EN PORTADA/ ENTREVISTA

Toni Morrison: “Ahora son los afroamericanos los que mandan en la cultura de EE UU”

Toni Morrison emprende con éxito una nueva exploración: más contundencia con menos palabras sin perder su voz intemporal.

En 'Volver', la Nobel sigue rastreando la historia de los afroamericanos y mostrando las cicatrices de la sociedad.

Desde la esquina donde vive Toni Morrison se ve el pasado y el futuro de Estados Unidos: el Empire State y el ya casi terminado One World Trade Center, o Torre de la Libertad. Es uno de los pocos puntos donde a pie de calle, y con solo girar la cabeza a lado y lado, Nueva York regala este privilegio. Es mediodía, y mientras el mítico edificio de los años treinta se ve neblinoso, el remplazo de las malogradas Torres Gemelas y los rascacielos del sur de Manhattan son engullidos por la bruma.

No así el edificio donde vive Toni Morrison, una antigua y restaurada construcción de solo 13 plantas. Allí, la escritora, a sus 81 años, otea la vida de sus 12 novelas que son la historia sociopolítica de su raza que va entrelazada a la de su país: la de los esclavos, la de los afroamericanos y la de las influencias recíprocas entre ellos y el resto de la sociedad. “Lo que hago es quitar las tiritas para que se vea la cicatriz, la realidad. No hay que tener miedo de mirar al pasado porque sólo así se sabe quiénes somos”. Pasado y presente fundidos en sus palabras serenas que resumen parte de su trayectoria desde que empezó a publicar en 1970. Tenía 39 años. Un poco tarde para algunos. Naderías. Tras aquel debut, titulado Ojos azules, la escritora pronto se puso al día y echó por tierra varias teorías sobre las supuestas rutas que deben acompañar a un gran autor cuando en 1993, con seis novelas, obtuvo el premio Nobel de Literatura. Fue como una cerilla que encendió su lado más proteico porque desde entonces no ha dejado de explorar nuevas formas de escribir, rastrear las huellas de la Historia y dialogar con el lector. Su penúltimo desafío es Volver (Lumen), una condensación de su universo temático y estilístico: decir más con menos palabras.

¡Ding!... Y el ascensor se abre, Toni Morrison aparece y camina un poco hasta entrar sonriendo al salón de visitas de luz ambarina y chimenea de llamas silenciosas. Su rostro moreno resalta entre el pañuelo azul de arabescos blancos que cubre su cabellera grisacea hecha de rastas y el jersey burdeos combinado con un pantalón gris y unas ballerinas negras de punta cobriza. Nadie diría que tiene 81 años. Se sienta en un sofá beige y deja a su derecha las gafas antes de empezar a hablar de su evolución literaria en cuatro décadas y del peregrinaje emprendido:

En Volver busco llevar luz sobre temas como la segregación, las secuelas de guerras como la de Corea, racismo, prejuicios

“Estoy escribiendo mucho mejor ahora, con la habilidad de poder decir más en menos páginas. Volver le encantó al editor, al igual que Una bendición, mi anterior novela. Pero cuando leyó las galeradas me dijo que quería más páginas. Volví a casa, escribí algo más, revisé la novela y me di cuenta de que no necesitaba más. No quería molestar la estructura, me gustaba mucho y paré".

"Siempre he buscado producir un impacto poderoso en el lector con lo que escribo. Y con la brevedad como norma hay que ser muy cuidadoso en las descripciones para preservar lo que se desea transmitir. No quiero que la gente se distraiga ni un instante. Busco que el lector se entregue y quiera pasar las páginas rápidamente. El arranque de una novela es lo más importante para mí, al igual que el final. Me interesa una literatura con imágenes, con un lenguaje y unas palabras intensas donde cada una de ellas tenga su fuerza y su lugar preciso”.

“Escribo de esta manera porque me gusta leer historias así. Como las novelas de Dickens o Víctor Hugo que cuando uno empieza a leer ya está entregado y no quiere parar. Ese es el ritmo de lectura que siempre me ha llamado la atención. Antes de comenzar a escribir suelo saber cómo va a empezar y terminar la historia. Lo que no sé es cómo van a ser los personajes o los escenarios, aunque tengo una idea y la sigo. Entonces, lo que queda entre el comienzo y el final ya lo voy escribiendo”.

