EL MITO BRITÁNICO CUMPLE 80 AÑOS

El actor que dio vida a Londres

Una muestra celebra a Michael Caine como la genuina esencia de la ciudad

El intérprete fue cabecilla de la revolución cultural del ‘swinging London’

Michael Caine, en el rodaje de 'Alfie' (1966). / Kobal Collection

Un galán de físico peculiar y con el distintivo acento cockney de la clase trabajadora pisa firme y sin complejos el Londres efervescente de los sesenta, donde todo parecía posible. El personaje de Alfie (1966), película erigida en icono de una cinematografía británica hasta entonces dominada por talentos y dicciones de otra ralea, puede confundirse fácilmente con el de su propio intérprete, Michael Caine, un actor que quiso y logró comerse el mundo. Desde el rebelde que rompe moldes en plena revolución social y cultural del swinging Londonhasta la estrella de Hollywood con un centenar de títulos a sus espaldas, el recorrido artístico y vital del hoy sir Michael siempre ha tenido su anclaje en esta ciudad que ahora le rinde homenaje en su 80º cumpleaños.

Adquirida desde ayer la condición de octogenario, Caine se ha revelado como un artista incombustible que sigue trabajando después de más de medio siglo en el oficio, aunque para sus conciudadanos encarna principalmente a uno de los personajes más reconocidos y queridos, a uno de los suyos. “Fue el primer actor en llevar a la gran pantalla un auténtico acento londinense y, a pesar de todos los éxitos, sigue intrínsecamente ligado a esas raíces”, subraya Beverly Cook, comisaria de la exposición en el Museo de Londres que resume esa trayectoria a través de una colección de fotografías, retratos y secuencias de una nómina interminable de películas.

Pantallas de vídeo y un gran proyector nos muestran a aquel soldado rubio de Zulú o Infierno en Corea —el filme con el que debutó a los 23 años—, trastocado una década más tarde en el cínico aventurero de El hombre que pudo reinar junto a Sean Connery. El delincuente con marcado deje del East End (Un trabajo en Italia), el Pigmalión desbancado por su alumna (Educando a Rita) o el duelo actoral con la veteranía de Laurence Olivier en La huella van punteando la evolución de un intérprete cuya espléndida madurez le procura el primer Oscar por Hannah y sus hermanas, y que recibe la segunda estatuilla con toda la platea en pie por su papel en Las normas de la casa de la sidra. El Caine de los últimos años, que se prodiga en roles de secundario de lujo como Alfred, el mayordomo de la última saga Batman, ha adquirido un cierto porte venerable que apenas permite intuir los modestos orígenes del hijo de un trabajador del mercado de pescado, nacido bajo el nombre de Maurice Joseph Micklewhite el 14 de marzo de 1933.

“Soy un icono… así lo dicen en el periódico”, es una de sus citas legendarias que casa como un guante con el retrato que le tomó David Bailey en 1965. Las características gafas de gruesa montura negra, el cigarrillo sin encender apenas sostenido en los labios, la mirada entre altanera y desafiante de un actor que por aquellos tiempos reivindicaba la creatividad y emergencia de una clase relegada al último peldaño del sistema: “Estamos aquí, esta es nuestra sociedad y no vamos a marcharnos. Nos podéis querer u odiar, ya no nos importan vuestras opiniones”. Caine formaba parte de un grupo de jóvenes airados que, como el fotógrafo Bailey, el peluquero Vidal Sassoon o el también actor Terence Stamp, su compañero de piso en Ebury Street, participaron en la primera línea de la vanguardia del swinging London, una rebelión en la escena cultural y de la moda, enfática de lo nuevo, lo moderno y un espíritu hedonista frente a la austeridad de la posguerra, que acabó convirtiendo a la capital británica en un referente mundial.

La serie de fotografías de la exposición se detiene especialmente en esa época prodigiosa, inmortalizada por las cámaras de Bailey o Terry O’Neil, y que el mismo Caine ha rememorado con su habitual estilo irónico: “A principios de los sesenta no conocía a nadie famoso; al final de la década todo el mundo al que conocía ya era famoso, y eso que entre tanto no había hecho nuevas amistades”. Ya no se apeó de aquel pedestal que le ha merecido el récord, solo compartido con el estadounidense Jack Nicholson, de ser los únicos actores nominados por la academia hollywoodense en cada una de las décadas desde 1960 hasta el nuevo milenio. Esa circunstancia va a hacer muy difícil el reto que plantea el Museo de Londres a sus visitantes, nada menos que responder a la pregunta: “¿Cuál es la mejor película de Michael Caine?”. El resultado de la votación se conocerá el próximo mes y los cuatro primeros títulos serán exhibidos como guinda de una muestra que tiene entrada gratuita y se prolongará hasta julio.

En ese mismo recinto, Michael Caine acaba de recibir una condecoración solo reservada a los hijos más ilustres de Londres, Freedom of the City, en un acto donde se reivindicó la influencia de la ciudad tanto en su vida como en su carrera. Socarrón, simpático a su manera y con una reputación de tacaño que quizá beba de unos orígenes con muchas privaciones, allí inauguró emocionado una exposición que ha vuelto a ponerlo frente a frente con su supuesto sosias del celuloide. Apenas se identifica con el personaje (“Los dos somos cockney y a ambos nos gustan las mujeres, pero nunca las trataría como hace él”, dice aferrado a los 40 años de matrimonio con su segunda esposa, Shakira), porque por encima de todo es un intérprete. Y, aunque disfruta de los halagos, también marca cierta distancia: “Cuando el público que ve mis películas exclama: ‘¿No es un actor maravilloso?’, entonces he fracasado. Si realmente lo soy, se olvidarán de ello para estar pendientes de lo que va a pasarle a mi personaje. Eso es lo único que trato de ser, un verdadero actor de cine”.

Filmografía seleccionada

Zulú (1964).

Ipcress (1965).

Alfie (1966) Primera candidatura al Oscar.

Funeral en Berlín (1966).

The italian job (1969).

La batalla de Inglaterra (1969).

Asesino implacable (1971).

Veinte mil leguas de viaje submarino (1972).

La huella (1972). Segunda candidatura al Oscar.

El hombre que pudo reinar (1975).

Un puente lejano (1977).

California suite (1978).

Vestida para matar (1980).

Evasión o victoria (1981).

Educando a Rita (1983). Tercera candidatura al Oscar.

Hannah y sus hermanas (1986). Primer Oscar.

La calle de la media luna (1986).

El cuarto protocolo (1987).

Las normas de la casa de la sidra (1999). Segundo Oscar.

Shiner (2000).

El americano impasible (2002). Sexta candidatura.

Batman begins (2005).

El truco final (2006).

Un plan brillante (2007).

Harry Brown (2009).

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