personajes y situaciones tan atractivas como creíbles, diálogos en posesión de agudeza y alma, actores espléndidos (no ya el contrastado talento para comedia y drama de Greg Kinnear y de esa actriz inquietante y hermosa llamada Jennifer Connelly, sino también la credibilidad, la sutileza y la gracia de actores y actrices muy jóvenes), un guionista y un director llamado Josh Boone al que va a ser ineludible seguirle la pista después de esta ópera prima tan grata.

Habla de los primeros encuentros amorosos y de los problemáticos aunque soñados reencuentros de parejas adultas que se han separado, del miedo a la entrega y los disfraces que adopta la supervivencia, de las fases que atraviesan las relaciones entre padres e hijos adolescentes, de las canciones y los libros que explican inmejorablemente lo que sentimos, de la complicada convivencia entre el arte o el oficio de escribir y las cosas, los sentimientos y las personas sobre las que gira tu existencia, de las heridas que se intentan ocultar y del hambre de amor duradero, de la pérdida y la reconquista. Tiene algo muy bonito esta agridulce película.