Los recuerdos expiatorios de un forzudo que llegó a gobernador

Arnold Schwarzenegger presenta sus memorias “con todos los días amargos”

Noviembre de 1967. Con 20 años 'Arnie' promociona por Múnich el gimnasio en el que entrenaba. “A pesar del frío, me divertí bastante”. / rolf hayo (r. p.)

Un libro que empieza con “Nací en 1947, un año de hambruna” y acaba con “Como decía Eleanor Roosevelt, ‘Haz todos los días algo que te dé miedo’. ¡Que no perdamos nunca el entusiasmo!” huele a manual de autoayuda.

Sin embargo, las memorias de Arnold Schwarzenegger, tituladas Desafío total. Mi increíble historia (Ediciones Martínez Roca), son más una expiación que una alabanza al ego... que también lo tiene, y mucho, el exGovernator. Aunque no llega a la obra cumbre de la literatura biográfica de autobombo en Hollywood —Kirk Douglas y su El hijo del trapero, inigualable canto egolaudatorio— el libro de Schwarzenegger describe un Arnie con olfato brutal para los negocios (todos le salen bien), obsesionado con llegar a Estados Unidos (lo hace y triunfa, claro), que pasa de número 1 del culturismo a número 1 del cine sin casi aspavientos, que se casa con una Kennedy a pesar de ser republicano, que tiene éxito como gobernador de California... Dos cosas salvan las memorias: igual que habla de triunfos relata a corazón abierto cómo coqueteo con los esteroides o cómo engañó a Maria Shriver Kennedy, su esposa, en varias ocasiones —el día después de acabar su mandato en 2011, ella le confiesa que sabe que Schwarzenegger tiene un hijo ilegítimo con una de las criadas y se separan—, y están endiabladamente bien escritas. Tampoco aquí Arnie se anda con mentiras: en los agradecimientos el primero que aparece es su “coautor, Peter Petre” y más tarde nombra a la redactora de los capítulos políticos.

“¿Obama o Romney? No lo tengo claro”, dice el exgobernador republicano

Justo cuando el volumen de 677 páginas sale a la venta, Arnold Schwarzenegger pasa este fin de semana en Madrid, en la promoción de su evento deportivo Arnold Classic Europe. Ayer, Arnie se levantó con poca voz, por culpa del tour de promoción del libro. Las entrevistas sufren recortes de tiempo, pero su presencia está asegurada en un acontecimiento que lleva montando en EE UU desde hace décadas. Su séquito, más de 50 personas, aparece a su vez rodeado de otro séquito, el español, encabezado por señores mayores y bajitos, anchos de espaldas, todos con blazers y corbatas azules con un extraño y fastuoso escudo, el de la Federación Internacional de Culturismo. “Empecé a hacer ejercicio. Ese verano \[de la adolescencia\] tuvo un efecto milagroso en mí. Dejé de existir y empecé a vivir”, escribe, tras su descubrimiento de las pesas en un gimnasio en Graz. Ese es el mundo en el que empezó el austriaco, nacionalizado estadounidense en 1983, un mundo en el que es Dios.

Me duele la crisis actual. Los españoles merecen algo mejor

Arnold Schwarzenegger

Detrás del pelotón, un Arnie envejecido: en las fotografías del libro se ve cómo los dos últimos años de mandato y su divorcio le han echado lustros a la cara a paladas. Schwarzenegger se derrumba sobre un sofá, sus ojos se achinan y centellea su anillo con una calavera, regalo de Sylvester Stallone por participar en la saga Los mercenarios. Pero ahora toca hablar de su libro: “He intentado presentar todos los hechos de mi vida, desde los inicios en Thal (Austria), en unos tiempos muy difíciles porque eran justo los años posteriores a la II Guerra Mundial. Crecí y prosperé gracias a mi determinación, una fuerza de la que me siento orgulloso, y triunfé por ella. La disciplina que me inculcó mi padre ha sido mi motor impulsor. Y me gustaba la idea de que el público me acompañara en este viaje con mis victorias, mis momentos descorazonadores... Y desde luego, al lado de esas grandes victorias, que estuvieran las caídas, todos los días amargos, porque también forman parte de mí. Las malas decisiones, los malos trabajos no puedes tirarlos por el váter. He rodado con buenos y malos actores, he escogido algunos guiones realmente flojos. Y en esas malas decisiones debían incluirse las personales, aunque tocaran mis sentimientos y me avergonzaran. Como el escándalo que estalló al finalizar mi mandato, que destrozó mi matrimonio y causó tanto dolor a Maria y a mis hijos”.

Arnold Schwarzenegger insiste mucho en la importancia del marketing. En el libro se define, por encima de cualquier otra cosa, como “un hombre de negocios”, y apunta: “Cuando la gente acude a mí para una película o con un guion, siempre les pregunto: ‘¿Cómo es el póster? ¿Cuál es la imagen? ¿Qué es lo que estamos intentando vender aquí?”. Así que, ¿cuánto del Arnie estadounidense es un producto de marketing creado por el Arnie austriaco? “Como sabes, estudié marketing ya en la escuela en Austria, y siempre me ha acompañado. Pero es muy importante que lo que vendas sea bueno. Si no, la gente sencillamente no te hará caso. Para mí su ayuda más destacada es que te da a conocer. Es mejor tener el mejor producto en el mundo que la mejor idea. Sin embargo, si no te conocen...”.

Schwarzenegger fue un atípico gobernador de California (2003-2011), que llegó al despacho de Sacramento tras la destitución de su predecesor. Republicano —desde que vio un discurso de Richard Nixon en televisión— centrista progay, proaborto y en constante lucha contra el cambio climático o la subida de impuestos, se llevó muy bien con Bush padre, no tan bien con Bush hijo. Hoy, ¿es más proRomney o proObama? “No tengo una respuesta clara a esto, porque no he visto los debates. Ambos tienen lados buenos y malos, y espero que en los siguientes debates se aclare quién tiene mejores propuestas”.

Schwarzenegger alaba España en cuanto puede. Aquí rodó su primer filme con papel protagonista, Conan el bárbaro (1982). “Recuerdo los apartamentos Villa Magna, en Madrid, donde viví en 1980, Segovia, Almería, a los artesanos de la piel que hacían unas chaquetas y unos cinturones alucinantes. Recuerdo el hangar donde se construyeron los decorados. Fueron seis meses extraordinarios... Me duele la crisis actual, creada por gobiernos que han gastado un dinero que no tenían y por elementos exteriores. Los españoles merecen algo mejor”. En aquella película, a Conan adulto le encarnaba Schwarzenegger y a Conan niño, un crío que luego se haría muy famoso... Así que la última pregunta va por él: ¿recuerda a Jorge Sanz? “¿Quién es Jorge Sanz?”.

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