Los Goya celebran a Concha Velasco

La actriz recibe el galardón de honor de la 27ª edición de los premios de la Academia

La actriz Concha Velasco recibe el Goya de Honor, en la tradicional fiesta de los nominados de los Premios Goya. / ULY MARTÍN

Los nervios no abandonan ni a los veteranos. Aún sabiendo que anoche no se jugaba nada, que algo bueno se iba a llevar a casa, la actriz Concha Velasco confesaba sus nervios antes de recibir el Goya de honor de la 27ª edición de los premios de la Academia de Cine en la gala de los finalistas que se ha celebrado en el auditorio de los Teatros del Canal de Madrid. “Los nervios son siempre necesarios. No se fíen de esa gente que dice siempre estar tranquila”, aseguraba la actriz, vestida de rojo y negro, que fue acogida con una gran ovación y todo el público puesto en pie. “No hay nada que me guste más que estar en un escenario y con un Goya. Era el premio que me faltaba”, dijo una llorosa y emocionada Concha Velasco, que se calificó a sí misma como una “humilde cómica”. A sus 73 años, la intérprete de Las chicas de la Cruz Roja o Pim, pam, pum…fuego y tantas otras, que empezó a trabajar “antes de que Franco fuera sargento”, ha confesado que para ella el cine es lo mejor de la vida.

Los brillos y la alegría de los nominados que acudieron a la ceremonia no pudieron ocultar las sombras y los miedos que se ciernen sobre la industria cinematográfica. Más clara no pudo estar Maribel Verdú, que se perfila como favorita a mejor actriz protagonista por Blancanieves, de Pablo Berger. “Ya se acabó. Hago la película de Gracia Querejeta y se acabó. Se están dando los últimos coletazos por la política de vendeta del Gobierno del Partido Popular contra la cultura”. “Estamos en un mal momento, en esta crisis no somos una excepción pero de lo que no hay ninguna duda es de que el talento de nuestro cine sigue intacto”, proclamó el presidente de la Academia, Enrique González Macho. Algo más optimista se mostró el realizador Pablo Berger que resaltaba la paciencia, la lentitud y el tesón como elementos necesarios para llevar adelante los proyectos y recordaba todas las curvas –“no me topé con ninguna recta”- por las que tuvo que caminar durante los ocho años que le costó levantar Blancanieves, que llega a la fiesta del próximo 17 de febrero con 18 candidaturas. “Si tienes que ir rápido a un sitio coge el camino más largo”, fue el consejo de Berger de cara al futuro, mientras se fotografiaba junto a los otros tres realizadores nominados, Fernando Trueba por El artista y la modelo (13 nominaciones), Alberto Rodríguez -Grupo 7 (17) y Juan Antonio Bayona -Lo imposible (14). Trueba, con un pin en la chaqueta que rezaba “Escuela pública de todo y para todos”, alabó la cosecha del cine de 2012 –“no hay que olvidar que estas películas son anteriores a los recortes del Gobierno, ya veremos lo que pasa a partir de ahora”-, mientras Juan Antonio Bayona, después de más de 130 millones de euros conseguidos en el mundo entero con su película Lo imposible, confesaba que lo mejor de esta gran aventura son los correos electrónicos que está recibiendo de algunos de los supervivientes del tsunami de Indonesia –“con tu película estamos volviendo a tener pesadillas, pero al despertarnos al menos podemos enseñar a nuestros amigos lo que realmente vivimos”, y Alberto Rodríguez no podía por menos de alegrarse de que su Grupo 7, una historia sobre policías corruptos que está ya fuera de la cartelera, se haya situado entre las favoritas del 2012.

La gala de los finalistas congregó a casi un centenar de posibles ganadores. Los veteranos y algo más acostumbrados a estas alfombras rojas se topaban con los advenedizos. Mientras José Sacristán paseaba con aire seguro ante su primera y feliz candidatura a los Goya por El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo –“ojalá que sea verdad que haya llegado mi hora, pero vaya usted a saber”- y Ángela Molina se confesaba cada vez más intrigada con los años, su compañera de reparto en Blancanieves, Maribel Verdú, llegaba con la tarea bien aprendida también por la experiencia. Se creyó favorita para los Goya con La buena estrella, de Ricardo Franco, en 1988 y se fue de vacío. Diez años más tarde, fue sin ninguna esperanza y se llevó un premio con Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta. Así que el próximo 17 de febrero, día de la fiesta de los Goya, Verdú solo pensará en sus contrincantes y en ensayar la cara que pondrá cuando no digan su nombre. “Mi premio es el de este maravilloso papel de madrastra, de mala malísima y sin tener que pedir perdón”. La que se estrenará en la alfombra roja de los Goya será Carmina Barrios, ese torbellino poderoso y auténtico, protagonista del debú en la dirección de su hijo, Paco León, con Carmina o revienta, uno de los títulos sorpresa de 2012, no solo por su retrato de una realidad tan cercana sino por haber marcado un hito en el panorama de la industria cinematográfica en España con el estreno simultáneo en salas, DVDs e Internet. Barrios llegó ayer acompañada de sus hijos Paco y María León, los tres nominados en distintas categorías, abrazados y mirándose arrobados. Mientras María le quitaba los brillos del rostro a su madre con un kleenex, Paco León hablaba de una posible Carmina 2. “Llegamos muy satisfechos, la película ha superado nuestras expectativas. No podemos pedir más”, decía el actor y realizador, mientras su madre, de negro y con una gran cadena dorada, se mostraba risueña pero nerviosa. “A mí esto me gusta pero tantas preguntas me aturden”.

Otro que caminaba con el rostro más que feliz era Enrique Gato, el realizador de Las aventuras de Tadeo Jones, que de momento ya ha hecho historia en los Goya, al ser el primer realizador de un filme de animación candidato a mejor director novel. Las aventuras de Tadeo Jones, que ha sido vendida a China y que en España ha recaudado nada menos que 18 millones de euros, está nominada también en el apartado de películas de animación. “Es un gustazo que hayamos llegado hasta aquí. El cine de animación en España responde a una sólida y potente industria, en la que hay muy buenos artistas. Todos los años hay un título que traspasa las fronteras y tiene una buena carrera internacional”, aseguraba Gato que resaltaba el excelente nivel de los realizadores noveles con los que competirá el 17 de febrero –Paco León (Carmina o revienta), Oriol Paulo (El cuerpo) e Isabel Ocampo (Evelyn).

No faltaron a la fiesta de anoche los actores José María Pou, casi desconocido de los kilos que se ha quitado de encima, Aida Folch o Julián Villagrán, así como la directora del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), Susana de la Sierra, además de numerosos representantes de la distribución y la producción. Hubo una bonita foto en el escenario con todos los posibles ganadores unidos por su amor al cine. También el que mostró el presidente de la Academia, Enrique González Macho, que no se calló ante la consejera de Empleo, Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, Ana Isabel Mariño, eso sí después de agradecerle la cesión de los Teatros del Canal para la celebración. Mariño se despachó a gusto con un largo y tedioso discurso, en el que se proclamó orgullosa de las ayudas a los cortometrajes. “Pues, consejera, después de los cortos tienen que venir los largos, porque aquí talento hay mucho”, le advirtió serio González Macho señalando al escenario repleto de creadores y artistas. Fue entonces cuando se oyó el segundo aplauso más sonoro de la noche, tras el ofrecido a Concha Velasco.

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