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“Hoy no es un día para quejarse”

La directora recibe la Biznaga de Oro en Málaga y dedica la película a su padre

Se proyectó en Málaga la película de Gracia Querejeta y sonaron casi de inmediato todas las campanas. Hoy se ha escuchado el último gong. 15 años y día, esa mirada y sincera del mundo de los adultos hacia la adolescencia, ha conseguido la Biznaga de Oro del Festival de Cine de Málaga. Su directora, además, se lleva también el galardón al mejor guión, compartido con Antonio Santos Mercero. Ayer mismo, Gracia Querejeta, que ha dedicado su película a su padre, el productor Elías Querejeta, que arrastra una delicada enfermedad, viajó de nuevo a la ciudad andaluza para recoger este galardón, su segundo en este certamen (en 2004 obtuvo la Biznaga de Oro por Héctor). El cine es compañía, es encuentro, es también la búsqueda de emociones y miedos compartidos. Pues eso es lo que ha conseguido Gracia Querejeta, de momento, con el jurado del certamen. Esa sensación de miedo que la realizadora sintió hace cuatro años por la suerte de su hijo, -“fue más de miedo que de realidad”- ha sido compartida con el jurado que ha presidido Joaquín Oristrell. Lo que ahora espera la directora es que esa misma emoción llegue al corazón del espectador. 15 años y un día, protagonizada por Maribel Verdú, Tito Valverde y Aron Piper, supone un paso más allá en toda la trayectoria de historias personales que la realizadora madrileña ha plasmado en su cine. Querejeta confía en que, a pesar del mal momento que vive la exhibición en España, el filme, del que todavía no hay fecha concreta de estreno, tenga una buena acogida. “Espero que ayude la plataforma que supone un festival como el de Málaga”.

Aunque motivos para quejarse y, además, se pueden contar por miles, hoy Querejeta no se quejará de nada. “Hoy no es día para quejarse. Tampoco sirve de mucho. En un festival ganamos todos. Hoy me ha tocado a mí pero otro día le tocará a otro. Cuando uno compite tienes papeletas que te pueden traer suerte o no”.

Todos los galardonados han ido apareciendo por la ciudad a lo largo de la mañana. El que ya estaba aquí era Mario Casas, premiado por su magnífica interpretación en La mula, de director anónimo. Es asombrosa la calma con la que el actor soporta el asedio de las centenares de adolescentes que le esperan en cada esquina de la ciudad, teléfonos móviles, cámaras, gritos, hasta llantos. “No lo llevo mal. Es también muy de agradecer que con todo lo que está cayendo en nuestro país haya gente tan decidida a apoyar a sus ídolos. Yo espero que todo ese público me siga acompañando en mi camino en el cine”, aseguraba el actor, tras anunciarse la Biznaga de Plata como mejor actor protagonista por La mula, esa película que rodó hace más de cuatro años. “El espaldarazo que supone este premio es únicamente para seguir trabajando en lo que me apasiona, de demostrar que quiero hacerme un hueco en el mundo de la interpretación”, añadió el actor de Grupo 7 o Tres metros bajo tierra.

Se olvida de pocas personas Mario Casas cuando se trata de agradecimientos. Y uno de ellos lo dirige, esta tarde malagueña en la que se ha levantado el aire y han aparecido las primeras nubes, que Michael Radford, el director que comenzó La mula y que, a cuatro días del final del rodaje, lo abandonó sin más explicaciones. “Confió en mí, trabajé con él muy intensamente. Su marcha fue un mazazo terrible. Me dejó volar y me dio confianza”. ¿Qué más se puede pedir? Pues Casas pide mucho porque también se exige mucho. Todas las oportunidades que le ofrecen las coge al vuelo. Así fue con Alberto Rodríguez en Grupo 7 que le hizo hacer saltar por los aires su punto adolescente para demostrar todo el camino emocional del que es capaz un personaje. Ahora Álex de la Iglesia en Las brujas de Zugarramurdi le ha enseñado la comedia al límite, un papel absolutamente diferente al que interpreta en Ismael, el último título de Marcelo Piñeyro que le ha puesto delante de una situación de conflictos profundos. Hoy, Mario Casas, con la Biznaga de Plata en la mano, ha querido recordar un consejo que le ha dado Piñeyro: “Cuando veo cine no quiero ver el truco del actor con sus emociones, quiero intuirlas”.