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Muere Pepe Luis Vázquez, la armonía, la belleza y la gloria del arte del toreo

El diestro sevillano, una de las figuras más importantes de la historia de la tauromaquia, ha fallecido este domingo a los 91 años

Pepe Luis Vázquez en el patio de cuadrillas de Las Ventas, en 1959. EFE

El arte está de luto. Ha muerto un gran artista, Pepe Luis Vázquez, torero, con 91 años cumplidos (Sevilla, 21 de diciembre de 1921), uno de los más grandes de la historia, el máximo representante del toreo sevillano, amigo, coetáneo y contrapunto de Manolete. Falleció ayer en el hospital Nisa de Castilleja de la Cuesta, localidad cerca de la capital, donde había sido ingresado la madrugada pasada por complicaciones derivadas de su avanzada edad.

 Pepe Luis había perdido la visión y gran parte de su capacidad auditiva, pero mantenía intacta la memoria y la lucidez. Así, en noviembre pasado recibió a EL PAÍS en su casa sevillana de la calle Beatriz de Suabia, en la que ha sido, sin duda, su último contacto con tres periodistas. Allí estaba el maestro junto a María, esposa, madre de cinco hijos y abuela de doce nietos, y Pepe Luis hijo, el torero que se retiró de los ruedos el pasado 8 de septiembre en Utrera.

Eran las once y media de una mañana gris y lluviosa. Desde el salón, repleto de trofeos y fotografías, se oyen los pasos titubeantes del abuelo, que llega ayudado por su hijo porque el paso del tiempo le ha robado la movilidad de sus piernas. Calado con la típica gorra campera, detrás de unas gafas oscuras e impecablemente vestido y abrigado, el maestro se sienta, y padre e hijo comienzan a hablar de poesía y toreo.

Marcó toda una época. Alternó con Manolete en 122 ocasiones

—A mi padre lo mantienen el amor de los suyos y una cabeza privilegiada.

Pepe Luis hijo se acerca al oído y alza la voz.

—Papá, ¿a qué poeta recuerdas?

Y con un timbre de voz casi inaudible pero firme, responde:

—Me acuerdo mucho de Antonio Machado. Entendía la vida.

—¿Más que Manuel?

—Manuel escribió más de toros, pero Antonio toreaba mejor.

—¿Y el toreo, papá?

—El toreo… Manolete, Manolo González, Pepín Martín Vázquez… Es muy difícil torear bien. Es una gran virtud. La pureza es lo mejor que hay.

—Y la naturalidad, apostilla Pepe Luis hijo. Pureza y naturalidad —añade— son dos palabras mágicas.

Pepe Luis Vázquez nació en el barrio torero de San Bernardo, y pronto comenzó a trabajar en el matadero municipal, donde estaba empleado su padre. Y allí, a escondidas, se despierta en él la vocación taurina. En la finca El Quintillo mata su primer becerro, y el traje de luces se lo enfunda el 18 de julio de 1937, en plena Guerra Civil, en la plaza de Algeciras.

Los tres Pepe Luis Vázquez: de izquierda a derecha, nieto, abuelo e hijo en noviembre de 2012.

El 5 de julio de 1938 debuta con picadores en La Maestranza, junto a Manolete y Calderón; se presenta en Madrid al año siguiente, toma la alternativa en La Maestranza el 15 de agosto de 1940, de manos de Pepe Bienvenida y con Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana como testigo. Ahí comienza una carrera jalonada de éxitos en compañía de Manuel Rodríguez Manolete.

El 25 de julio de 1943 sufrió una gravísima cogida en Santander. Un toro le cornea en la cara y permanece inactivo durante toda esa temporada, al tiempo que ese percance marcará toda su carrera.

Su última actuación se produce en la plaza de Las Ventas el 20 de septiembre de 1959, en la que lidia toros de García Aleas junto a su hermano Manolo y Curro Romero.

Finalizó entonces la carrera de uno de los grandes, que marcó toda una época del toreo. Alternó con Manolete en 122 ocasiones, lo que demuestra, según contaba a este periódico en 1997 que “formábamos el cartel más interesante de aquellos años”. En su opinión, Manolete no permitía ningún tipo de rivalidad. “Conmigo comulgaban más los buenos aficionados”, decía, “pero Manolete arrastraba a los públicos, lo que le obligaba a jugársela todos los días, y yo podía permitirme el lujo de no estar bien; me podían esperar, pero a él no”.

En 1943 un toro le corneó la cara. El percance condicionó su carrera

Pepe Luis fue siempre el torero de Sevilla. Dotado de una inteligencia natural fuera de lo común, siempre defendió que “la cabeza es fundamental para estar delante del toro; al toro hay que poderle con la cabeza”, enfatizaba.

En la plaza de La Maestranza dejó siempre la huella indeleble de su toreo, donde hizo famoso el conocido pase del cartucho de pescao, y Sevilla lo adoptó como su torero más querido.

Cuentan que el toreo de Pepe Luis era magistral y brillante, poderoso y artístico, solo menguado por la cornada de Santander, que le restó seguridad. Sus faenas, a veces irregulares, se caracterizaban por una gran belleza y una gracia ilimitada, porque era un torero natural por encima de todo. Conocedor de la técnica, era un torero inteligente, cerebral y prudente.

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Pepe Luis Vázquez posa entre Manolete (derecha) y El Estudiante, en 1940. EFE

Desde hace años, cuenta con un monumento frente a la plaza de La Real Maestranza de Sevilla que perpetúa el respeto y la admiración de la ciudad que lo vio nacer y él engrandeció con su arte. Y en la plaza de Las Ventas figura un azulejo con una frase rotunda: “Pepe Luis Vázquez, la armonía, la belleza y la gloria en la historia de la tauromaquia”.

El toreo, por la muerte de un artista, está de luto.

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