Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Comedia negra, pulso intelectual, crudeza y desternille

Javier Gutiérrez y Luis Bermejo protagonizan y producen 'El traje', escrito y dirigido por Cavestany

El montaje llega al Teatro Galileo, de Madrid, pasando el fin de semana por Alcalá de Henares

Javier Gutiérrez y Luis Bermejo, en un momento de 'El traje'.
Javier Gutiérrez y Luis Bermejo, en un momento de 'El traje'.

Son dos actores buenos. Muy buenos. Mediáticos, populares; se les amontona el trabajo y tienen dos cabezas (encima de los hombros) que no se conforman con aceptar lo que les llega, que no es poco, por lo que no paran de pergeñar proyectos propios, difíciles, incómodos de encajar en sus abultadas agendas, económicamente nada rentables y para ponerlos en pie se convierten en productores de sus propios sueños, con Producciones El Zurdo y Carrallada Show.

Javier Gutiérrez y Luis Bermejo son los protagonistas de El traje, obra escrita y dirigida por Juan Cavestany, que se puede ver a partir de ya. Hoy y a partir del día 30 en el Teatro Galileo y mañana viernes 26 y pasado sábado 27 en el único en su género Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Y antes estuvieron unos días en la pequeña y alternativa sala Kubrik Fabrik de Usera. Su deseo es que llegue a todo tipo de espectadores.

El traje es una comedia negra en la que dos personajes, un vigilante de seguridad y un cliente de grandes almacenes, mantienen un pulso intelectual y físico lleno de tensión, crudeza, suspense y humor delirante. La narración se desarrolla íntegramente en una localización, aunque hay otras dos muy presenten que si bien no se ven están permanentemente pendulando sobre la historia, como si se tratara de una bola de demoler edificios a punto de impactar: por un lado están las llamadas de su casa que recibe el hombre por teléfono y la habitación anexa, donde el vigilante esconde algo que marcará el destino de ambos.

El traje pretende alertar, en un tono de comedia realista y atroz, sobre cómo la voracidad del sistema nos convierte en depredadores y cómo el deseo de lo material pervierte la naturaleza humana más esencial. La obra trata de la corrupción política y la corrupción del alma, de la soledad y de un momento, el actual, en el que quizá estemos a tiempo de cambiar todo eso”, señala Cavestany, mientras sus actores aseguran que también se trata de un thriller: “Tiene suspense, con esos dos tipos encerrados en un cuarto de seguridad de unos grandes almacenes, donde ha ocurrido un hecho insólito en el primer día de rebajas”, y añaden, “hay un altercado y un vigilante interroga a un cliente, y en ese interrogatorio hay una serie de sucesos que hacen que estos dos personajes se despojen de su vida; la obra es muy interesante, nos fascina, además tiene ecos de Pinter, de Beckett, de Mamet…”.

Gutiérrez hace un curioso paralelismo al identificar los grandes almacenes con el mismísimo paraíso: “Así se les ve en una sociedad tan consumista como la nuestra, pero en cambio donde están los personajes es en las entrañas de un centro comercial, lo que hacemos, junto a los espectadores, es bajar a las entrañas de ese paraíso, que no es otro sitio que el infierno…, y cuanto más angustioso es todo, más disfruta el público, porque el mal ajeno nos provoca la risa constante”, dice mientras su compañero añade: “las situaciones límite en las que se ven estos dos provoca una risa descacharrante”, y continúa, “los personajes están llenos de misterios recovecos, para mí es una función que a veces podría parecer inspirada en 1984, la contrautopía de Orwell, y si bien ahora necesitamos más que nunca la utopía, esta propuesta es todo lo contrario”. Bermejo coincidirá con dos trabajos suyos en la cartelera madrileña. Este montaje y su dirección en la obra Yo soy don Quijote, de José Ramón Fernández, con ayuda de Cervantes, protagonizada por José Sacristán que estará en el Teatro Español. Y cuando termine este trabajo le veremos en el Teatro de la Abadía con Maridos y mujeres, de Woody Allen y dirección de Àlex Rigola. Además actúa en la serie de Tele 5 Familia y acaba de estrenar la película El señor, de Juan Cavestany.

Claro que su compañero de reparto, Javier Gutiérrez, no se queda atrás. Además de volver una nueva temporada a televisión con la exitosa Águila Roja, empieza a ensayar ¡Ay, Carmela! De José Sanchis Sinisterra con dirección de Andrés Lima (con quien tanto ha trabajado en Animalario) y producción de Andrés Vicente Gómez. También va a estrenar la última película de Emilio Aragón, A nigth in old Mexico; un filme de Óscar Santos, Zipi y Zape y el club de la canica, sin olvidar que en breve llegará a las pantallas la segunda parte de Un franco catorce pesetas, a la que su director Carlos Iglesias ha llamado Dos francos cuarenta pesetas. Y en el horizonte tiene el rodaje de El niño, de Daniel Monzón y una vez más con Luis Tosar.

Dadas su hiperactividad se podría pensar que El traje podría tener una muerte prematura. Pues todo lo contrario. Como son ellos mismos los productores y tienen mucho, pero que mucho interés por el espectáculo, piensan dejarlo en repertorio y cada vez que tengan un hueco en sus agendas representarlo donde haga falta.

Aunque se conocen desde hace mucho, nunca habían hecho nada solos. Ahora andan entusiasmados por trabajar cada uno con el otro: “Es fascinante ver a Javier en directo, no conocía unos ojos tan penetrantes y transparentes”, señala Bermejo, mientras Gutiérrez también piropea a su compañero: “Trabajar con Luis y es como trabajar con dos actores más, por un lado lleva dentro a un Luis de Funes y a un Jacques Tati”. Y ambos señalan: “Por muy mal que lo pasen los personajes, nosotros en escena nos lo pasamos muy bien, es una obra de estimulación en mitad de este terror ideopático, y una buena de vía de escape a lo que estamos viviendo, porque a través del humor salimos esclarecidos; en estos momentos tan duros no podemos bajar los brazos; es precisamente en estos momentos cuando las ideas, el entendimiento, la comunión de ideas, el reinventarse… todo tiene que salir”, y añaden, “aunque nos hagan lo de la subida del IVA cultural y otras faenas no vamos a quedarnos en nuestra casa”.