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Los toros, un paso más cerca de ser bien de interés cultural

La ILP para convertir la fiesta en Bien de Interés Cultural sale adelante con los votos del PP, UPN y UPyD

El PSOE se abstiene

Dos manifestantes protestan contra las corridas de toros el día de la abolición en Cataluña, en 2010 ATLAS

La fiesta de los toros entró en el Congreso de los Diputados con la ayuda de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), avalada por más de 500.000 firmas, y salió triunfante con los votos del Partido Popular, Unión del Pueblo Navarro y UPyD, la abstención de los socialistas y la rotunda negativa de los catalanes y vascos e Izquierda Plural. Lo que se debatía era la admisión a trámite de esta iniciativa que pretende convertir la fiesta en Bien de Interés Cultural (BIC), que viene a significar el blindaje de la tauromaquia en todo el territorio nacional mediante la recuperación de las competencias en materia taurina por parte del Estado central, que se responsabilizaría de su promoción y desarrollo, si bien las Comunidades Autónomas no perderían su capacidad actual es esta materia.

Se ha celebrado hoy el primer tercio de un proceso legislativo que continuará ahora en la Comisión de Cultura del Congreso y seguirá en el Senado hasta su aprobación definitiva, que se espera se pueda producir allá por el mes de junio o septiembre.

Bajo la atenta mirada de un grupo de toreros, ganaderos y empresarios que asistían al debate plenario desde la tribuna de invitados, y el apoyo de centenares de aficionados concentrados frente al edificio del Congreso, los representantes políticos expusieron sus posturas sobre el mundo de los toros. Al final, todo quedó en una fuerte y triunfal división de opiniones, pues prevaleció el criterio de quienes solicitaban los trofeos, ya que la propuesta inicial contó con el favor del partido del Gobierno, que ostenta mayoría absoluta en la Cámara, al tiempo que el grupo socialista, el más importante de la oposición, optó por la abstención, mientras el resto del público -entiéndase, diputados- se debatía entre cuestiones populares, nacionalistas, culturales y, sobre todo, políticas, para justificar su cercanía o rechaza a la fiesta taurina.

Abrió plaza el popular Juan Manuel Albendea, aficionado documentado, quien defendió con ardor la fiesta y desgranó un pormenorizado recorrido por el carácter disciplinar de los toros como patrimonio cultural global; citó a numerosos pensadores y artistas, -filósofos, pintores, poetas, músicos, escritores y cineastas- mientras sus compañeros de hemiciclo charlaban animadamente, de modo que la presidenta accidental de la Cámara, Celia Villalobos, se vio obligada a llamar la atención por dos veces a sus señorías.

Pasada algo más de una hora de debate, le tocó el cierre al socialista José Andrés Torres Mora, quien realizó todo un ejercicio de malabarismo léxico y político para justificar la abstención de su partido. Dijo que la sociedad española está dividida: la mayoría declara que no le gustan los toros, pero también lo son quienes se inclinan por que no se prohíban. "La vida es paradójica", concluyó. "La seña de identidad de este pueblo", añadió, "es la inteligencia para llevar a cabo sus propias contradicciones". A su juicio, no hay un amplio consenso sobre la fiesta; consideró que está bien protegida y que los socialistas prefieren que todo se quede como está: las CCAA, con sus competencias, y el Estado, con las suyas.

Entre los primeros espadas, saltaron al ruedo los demás actuantes. En primer lugar, Monserrat Surroca, de CiU, amiga de Albendea, con quien ha asistido a una corrida en la Maestranza, lo que no impidió que mostrara la negativa de su grupo porque estaba convencida, dijo, de que ‘lo que se pretende es anular la decisión del Parlamento catalán sobre los toros e imponerlos en todo el territorio nacional’.

Alfred Bosch, de ERC, habló a continuación, y un segundo después estaba claro que es un furibundo anttaurino. Le siguió Carlos Salvador, de Unión del Pueblo Navarro, contento de que se pudiera aprobar una iniciativa que, a su juicio, comparten sus votantes. Más político se mostró Joseba Aguirretxea, que dejó claro que no se trataba de un debate sobre la tauromaquia, sino sobre el ámbito competencial de las CCAA en esta materia. Toni Cantó, de UPyD, rápido como un toro a la hora de desgranar argumentos, castigó a derecha, izquierda y nacionalistas por "su hipocresía sobre los animales". Por último, subió a la tribuna Chesus Yuste, de Izquierda Plural, y arremetió sin piedad contra la fiesta.

Al final, la mayoría del respetable pidió los trofeos, y el protagonista de la tarde, la fiesta, salió triunfadora. Pero este no es más que el comienzo de un proceso que acaba de comenzar y que no garantizará, ni mucho menos, que los toros vuelvan a Cataluña. Si, finalmente, se aprueba queda por delante un complejo problema jurídico (¿supone la ILP la derogación de las leyes autonómicas?) que no será nada fácil resolver.

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