El Concierto de Año Nuevo rendirá tributo a Wagner y Verdi

El austriaco Franz Welser-Möst explica las claves del concierto que dirigirá por segunda vez

El bicentenario de los dos grandes compositores se cuela en el programa

El director Franz Welser-Möst dirigiendo a la Filarmónica de Viena en el Concierto de Año Nuevo de 2011. / Wolf-Dieter Grabner

Como no es algo habitual cumplir 200 años, y menos si se trata de dos de los grandes pilares de la historia de la ópera, el próximo Concierto de Año Nuevo saldrá de su habitual encasillamiento y rendirá tributo a Richard Wagner y Giuseppe Verdi. El austriaco Franz Welser-Möst (director de la Cleveland Orchestra y de la Viena Staatsoper), que dirigirá a la Filarmónica de Viena en tan señalada fecha por segunda vez en tres años, ha desvelado en conversación con EL PAÍS algunas de las claves del concierto. “Habrá un montón de piezas nuevas, esta vez especialmente de Joseph Strauss. Abordaremos nueve de sus piezas que nunca se habían tocado aquí. Y, por supuesto, rendiremos tributo a Richard Wagner y a Giuseppe Verdi en el año de su aniversario”.

Como manda la tradición, la orquesta repasará en la primera parte del concierto algunas piezas que guardan relación con la biografía del director. Entre ellas, un vals que Strauss dedicó a su mujer (que se llamaba Angelika, como la de Welser-Möst) y otro vals que nunca se ha tocado y que se llama Aus den Bergen (Desde las montañas). “Y yo soy un gran montañista”, señala el director austriaco, de 52 años. Así que todo encaja.

El acercamiento a Wagner y a Verdi se produce de diferentes maneras. La primera relación, recuerda Wlser-Möst, la establece la Johann Strauss Kapelle, “que tocó la primera nota del compositor que sonó en Viena”. Pero este año, la orquesta interpretará también el Preludio del tercer acto de Lohengrin para recordar al compositor germánico. El último bloque del concierto tiene más que ver con Verdi. La música contendrá constantes referencias a Italia, dice el director, y se interpretará un fragmento de Don Carlo.

El concierto, que se retransmitirá a 81 países el primero de enero y que está tradicionalmente marcado por los valses tiene para el director de este año un significado especial. Aunque a muchos les pueda parecer que la música que tradicionalmente se interpreta es demasiado ligera. “Yo crecí con este tipo de música. Es un dialecto especial… y poder tocarlo con una orquesta como esta es una experiencia única. Tienes el sonido adecuado y una orquesta que habla ese dialecto. No solo los valses, también saben perfectamente como tocar una polka correctamente. Hay un montón de retos rítmicos en esta música. Y no, no es fácil tocarla. Tiene que ser elegante, refinada, muy sutil… es muy difícil conseguir eso. Cuando diriges una sinfonía de Mahler tienes, pongamos, 16 temas diferentes, transiciones de tempo, tienes que expresar bien los colores… Pero en un programa así tienes 200 melodías distintas, y 200 diferentes tempos o transiciones. Y eso es una enormidad comparado con un concierto normal”.

Lo que no habrá es alguna referencia a la crisis a los conflictos que azotan el mundo, como sí han hecho en alguna ocasión predecesores suyos como Daniel Barenboim o Nikolaus Harnoncourt. Y eso que Franz Welser-Möst es firme y públicamente contrario a los recortes en la cultura.

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