De lo que se trata es de ser dueño de alguien y ese poder lo ostentan aristócratas y políticos

Y ríe con verdadera alegría, de manera contagiosa. Nacida en Lorain (Ohio, 1931) y bautizada como Chloe Anthony Wofford, evoca su acercamiento a la escritura mientras su mano derecha juguetea con sus gafas sin mirarlas, y la izquierda sigue cerrada desde que llegó. Solo la abre un poco cuando entrecruza las manos sobre el vientre y hace girar los pulgares entre sí... Criada en un ambiente pobre, es una de los cuatro hijos de un obrero del acero y un ama de casa, y ella misma fue asistenta en su adolescencia. Luego se graduó en filología inglesa y trabajó como editora de Random House en Nueva York. En esa época fue cuando publicó su primera novela y creó su nuevo nombre recuperando su apodo familiar y el apellido de su exmarido: Toni Morrison. Así ha pasado a la historia de la literatura no solo por ser la primera mujer negra en recibir el Nobel, sino también por el Premio Nacional de la Crítica a La canción de Salomón (1977), el Pulitzer a Beloved (1987), el éxito de público y crítica con Jazz (1992) y ser miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras y del Consejo Nacional de las Artes. Una vida literaria en la cual ha contado Historia y dura realidad desde sus propias raíces en un lenguaje lírico impregnado de intemporalidad y con estructuras singulares, a veces como para ser leído en voz alta. Volver es eso. Busca desmitificar y desenmascarar los años cincuenta mostrando las manzanas del supuesto paraíso:

“Quiero descubrir una verdad sobre la vida cotidiana de Estados Unidos, la vida de los afroamericanos viviendo en un contexto histórico crítico que se ha ocultado. Existe la idea de que los años cincuenta eran como un cuento de hadas donde todos tenían trabajo, la sociedad iba bien, había programas de televisión con familias felices y una buena vida social y política. Ha proliferado la idea de unos años maravillosos, pero no era así. La verdad es que había luchas visibles y subterráneas. En Volver busco llevar luz sobre temas como la segregación, las secuelas de guerras como la de Corea, racismo, prejuicios, persecuciones por temas como el comunismo, desigualdades... Temas que la sociedad ha querido ocultar y olvidar”.

Si uno no reconoce su propio pasado, ¿de dónde va a sacar sus valores?

“A los países les gustan los cuentos de la patria porque le da seguridad a las personas. La realidad es una triste verdad donde tenemos mucho que ocultar y avergonzarnos. Lo que pretendo es mostrar que el conquistador es el que ha escrito siempre, no el que fue conquistado. Yo hice eso en Una bendición, en Amor y en mis otros libros. Busco hacerlo desde el lado del conquistado. Lo que hago es quitar las tiritas para que se vea la cicatriz de la sociedad, la realidad. No hay que tener miedo de mirar al pasado porque sólo así se sabe quiénes somos”.

Sentada allí, inmersa en luz ambarina, recordando la intrahistoria de su país y cómo la ha escrito, Toni Morrison podría ser Baby Suggs, la abuela de su novela Beloved. La matriarca que tras obtener la libertad evangelizaba armonía en un claro del bosque y que en sus últimos años tenía hambre de colores. Hoy sería el rojo. Por los rojos de la decena de plantas de pascua y los rojos brillantes de los adornos navideños del salón y el burdeos de su jersey. Ahora, empezará a desvelar las claves de sus principales temas, de sus obsesiones sin dejar de analizarlos en su situación actual. Su voz baja y nítida sobrevuela: la esclavitud, el racismo, la memoria, el pasado y lo oculto, la mujer y lo femenino, la amistad y el amor; todo bajo una presencia ausente: la muerte.

Time & Life Pictures/Getty Image

“En Una bendición, por ejemplo, indago en la esclavitud y la cultura afroamericana antes de que el racismo se institucionalizara. El racismo no tiene nada que ver con nuestra raza como seres humanos. Y sí tiene todo que ver con el poder, siempre ha sido así. La esclavitud tiene raíces en todo el mundo, no solo en Estados Unidos, también en España, Grecia, Rusia e Inglaterra. De lo que se trata es de ser dueño de alguien y ese poder lo ostentan aristócratas y políticos. La cuestión es la separación de la pobreza. Aunque en esa época había blancos que eran pobres, los políticos los separaron para debilitar a los negros y tener el control. ¡Siempre lo han tenido! Ellos se han beneficiado de los pobres y los han hecho sufrir, no importa la raza. Las raíces de esa estructura se aprecia en el sistema social actual”.

