La resaca de los premios del cine

Cine, política y gazapos: con ustedes, los Goya

Anecdotario de una noche llena de incidentes no previstos en el guion y reivindicaciones

Adriana Ugarte y Carlos Santos en pleno 'patinazo'. / CRISTÓBAL MANUEL

El ganador del Goya a la Mejor dirección acaba la noche con una rotura fibrilar. Premios que se anuncian sin haber abierto el sobre. La desaparición del ministro Wert —muy poco enfocado por las cámaras de televisión—. El cabezón que acabará en el fondo del mar. Una ceremonia de los Goya da mucho juego. La de la 27ª edición dejó grandes anécdotas, reivindicaciones políticas aparte.

El premio que no fue. Adriana Ugarte y Carlos Santos (que han trabajado juntos en la serie El tiempo entre costuras) presentan dos premios, el de mejor canción original y el de mejor banda sonora. En un principio, la pareja de Ugarte era Tristán Ulloa, pero por Twitter el actor anunció el sábado: “Por disconformidad con las directrices bajo las q se llevará a cabo la gala d los Goya he decidido no participar en ella. Salud y libertad!” (sic). Así que Santos pasa del número musical con el que se remataba la entrega del Goya de Honor a Concha Velasco al atril de lectura de galardones. No le da tiempo ni a quitarse el esmoquin blanco y hace un chiste cambiándose las gafas. La pareja recibe el sobre lacrado del notario, la tarjeta donde leen el nombre de los nominados y otras tarjetas, unas en fondo blanco en las que se lee quién recoge el premio en caso de que se lo lleve un artista ausente. Algunas incluso llevan encima pegatinas por cambios de nombres. Son muy distintas a las azules impresas con el nombre del ganador, las del interior del sobre lacrado que entrega el notario. Carlos Santos lee los candidatos. La actriz de La señora es la encargada del sobre y en vez de abrirlo y leer el premio, se acelera y lee la tarjeta-chuleta con la canción Líneas paralelas, de El nens salvatges, cuyo autor, Pablo Cervantes, está en Nueva York. Cuando tres miembros del equipo de la película empiezan a bajar por el patio de butacas, Santos abre corriendo el sobre, pide perdón y anuncia que ha habido un error. Para suavizar el traspié dice que hay dos sobres. Y lee a los auténticos ganadores: Chicuelo y Pablo Berger por No te puedo encontrar, que interpreta Silvia Pérez Cruz en Blancanieves. La cantante, Berger y el representante de Chicuelo suben con dudas al escenario.

Esas tarjetas-chuletas con el nombre de quién recoge en caso de ausencia del ganador se ven claramente cuando Candela Peña agradece su Goya a la mejor actriz secundaria. Del cuarteto solo estaba ausente Chus Lampreave, y si hubiera obtenido el cabezón se lo hubiera recogido Fernando Trueba. Peña cogió de recuerdo el sobre con su tarjeta y, además, la tarjeta-chuleta, con la que aparece en las fotografías. Más tarde en la zona de prensa la actriz enseñaba los dos cartones que eran muy diferentes y de distinto color.

El ganador, al hospital. Juan Antonio Bayona recoge, en una de las sorpresas de la noche, el Goya a la mejor dirección por Lo imposible. Cuando interrumpe su discurso para bajar a las butacas a regalárselo a María Belón, auténtica protagonista de la historia, y con los músculos agarrotados por los nervios, sufre una rotura fibrilar en su gemelo derecho. Como puede vuelve, y entre la emoción y los nervios acaba su discurso. Sube cojeando a atender a la prensa (donde le ayudan su hermano gemelo, su hermana y sus padres), llega el último a la foto de familia final, que se demora por esta causa. Empiezan las llamadas a los médicos: el de la Academia ya se ha ido de la gala, el del hotel no aparece. Belón, que es médico, impide a tiempo que alguien le dé un masaje para curarle: podría empeorar la lesión. Finalmente el SAMUR le traslada a la clínica San Camilo, donde médicos y enfermeros se hacen fotos con él. Ayer por la mañana, en la estación del AVE parte del equipo de Lo imposible se cruza con Vicente del Bosque y para la posteridad queda una foto del seleccionador nacional de fútbol, Bayona y sus muletas.

¿Y el ministro? Las cámaras de TVE, que retransmitieron en directo la ceremonia de los Goya, apenas enfocaron al ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, informa Rocío García. La única ocasión en la que se vio claramente al ministro fue al principio del espectáculo, en la primera salida de Eva Hache, cuando la presentadora se dirigió al propio Wert. Entonces se le vio sonriente, al lado del presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho. En las tres horas y 15 minutos siguientes, los cámaras no se acordaron del ministro, ni durante las reivindicaciones ni en la dura intervención del presidente de la Academia. Por cierto, la gala tuvo 3.917.000 telespectadores y un 22,2% de cuota de pantalla, la cuarta más vista de la historia, pero con 239.000 espectadores y 1,1% de cuota menos que el pasado año.

El Goya acabará en el mar. Al acabar la ceremonia, María Belón ya contó qué iba a hacer con el Goya a mejor dirección. “Se lo voy a devolver a sus auténticos dueños, a las 236.000 víctimas del tsunami”. No aclaró si viajará de nuevo a Asia o si lo arrojará desde las costas españolas.

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