premio a una artista de la fotografía

Leibovitz o la revolución del retratismo

El legado de la fotógrafa, visto por las personas que han conocido su trabajo de cerca

El atleta Carl Lewis, visto por Leibovitz. / EL PAÍS

"Desde el primer momento supe que llegaría a ser alguien crucial en la fotografía, y que poseía un talento excepcional". Robert Pledge, fundador y presidente de Contact Press Images, no oculta su satisfacción, como representante y amigo personal de Annie Leibovitz desde hace cuarenta años, cuando habla desde Nueva York sobre la fotógrafa premiada con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

En el momento de recibir la llamada de EL PAÍS, no ha podido hablar aún con Annie Leibovitz para felicitarla, pero acaba venciendo su reticencia inicial para explicar por qué ha sido –y es– tan importante en su vida.

"La primera vez que me contactó fue a comienzos de los años 70", recuerda. "Ella tenía entonces 19 años. Yo trabajaba como agente con fotógrafos que hacían reportaje (Sebastião Salgado, Don McCullin). Su trabajo era de una naturaleza distinta, y en ese momento no la representé. Años más tarde, me dijo: 'Ahora que tienes tu propia agenica puedes trabajar para mí y representar mi trabajo fuera de EE UU'. Esa vez le dije que sí, porque su calidad era excepcional".

Según Pledge, "Leibovitz es alguien que ha creado un estilo visual, editorial… singular en la prensa escrita, en publicaciones como Rolling Stone o Vanity Fair. Creó un estilo que iba más allá del retrato convencional, pero ella proviene del reportaje: es alguien que cuenta una historia". Recuerda sus reportajes sobre eventos políticos, la Casa Blanca, las protestas contra la guerra de Vietnam, los conciertos de rock y la tradición de fotoperiodismo que alimentó su punto de vista".

En cuanto al retrato, el agente de Leibovitz destaca que sus imágenes "son más que retratos: son estudios psicológicos". La fotógrafa, dice Robert Pledge, "ha sido imitada por todo el mundo, pero ella inventó una forma de acercamiento al personaje, extremadamente reflexiva, en el que cada fotografía está pensada y trabajada, nunca es fruto del azar".

En un comunicado posterior a esta conversación y remitido a última hora por su agente, la fotógrafa dijo estar "profundamente agradecida a la Fundación Príncipe de Asturias por este honor extraordinario" y manifestó sentirse "contenta y conmovida" por estar en compañía de anteriores galardonados cuyo trabajo considera "muy importante" para ella.

Con una admiración similar se expresa Jean-Luc Monterosso, director de la Maison Européenne de la Photographie, donde se exhibió en 2008 la retrospectiva A Photographer's Life, 1990-2005.

"Mi recuerdo de esa muestra muy emocionante" relata Monterosso. "Era la primera vez que Annie Leibovitz volvía a París después de la desaparición de su compañera, Susan Sontag. Yo había conocido a ambas tres años antes, y fue una exposición, que luego iría a numerosos países, de la que hablamos mucho. Tanto para Annie como para mí, fue una especie de homenaje a Susan.

"Creo que después de Richard Avedon, Irving Penn, y de otros grandes retratistas, Leibovitz se ha hecho su propio hueco en la historia de la fotografía. Ella ha renovado la práctica del retrato, al realizar un tipo de imágenes que son sorprendentes, que casi provocadoras, pero nunca chocantes", asegura. "Ella no busca escandalizar en sus retratos, sino más bien provocar el asombro en el espectador".

Guillaume Clavières, director de fotografía de la revista Paris Match, destaca por su parte la "pequeña revolución" que la fotógrafa supuso para el sector de revistas. "Su uso de medios absolutamente colosales, sus reconstrucciones, su reflexión y realización… testimonian una mirada completamente artística, una forma de trabajar que está, desafortunadamente, en desuso en la prensa europea".

Clavières cita como un heredero de esa forma de trabajar al fotógrafo francés Gérard Rancinan, cuyo estilo prioriza una imagen aislada, como resumen total de un personaje, frente a una serie de imágenes.

A Alberto Anaut, director de La Fábrica, editor y comisario de fotografía, le parece "magnífico" el premio otorgado a Leibovitz, "por lo que supone de reconocimiento a una de las artes más adecuadas para representar el mundo".

El impulsor de PHotoEspaña recuerda también la gran retrospectiva mostrada en el marco del festival y organizada en colaboración con la Comunidad de Madrid. "Fue una muestra que recogía toda la vida de Annie en los últimos 15 años, con dos caras muy diferentes: sus grandes retratos —porque hay que recordar que ella ha fotografiado siempre a gente de primer nivel de la cultura, el espectáculo, la sociedad…— y por otro lado una versión íntima de su vida. En especial, las imágenes con su familia y las que recogen la enfermedad y la muerte de Susan Sontag".

Anaut lamenta que "el papel de la fotografía dentro de los medios haya cambiado tanto en los últimos años, y que éstos no estén apostando como deberían por uno de los grandes valores de la prensa, que es la imagen".

Para este experto, "no hay un problema de creación, sino de exhibición". Leibovitz, afirma, "ha tenido, además de su talento, la enorme fortuna de ser norteamericana y formar parte de una sociedad a la que le gusta exhibirse, mucho más abierta y con un largo memorial de iconos que otras sociedades no tienen". Y concluye: "No creo, pese a todo, que debamos quedarnos en esa representación de los grandes iconos. Debemos fijarnos también en su faceta intimista, que deja traslucir toda su inteligencia".

Charles Desmarais preside el San Francisco Art Institute, donde una joven Leibovitz se graduó en el departamento de Fotografía (fundado en 1945 por Ansel Adams) en 1971. En su etapa de director adjunto del departamento de Arte del Museo de Brooklyn, que exhibió por primera vez la muestra antes de comenzar ésta su gira mundial, participó en un encuentro con la fotógrafa. "Esta celebridad mundial, que pasa su tiempo con otros famosos, solo quería hablar de la gente que le resulta más cercana: sus hijos, su compañera, sus padres", rememora el docente en una respuesta remitida por correo electrónico.

Lo que más le impactó de Leibovitz a Desmarais fue, notablemente, su faceta más íntima y el apego a lo personal: "Cuando el Museo de Brooklyn le ofreció hacer la exposición, quedó claro que los diarios fotográficos de sus seres queridos le importaban tanto –o más– que sus imágenes más famosas".

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Periodista y colaborador de EL PAÍS en París.

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