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Cambios en el mapa del jazz contemporáneo

Vijay Iyer, pianista estadounidense de origen indio encumbrado por la prensa especializada, es la nueva estrella de un género cada vez más globalizado

Vijay Iyer, flanqueado por el bajista Stephan Crump (izquierda) y el batería Marcus Gilmore.
Vijay Iyer, flanqueado por el bajista Stephan Crump (izquierda) y el batería Marcus Gilmore.

Si bien no con las de ventas, el jazz siempre vivió obsesionado con las listas. Y entre todas ellas, la de críticos que la revista Downbeat publica cada verano desde 1953. Tanto definió el negocio en los buenos tiempos, que hasta sirvió para bautizar a los Poll Winners, aquel trío formado por los laureados Barney Kessel, Ray Brown y Shelly Manne. Como prueba de lo mucho que han cambiado las cosas en el género, tan globalizado como el resto de los órdenes de la vida, podría contar el éxito que en la última votación encumbró definitivamente al pianista estadounidense de origen indio Vijay Iyer (Albany, 1971), que obtuvo la plusmarca de cinco premios en su sexagésima edición: fue elegido artista del año, así como el mejor en las categorías de pianista, disco (Accelerando,en ACT/Karonte), grupo (el trío que forma con Stephan Crump y Marcus Gilmore) y compositor en ascenso.

Iyer se encuentra en mitad de una gira por Europa con su banda habitual que le traerá esta noche a Madrid al Auditorio Nacional. El martes contestó al teléfono con voz cómicamente grave, como de niño al que ya le salió la nuez, desde un hotel de Bruselas: “Hay famosos en EE UU salidos de mi comunidad, pero suelen ser presentadores de televisión o estrellas del aeróbic. Creo que hemos contribuido a popularizar el jazz entre los nuestros y hay más músicos y aficionados en la escena”.

La primera persona del plural sirve para englobar también el trabajo del saxofonista Rudresh Mahanthappa. Con Iyer mantiene un dúo estable, y juntos han grabado varios discos notables desde que en 1995 se conocieron en California. El pianista ya formaba parte de la banda de Steve Coleman y Mahanthappa era entonces un estudiante universitario. “Los dos estábamos buscando nuestro lugar en el mundo”, recuerda Iyer. “No en vano, fuimos los primeros músicos de jazz indios nacidos en EE UU. ¡No tocábamos la tabla ni el sitar! No es que antes hubiera un desinterés, es que se trata de una comunidad de reciente configuración en nuestro país. Mis padres llegaron en los sesenta como parte de una generación de profesionales liberales indios”.

Hijo de un farmacéutico y una economista, el chico empezó con el violín a los tres años (costumbre que ha retomado recientemente para servir de ayuda a su hija de ocho). A los 20 ya había estudiado composición musical, además de Matemáticas y Física en la Universidad de Yale. Pese a que el jazz se cruzó en su vida de posgraduado en Berkeley, Iyer aún tuvo tiempo de completar un doctorado en cognición musical antes de convertirse en la penúltima gran esperanza de la improvisación pianística, de esas que despiertan tanta admiración como recelo.

Tras una serie de apreciables lanzamientos en sellos independientes, el punto de inflexión discográfico le llegaría con el fichaje por el alemán ACT (“fue un antes y un después en cuanto a presupuestos y promoción”, admite) y la posterior publicación de Historicity (2009). Aquel sobresaliente trabajo, además de inaugurar la costumbre de incluir obras del artista indio Anish Kapoor en la portada de sus álbumes, aportó un refrescante punto de vista al formato de trío de piano del siglo XXI; partía de algunos de sus ya ajados clichés (los guiños rítmicos a la electrónica o la inclusión de canciones pop en el repertorio), pero lograba ofrecer algo nuevo.

Si entonces, entre composiciones propias y homenajes a grandes de la vanguardia como Julius Hemphill, la sorpresa llegó con la inclusión de Galang, tema de la estrella pop altermundialista M.I.A., Iyer incluyó una versión de Human nature, de Michael Jackson, circa Thriller en el siguiente álbum, su primero a piano solo. “Nunca es un monólogo, el piano es un instrumento polimórfico; de modo que siempre hay una conversación, aunque sea entre las dos manos”, afirma. “Michael ha formado parte de mi vida. Y fue una estrella global, según pude comprobar el día de su muerte. Estaba en el patio trasero de mi casa en Nueva York. Había inmigrantes de todo el mundo y a todos afectó del mismo modo”.

La composición es retomada en Accelerando, su último disco hasta la fecha. Más allá de las dichosas listas, la escucha comparativa de ambas versiones ofrece un inmejorable vistazo a la madurez, la imparable evolución y el brillante futuro del pianista.