Franzen: la novela contra Twitter

El escritor defiende la energía de la ficción frente a la “adicción” a las nuevas tecnologías

Guadalajara (México) 26 NOV 2012 - 02:02 CET

El escritor estadounidense Jonathan Franzen.

El novelista Jonathan Franzen (Chicago, 1959) dejó el domingo en Guadalajara una estela de simpatía y modestia desde el momento en el que arrodillándose teatralmente ante Silvia Lemus, la viuda de Carlos Fuentes, recibió la medalla que lleva el nombre del escritor mexicano en la inauguración del Salón Literario de la 26 edición de la Feria Internacional del Libro.

El autor de Las Correcciones (2001), libro del que se han vendido 2,8 millones de ejemplares en todo el mundo, Libertad (2011) y el reciente volumen de ensayos, Más afuera (Salamandra, 2012) declinó asumir el papel del escritor que mejor encarna el “espíritu de los tiempos”, con mayúsculas, y orientó su charla con su colega mexicano Jorge Volpi hacia la construcción de la novela, la creación de personajes, los efectos de las nuevas tecnologías, la política de EE UU y las relaciones entre el escritor y sus lectores.

Tras hacer una advertencia —”cuanto más hable de cómo se escribe una novela menos respeto van a tener ustedes por los novelistas”—, Franzen desgranó algunas de las ideas que lo han convertido en uno de los autores más importantes de lo que va de siglo:

La novela: “No fue hasta la tercera edición, que Daniel Defoe admitió que se había inventado a Robinson Crusoe y eso fue lo que hizo que la novela alzara el vuelo, que funcionase la conexión entre el escritor y el lector, cuando este sabiendo que el personaje era ficticio pudo identificarse con él. La novela consiste en la conexión en el tiempo y en el espacio entre el escritor y el lector a través de personajes inventados, y para hacer eso el autor tiene que amar a sus personajes”.

Los personajes: “Un novelista se proyecta a sí mismo en fragmentos y crea personajes. Y yo tengo más personalidades de las que necesito. Muchos están basados en mi madre, en mi familia y en mis amigos más cercanos. Otros proceden de gente que conocí y luego no volví a ver jamás o de alguien que tenía una voz que me impresionó”.

Los lectores: “No quiero excluir a ningún tipo de lector y tampoco a los conservadores. Es importante no abusar de su confianza. Mis libros están dirigidos a un público que no se conforma, que no es feliz con las narrativas sencillas. Creo que mi tipo de lector es aquel que se aburre cuando ve fotos de comida en las redes sociales”.

Las nuevas tecnologías: “No me opongo al libro electrónico, pero como creador de contenidos me preocupa que la gente deje de pensar en el libro como algo por lo que se tiene que pagar. Los teléfonos móviles, Facebook, Twitter, etcétera, francamente me parecen adicciones, tienen un efecto paliativo, pero no establecen conexiones reales, humanas. La novela es una buena oportunidad para liberar a la gente de esas adicciones”.

Libertad: "Quise escribir la historia del matrimonio de mis padres, pero no me interesaba describir la década de los cuarenta o los cincuenta que no conocí y traté entonces de imaginarme cómo hubieran sido mis padres si hubieran nacido en mi generación. Decir lo indecible solo es posible a través de la imaginación”.

La política: “Durante los años de Bush se abusó de las personas buenas. La gente creyó al presidente cuando dijo que Irak tenía armas de destrucción masiva o que Sadam Husein era un peligro para la seguridad mundial. En 2004 estaba tan enojado que no podía escribir. Libertad despegó al día siguiente de la elección de Obama. Mis niveles de ira bajaron de la noche a la mañana. Como ciudadano soy demócrata, pero como escritor no tengo partido”.


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