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Muere Hans Werner Henze, uno de los pilares de la ópera contemporánea

El compositor alemán, uno de los más influyentes y prolíficos de la segunda mitad del siglo XX, falleció en Dresde (Alemania) a los 86 años

Hans Werner Henze fotografiado el 18 de diciembre de 2009.
Hans Werner Henze fotografiado el 18 de diciembre de 2009. EFE

Le gustaba vivir rodeado de orquídeas, en un hogar que parecía un museo sumergido entre miles de partituras encuadernadas y porcelanas de perros. De galgos, sus favoritos, según relató en una entrevista concedida a este periódico a finales del año 2004. “Los galgos ingleses son la criatura más bella del mundo”, decía entonces el compositor desde su casa a las afueras de Roma acompañado por casi un millar de obras de arte. Amaba la pintura y la escultura, pese a estar enamorado, sin remisión, de la música.

Hasta ayer, este hombre comprometido y prolífico, era probablemente el músico alemán más alabado de la segunda mitad del siglo XX. Tras su muerte a los 86 años, Hans Werner Henze deja un inmenso legado de 30 óperas, 10 sinfonías y 11 ballets, obras de cámara, oratorios y hasta un réquiem compuesto por nueve conciertos sagrados. Obras que se interpretan con asiduidad en todos los rincones del planeta. Pero su fama no se debía tan solo al brío de su música y de su torrente de pentagramas, además, era admirado por su compromiso político. Werner Henze mantuvo siempre una afinidad sin fisuras al ideario socialista y denunció el nazismo en su juventud pese a que su padre insistió en alistarle en las Juventudes Hitlerianas. Ni siquiera flaqueó cuando fue prisionero de guerra del Ejército británico. Era un hombre de una curiosidad asombrosa que hablaba -además de su lengua materna, el alemán- perfectamente el italiano, el francés y el inglés. Coqueteó también con el español, un idioma del que nunca quiso alejarse desde que compuso su primera ópera basada en El retablo de las maravillas de Cervantes, en 1948. 

Nació en Gütersloh, al noroeste de Alemania, en 1926. Durante la convulsa época de la república de Weimar y en los primeros años del nazismo, Henze estudió música en un conservatorio y por la tarde tocaba música en un hogar judío. Con la llegada de la guerra, el joven perdió a su padre en el frente oriental y él mismo fue reclutado como radiotelegrafista. Con el Ejército alemán en retirada, fue hecho prisionero por los británicos en 1944. “Miro hacia esos días con tristeza y asco, con un desprecio que nunca me ha abandonado”, recordaba en una entrevista en 2004.

Henze siempre quiso ahuyentar esa época de su mente, borrar todo lo que le recordase el nazismo y el comportamiento de sus compatriotas durante aquellos infaustos años. Y eso incluía a Richard Wagner. “Detrás de esas notas se esconde esa Alemania, ese espíritu alemán que odio. Si hubiese vivido en la época nazi, Wagner habría sido uno de ellos”, afirmaba. A pesar de esta antipatía, Henze lo estudió minuciosamente durante toda su vida. .

Tras la guerra acudió como muchos otros jóvenes compositores a los cursos musicales de Darmstadt, donde se forjó la generación de músicos de la segunda mitad del siglo XX —el francés Pierre Boulez y el alemán Stockhausen, entre ellos—, en busca de un camino a seguir. En Darmstadt vio peligrar su libertad como creador y como persona. La homosexualidad que nunca ocultó también provocó que se aislase socialmente.

El príncipe de Homburg (1958), compuesta en colaboración con la poeta austriaca Ingeborg Bachman, El joven Lord (1964), Elegía para jóvenes amantes (1961) y Las Basáridas (1964) son algunas de sus creaciones más celebradas. Su compromiso político también influyó de manera determinante en su carrera musical, sobre todo con obras como Vamos al río (1974-1976) o su novena sinfonía, una obra coral en siete movimientos. Estas últimas creaciones estuvieron marcadas por acontecimientos como la revolución cubana o las revueltas estudiantiles de mayo de 1968.

Uno de los episodios más recordados y polémicos de su biografía sucedió ese convulso año del 68 en Hamburgo. La policía irrumpió en el estreno de su oratorio a la memoria del Che Guevara, La balsa de la medusa, después de que unos estudiantes colocaran una bandera roja en el escenario.

A pesar de que sus obras se podían ver en teatros de todo el mundo, este compromiso político provocó que fuese visto con recelo por parte de algunos países de Europa. En España, el régimen franquista impidió que se estrenasen sus óperas, lo que hizo que Henze fuese casi desconocido en el país. “Me están descubriendo ustedes con un cierto retraso”, recriminó burlonamente a la prensa española en su visita de 2007.

Pese a ese tardío descubrimiento, Henze era un enamorado de España y de su arte. De hecho cinco de sus trabajos tienen textos de autores españoles, como Lope de Vega o Federico García Lorca.

En 2004 el compositor alemán presentó su autobiografía, Canciones de viaje con quintas bohemias, donde repasa sus relaciones con escritores, músicos, artistas a lo largo de una vida repleta de arte y lucha.

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