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Fallece a los 86 años el filósofo Agustín García Calvo

Ensayista, poeta, dramaturgo, traductor y profesor, fue apartado de su cátedra durante el franquismo, por apoyar las protestas estudiantiles

Ha fallecido a los 86 años en el hospital de Zamora a causa de una insuficiencia cardiaca

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El filósofo Agustín García Calvo, durante su participación en el I Congreso Internacional Nudo Mediterráneo, en 2004.

Agustín García Calvo, uno de los principales latinistas españoles del siglo XX, ha fallecido hoy con 86 años. Ensayista, poeta, dramaturgo, traductor, filósofo, García Calvo fue también y siempre un pensador polémico. Tanto que el franquismo le apartó de su cátedra en la universidad Complutense de Madrid por apoyar las protestas de los estudiantes. Aunque finalmente, años después, fue nombrado catedrático emérito de Filología Clásica del mismo centro.

En el fondo, el pensador, que falleció en el Hospital Virgen de la Concha de Zamora debido a una insuficiencia cardíaca, no renunció nunca a oponerse al sistema. Desde el nacimiento del movimiento, el año pasado, acudía cada jueves a las concentraciones del 15-M en la madrileña puerta del Sol para "hablar con los jóvenes", como cuenta Isabel Escudero, su pareja desde hace 36 años. "Lo que más me consuela después de su muerte es la cantidad de jóvenes que ha dejado tras él y tras su pensamiento. Gente viva, del 15-M, y no de la Cultura en mayúsculas, que siempre ha mirado para el otro lado", añade Escudero.

Hasta la semana pasada García Calvo estuvo en la tertulia que organizaba semanalmente en el Ateneo. En la última, habló sobre física y matemáticas en una conferencia llamada Uno más uno son dos. Escudero destaca “el vigor y la gracia que ha mantenido hasta el último día, también cuando ya estaba enfermo”.

En julio el filósofo sufrió una parada cardíaca por la que tuvo que ser hospitalizado en Madrid. Desde entonces, estuvo viviendo en Zamora, hasta que ayer volvió a tener el mismo problema. De ahí que fuera ingresado en el centro clínico de la ciudad. Murió hoy poco después del mediodía, por las consecuencias de esa parada cardíaca.

García-Calvo se encuentra en el tanatorio La Soledad de Zamora y mañana será enterrado a las 17.00 en el cementerio municipal de la ciudad.

En Zamora García-Calvo nació, en 1926. Estudió Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, y a partir de 1951 se convirtió en profesor de instituto. En 1965, privado de su cátedra en Madrid junto a José Luis Aranguren y Enrique Tierno Galván, se fue en exilio a Francia, donde sí pudo seguir enseñando, tanto en la Universidad de Lille como en el Collège de France. En París también fundó y coordinó una tertulia política y literaria en el café La boule d'or del Barrio Latino.

En España en cambio lanzó en 1988 el proyecto de una Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje, para reconciliar disciplinas a las que la enseñanza había ido alejando hasta confinarlas en los compartimentos estancos de la filología, las matemáticas y el teatro. La iniciativa duró hasta 1991, aunque el filósofo quiso retomarla en 2010. Sea como fuere, García Calvo no sufrió especialmente por el final del proyecto. "Aquello fracasó, como fracasa todo lo que puede herir. El éxito solo llega a aquello que no hace daño a nadie, a aquello que sigue la corriente", contaba a este periódico en una entrevista de 2010.

Entre sus obras más importantes se encuentra la trilogía compuesta por Del lenguaje, De la construcción (Del lenguaje II) y Del aparato (Del lenguaje III), en las que desarrolló su teoría general sobre el lenguaje. Con Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, una recopilación de sus artículos, obtuvo en 1990 el Premio Nacional de Ensayo.

“Agustín era un hombre muy riguroso, siempre muy socrático. Creo que ha sido el último Sócrates”, asegura Escudero. Sobre el filósofo griego, García Calvo escribió algunos de sus textos más famosos, como Lecturas presocráticas y Lecturas presocráticas II. Otras de sus conocidas reflexiones filosóficas son Razón común, Contra el tiempo, De Dios y Contra la Realidad.

Recibió también los premios nacionales de Literatura Dramática y de Traducción, respectivamente por La Baraja del rey don Pedro y por el conjunto de su obra.

"Era un hombre atípico, único e inconfundible, siempre alejado de modas y al margen de la vida cultural oficial", ha declarado a la agencia Efe Fernando Savater, que fue alumno de García-Calvo cuando daba clases en una academia de Madrid.

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