Jaime Salom, dramaturgo de los contrastes

El autor catalán quiso situarse entre un realismo amplio y el simbolismo de

la generación de la posguerra española

El dramaturgo Jaime Salom. / MARA SALA

El dramaturgo Jaime Salom, fallecido ayer a los 87 años en Sitges, población cercana a su Barcelona natal (1925), abandonó en los años cincuenta del pasado siglo una brillante carrera de oftalmólogo, en la que se había ganado un nombre, para dedicarse por completo a una pasión que no le abandonó hasta su muerte: la de dramaturgo. Un oficio en el que destacó convirtiéndose en uno de los autores españoles más significativos de la segunda mitad del siglo XX con obras como La casa de las Chivas, La gran aventura, Viaje en un trapecio, Falta de pruebas, La playa vacía, Los delfines y Las señoritas de Aviñón, entre otras muchas, ya que su producción sobrepasó los 100 títulos. Toda esa ingente producción teatral fue donada, por el propio autor, al Centro de Documentación y Archivo (CEDOA) que la Sociedad General de Autores tiene en Madrid y a la que Salom pertenecía desde hace años, llegando a formar parte de su junta directiva desde 2001.

El autor se consideraba, generacionalmente, entre los autores de la posguerra, junto a la generación que va de 1964 a 1976, como Buero Vallejo, Antonio Gala, Martín Recuerda, Carlos Muñiz y otros, pues “una posguerra dura, la de los años cuarenta, nos ha quedado como una cicatriz que aún duele los días de lluvia. Ese largo periodo de censuras y cortapisas nos marcó como una generación posibilista. Necesitábamos escribir y que nuestras obras tuvieran un público, para lo cual tuvimos que ceñirnos a lo que en el momento era publicable, aunque esto cercenara nuestra creación”, escribió.

En los años sesenta se convirtió en un valiente dramaturgo que llegó a utilizar en sus obras el contexto religioso y político para expresar sus rebeldías contra todas las opresiones y dictaduras. En esa época el gran experto sobre teatro José Monleón definía a Salom como “el autor de los contrastes como una permanente tensión entre la realidad social española y una realidad hipotética”.

Además, para muchos antifranquistas españoles, Jaime Salom fue quien dio a conocer muchos aspectos de Nicolás Franco, padre del dictador Francisco Franco, del que no se hubiera sabido nada si no es por este dramaturgo. Salom tuvo como una gran (casi) afición recopilar datos de este personaje, del que fue vecino durante muchos años en el centro de Madrid, donde vivió durante décadas hasta que hace unos meses se sintió mal de salud y regresó a su Cataluña natal. Tomó la figura del padre de Franco en su pieza El corto vuelo del gallo, donde convierte a ese personaje que el franquismo ocultó en la encarnación emblemática del republicanismo y de las libertades afectivas frente a la dictadura y al matrimonio indisoluble, sin escatimar otros datos familiares como la muerte de Ramón Franco, hermano del golpista anterior jefe del Estado español.

Entre sus obras destacan ‘La casa de las Chivas’ o ‘Las señoritas de Aviñón’

“Antes de llegar a ser conocido, su obra ya muestra cierta variedad temática y de géneros, y desde unas obras con problemas insinuados o arropados comprensivamente evolucionó a otras de temáticas más profundas; un teatro mucho más conflictivo, más crítico y testimonial, donde se desnudan las vergüenzas y el orgullo del ser humano desde perspectivas revisionistas, basadas en la autenticidad de los comportamientos y de la libertad”, señala Jesús Izquierdo Gómez, profesor de la Universidad de Granada y profundo conocedor de la obra de Salom.

La piel del limón e Historias íntimas del paraíso son obras suyas del periodo de la Transición convertidas en alegatos contra la concepción machista del amor y el matrimonio. El año que las escribió, 1978, declaraba: “Mi obra se ha intelectualizado en el transcurso del tiempo. Ahora soy más dialéctico, más testimonial. (…) No soy doctrina, no quiero enseñar nada, simplemente dejar constancia de lo que sucede a mi alrededor”.

‘El corto vuelo del gallo’ se basa en la figura oculta del padre de Franco

De sus obras dejaron constancia sobre los escenarios numerosos directores de escena como José Luis Alonso, Ángel Montesinos, José María Loperena, Manuel Manzaneque, Cayetano Luca de Tena, José Tamayo, José Osuna, Ismael Merlo, Alberto González Vergel, Javier Escrivá, Miguel Narros, Alberto Closas, Ricard Reguant, Manuel Galiana y Manuel Canseco, entre otros.

Además de pertenecer al Consejo de Teatro del Ministerio de Cultura hasta el año 1995, era consejero de honor de la Sociedad de Autores, presidente de honor de la Asociación de Médicos Escritores Españoles y académico de la Real Academia de Medicina de Asturias y León y de las Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Su larga trayectoria literaria, que se remonta a la década de los años cuarenta del pasado siglo, se vio recompensada con un teatro municipal que lleva su nombre en la localidad madrileña de Parla y numerosos premios, entre ellos el Nacional de Literatura, el Fastenrath, el Álvarez Quinteto, el Ciudad de Barcelona y tres veces el de la Crítica de Madrid, dos el de la Crítica de Barcelona y, recientemente, uno de los premios que otorga la crítica teatral de Nueva York, por la calidad de su obra. Una obra traducida a numerosos idiomas y representada en varios países europeos y americanos. De ellas se han hecho también versiones para el cine y la televisión. Además fue autor de varios libros de narrativa.

Padre de cuatro hijos de su primer matrimonio, se casó posteriormente con la actriz y escritora Montse Clot.

 

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