“Por eso, la memoria es esencial. Si uno no reconoce su propio pasado, ¿de dónde va a sacar sus valores? Si yo no recuerdo mi vida de hace diez o cinco años cómo voy a saber de dónde vengo, quién soy, qué es importante para mí. Tengo que conocer y reconocer el pasado porque algunos de esos aspectos me pueden guiar...”.

En 'Volver' están las mujeres del pueblo a quienes admiro como la esencia de lo que es la amistad desinteresada

“Abordo lo que las personas ocultan de su pasado, porque tiene que ver con la búsqueda de la verdad. Ocultar elementos del pasado perturba toda la vida y debe confrontarse en un momento dado para aspirar a una vida digna y feliz…”.

“La presencia de la mujer y lo femenino es esencial en mi obra. En Volver está en varios planos. Quise usar un hermano y una hermana porque en mi pensamiento la relación entre hermanos es pura, no tiene obstáculos como un hijo y su madre o un marido y su mujer. Frank observa a su hermana Cee y sabe que ella forma parte de la época más feliz de su vida. Así es que cuando él llega de la guerra de Corea y empieza un viaje para salvarla en realidad está buscando su propia salvación, reconciliarse con la verdad. Y aunque Cee no aparece, representa el aliento de Frank todo ese tiempo”.

Los pájaros cantan, el perro ladra, pero el lenguaje es lo que nos separa de poder comunicar ese amor…

“En Beloved, en cambio, puse una mujer como protagonista porque no estaba de acuerdo con alguna idea del feminismo en las grandes ciudades de los años ochenta. Una de sus banderas era el derecho a no tener hijos, a ser dueña de su propio cuerpo, y, bueno, mirando al pasado descubrí que las mujeres de entonces buscaban tener hijos como un derecho. Justo lo contrario. Buscaban el derecho de poder criarlos, cuidar de ellos. En Beloved hay una mujer que es tan dueña de sus hijos que hasta los puede matar y esa es una idea revolucionaria…”.

“Muestro la amistad en sus diversas facetas. En Amor la uso como un elemento dramático: dos amigas que se quieren mucho, se separan y cuando se reencuentran se odian. En Zula, donde dos amigas crecen juntas, una traiciona la otra y surge el odio pero cuando una muere aparece una tristeza profunda. En ellas se pueden observar los límites de la amistad. En Volver están las mujeres del pueblo a quienes admiro como la esencia de lo que es la amistad desinteresada”.

No hay duda, Toni Morrison es Baby Suggs, deseosa de un color cada día. Es ella, la esclava libre, ella misma, Chloe Anthony, y todas las mujeres. Es el turno de uno de sus temas cruciales, del que, tal vez, mejor reflejan al ser humano, el amor:

“Nosotros como seres humanos somos las únicas criaturas de este mundo que aman… Los animales pueden proteger sus crías, pero no saben qué es amar, no lo pueden expresar y el lenguaje es algo exclusivo de nosotros, el lenguaje es nuestra herramienta para poder expresar ese amor. Los pájaros cantan, el perro ladra, pero el lenguaje es lo que nos separa de poder comunicar ese amor… Hay muchas formas de amor: a Dios, a la familia o a tu país, pero de todos ellos el amor a la pareja es el más real. Aunque hoy en día, en nuestra sociedad, observamos el amor más por los lentes del sexo. En mis libros empleo el sexo como un impulso, un incentivo, pero no es suficiente, entonces lo uso más como un guía… Hoy en día si uno se fija, las mujeres están mas desnudas. Hay una distorsión debido a que se ve como entretenimiento, demasiado fácil y económico, es puro capitalismo… Por ejemplo, en la promoción de la nueva versión cinematográfica de Anna Karenina, de Tolstói, lo que anuncian son las imágenes de cama, y roban la esencia de la historia”.

