El mundo editorial busca recuperar el tiempo perdido frente a las nuevas tecnologías

Seis escritores reflexionan sobre el mundo digital y su influencia en la creación literaria y su relación con los lectores

El sector editorial español sigue en su proceso de recuperar el tiempo perdido

De izquierda a derecha: Javier Sierra, Blanca Berasategui, Rodrigo Fresán, Lorenzo Silva, Milagros del Corral, Julia Navarro, Elvira Lindo, Julio Llamazares, Juan Cruz y Joaquín Álvarez de Toledo. / cortesía círculo de lectores

El 2013 puede convertirse en el año en que el mundo editorial y literario español decidió, definitivamente, aceptar la realidad y comenzó a ponerse al día con el futuro tras varios años en los que parecía resistirse o ignorar los cambios. Esta corrección de rumbo, sobre cuestiones aparentemente obvias y comentadas por los lectores en general, se ha confirmado en la 72ª Feria del Libro de Madrid en la cual los diferentes actores de la cadena de valor del libro empezaron reconociendo la importancia de crear lectores y fomentar la lectura, para poder vender libros, siguió con el reclamo de pensar en reducir el precio de los libros digitales para facilitar el acceso al lector, con la ayuda del Gobierno reduciendo el IVA, y ahora con reflexiones sobre la manera en que las tecnologías emergentes y los nuevos hábitos de los lectores influyen en el ecosistema del libro en varios aspectos:

- la creación literaria en sí misma,

- los autores van camino de ser polivalentes (creador, agente, editor, publicista…),

- la autoedición lo cambia todo y democratiza aún más la literatura,

- se reclama a las editoriales para que no dejen de editar a los autores buenos pero que no venden muchos ejemplares,

- se reivindica la importancia de la jerarquización de las obras para no caer en el “maoísmo de la masa”,

- y se insisten en la necesidad de la educación y la pedagogía,a los ciudadanos, sobre los derechos de autor.

El cambio del estatismo o el reconocimiento de verdades conocidas llega después de que otras industrias como la música y el cine atraviesan situaciones difíciles. La penúltima escenificación de esta nueva forma de afrontar el porvenir fue en las jornadas Los autores tienen la palabra. Preguntas y respuestas en la era digital, dentro de los actos conmemorativos de los 50 años de Círculo de Lectores. Cuatro horas en las que participaron Julio Llamazares, Javier Sierra, Lorenzo Silva, Julia Navarro, Rodrigo Fresán, Milagros del Corral y Elvira Lindo, bajo la moderación de Blanca Berasategui, Juan Cruz y Fernando Rodríguez Lafuente.

Muy clarificadoras del presente del sector fueron las palabras con las que Joaquín Álvarez de Toledo, director general de Círculo de Lectores, inauguró la jornada al recordar el final de un cuento de Truman Capote: “Vimos lo que iba a suceder, y nuestras voces resonaron como truenos en la lluvia, pero ella no nos oía y siguió corriendo hacia aquellas lunas de rosas. Fue entonces cuando la atropelló el autobús de las seis".

Horas más tarde Milagros del Corral, escritora y experta en temas de derechos de autor y cambios propiciados por las nuevas tecnologías y el libro electrónico, decía: “Hasta ahora parece que el sector se está tomando la molestia de enterarse del tema de derechos autor en medio de estos cambios. Se ha perdido tiempo. Se ha creado desafección con los lectores”.

En medio, Julio Llamazares respondió con un Sí y un No ante la pregunta de si el nuevo panorama influye en el creador. Él escribe en un ordenador y lo hace como máquina de escribir que guarda y borra, porque para él "escribir es borrar y tachar, quitar lo superfluo, y trabajar con un ordenador influye en el estilo". El hecho literario cambia, afirma, “porque cambia a los lectores y no somos iguales. Si el hombre cambia, cambiará su manera de estar en el mundo, pero el hecho literario no. Se va a escribir igual desde Homero, con la cabeza, una persona que cuenta a los demás lo que piensa y siente sobre algo”. Para Javier Sierra, “la cuestión clave está en que tú domines el medio y no que él te domine”.

La tecnología no solo produce avances y mejoras, asegura Lorenzo Silva, “también, a veces, peoras”. Silva, tan pro nuevas tecnologías, se declara escéptico de las redes sociales: “No son precisamente una evolución acertada, sino se usan con cuidado”. Casi todos los escritores coincidieron en utilizar las redes sociales como herramientas de trabajo y no para exponer allí su vida priva.

Uno de los aspectos fundamentales para Silva, en este nuevo tiempo, es la protección que deberían tener los autores con talento pero que no venden muchos libros. Pidió que las editoriales no los destierren a la autoedición. Un sistema que, según Sierra, cambia la perspectiva del escritor ya que cualquiera puede publicar. Aquí es donde todos aplauden la gran democratización que representa la Red para la edición, pero también reclaman un filtro, algo o alguien que jerarquice y oriente en el océano de Internet.

Una era que está trastocando todo lo establecido, y en especial la relación de los escritores con sus lectores. Y en alguna parte de esa relación es cuando entran los derechos de autor. ¿Qué hacer frente a la situación de bajar obras sin autorización? Milagros del Corral sugiere varias ideas:

- Una directiva europea o legislación nacional que replantee todo lo concerniente con la propiedad intelectual,

- clarificar el formato de nuevas obras que incluya las transmedias,

- clarificar las excepciones (límites en educación, investigación, el derecho de cita, etc)

- clarificar qué hacer con las obras huérfanas que son el 40% del acervo publicado,

- establecer regímenes para proteger el dominio público y evitar que se privatice,

- regular el préstamo digital de bibliotecas,

- dejar los e-books a precios más accesibles,

- IVA reducido para los libros electrónicos

- educación a largo plazo con una estrategia de pedagogía para no descargar libros de manera ilegal. No como una amenaza, incluso una cartilla con aspectos básicos con lo que se puede o no hacer en Internet.

Para Elvira Lindo este momento de cambios propiciados por Internet y otros actores digitales lo que genera es la vuelta a reflexionar sobre aspectos de siempre y básicos como el respeto a la obra, infundir sensatez, y tener claro hasta qué punto lo que se produce y genera en las redes sociales es en buena parte una ficción. “Hay algo en la gratuidad que resta cultura. Algo hay que pagar para apreciar lo que se consume”.

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