Es esa mezcla de comida, música, lenguaje la que le va a dar una riqueza a este país en los años venideros...”

Se deja caer suavemente sobre su lado derecho mientras las llamas mudas de la chimenea hacen emerger de su cara diminutos y fugaces destellos dorados que delatan la coquetería de una fina capa de polvo. Sus palabras se enrutan por la situación de los inmigrantes, del futuro de su país frente al tema del mestizaje y de la economía…

“Algo que representa a este país es la llegada de los inmigrantes, que muchas veces se olvidan de su pasado. Tal vez es una necesidad de buscar una clase de inocencia, de empezar; en lugar de aceptar la madurez que es requerida para seguir adelante como adultos. En Volver, por ejemplo, no sabíamos cómo titularla en Francia. El título original es Home que en francés no tiene el mismo sentido que en inglés, que significa de dónde soy, comunidad, hogar, mientras en francés esa palabra significa casa, estructura. En fin. Home, es ese deseo, ese hambre de recordar, de regresar, de buscar a donde uno pertenece, de dónde somos los norteamericanos. Cuando los africanos llegaron aquí como esclavos fueron separados y no permitieron que se casaran, que tuvieran hijos, los separaron por dialectos para que no pudieran comunicarse. Les robaron cualquier idea de hogar, de comunidad. Pero hoy los afroamericanos han infiltrado el sistema. Ahora son ellos quienes mandan en la cultura, el lenguaje, la música, el estilo y lo han hecho como un virus saludable para la sociedad porque han podido impulsar sus creencias y su cultura… Los republicanos tienen miedo porque ven que este país está cambiando. Les asusta la idea de perder el Estados Unidos tradicional según sus convenciones”.

Todo trata de la riqueza, y es difícil analizar el valor de un ser humano con el precio de existir como ser humano.

“La riqueza de este país es esta mezcla. Todos somos inmigrantes. Los indios ya no existen porque los mataron. Es esa mezcla de comida, música, lenguaje la que le va a dar una riqueza a este país en los años venideros...”.

"La situación de crisis económica que afrontamos tiene que ver con la valoración que hacemos de la riqueza. Quién tiene dinero, quién nunca va a tenerlo, de dónde viene... Todo trata de la riqueza, y es difícil analizar el valor de un ser humano con el precio de existir como ser humano. Requiere mucha creatividad y fuerza ser una persona pobre y empobrecida. Yo crecí en una familia pobre y nadie tenía vergüenza de ser pobre porque todos éramos así. A mi pueblo llegaron italianos, húngaros… Allí la gente se dedicaba al hierro y compartíamos, inventábamos cómo crecer. Algunas características de una comunidad pobre deberían resonar en esta vida. No deberíamos esperar a que haya una tragedia como el huracán Sandy para que seamos justos y mostremos los colores de un ser humano, nuestra solidaridad. Deberíamos ser así siempre. Estamos en peligro de representarnos la vida valorándola solo a través de la riqueza, y ese es uno de los peligros del presente: afirmar que eso significa vivir una vida buena. Hay pobrezas extremas, gente que no tiene acceso a agua y servicios básicos de salud o educación que ya forman parte de la estructura social. Hay personas que se están quedando con los recursos de un país. Hay riqueza pero les conviene mantener pobres a los pueblos. Eso es el capitalismo… El cambio climático, además, va a cambiarlo todo”.

Toni Morrison respira profundamente y agradece no haber hablado de un tema sobre el que ya lo ha dicho casi todo: Hilary Clinton y Barack Obama, que asumirá su segundo mandato pasado mañana, y cuya primera victoria la hizo sentir verdaderamente estadounidense, por primera vez. Sonríe y su mano va al pequeño dije de su cadena con forma de corazón sacado a una piedra amarilla sin nombre conocido. Pertenecía a uno de sus hijos fallecido hace un par de años. Sin dejar de hablar de la esperanza en que su país saldrá de la crisis, sale del salón para tomar el ascensor. ¡Ding! Entra en él y cuando se gira se despide con la mano izquierda de donde escapa un tímido y fugaz tintineo de las llaves de su apartamento. Afuera, la bruma ha devuelto la nitidez a los rascacielos y el Empire State y el One World Trade Center alcanzan a mirarse de nuevo.

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