LIBROS / Entrevista

Max: “Estoy harto de tanta imagen y tanta palabrería”

Solo roca y arena. El nuevo personaje de Max huye al desierto, despojado de todo, en busca del punto cero. 'Vapor' persigue la utopía de expresar lo máximo con los mínimos elementos

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Página de 'Vapor'.

Ya ni en el desierto se siente uno tranquilo. “¡Estoy harto, harto de todo! ¡Del mundo y de la gente, de las cosas y de las ideas, de las palabras y de las imágenes!”. Las palabras desesperadas de Nick, protagonista de Vapor, la nueva historieta del dibujante Max, que La Cúpula publica el 19 de octubre, resuenan ante el vacío existencial, en el que parecemos habernos sumergido de un tiempo a esta parte, precisamente ante el aluvión de información, en muchos casos perfectamente innecesaria, que nos llega en tiempo real. El creador de Nick, como su personaje, también se siente cansado de tanta imagen y tanto discurso vacío de contenido como nos rodea: “Busco un poco de aire libre entre tanto bla, bla, bla”. Huyendo precisamente de todo ese barullo, el protagonista de Vapor se despoja de todo lo que lleva encima —por perder pierde incluso su sombra—, y escapa al desierto en busca de la necesaria soledad y el silencio para intentar vaciar su mente, pero ¿encontrará ese punto cero original?

A Max (Barcelona, 1956) le fascinan los escépticos cabreados, son una de sus especialidades. Le gusta también el mundo futuro y las historias de santos y mártires. Y ahí se asientan los cimientos de Vapor. Para buscar el origen de esta nueva historieta de Francesc Capdevilla, conocido como Max, conviene recurrir al santoral, en busca de la fiesta de San Antonio Abad. El 17 de enero, en muchos pueblos de Mallorca, la isla donde vive este dibujante desde hace años, se representan popularmente las tentaciones de san Antonio por parte del demonio. Max daba vueltas al nuevo guion con esa base, cuando un amigo le recordó La tentación de San Antonio de Gustave Flaubert. Fue leerlo y empezaron a fluir ideas. “He traducido la historia clásica al mundo contemporáneo, pero sin necesidad de dios ni diablo. Queda, por tanto, una persona agobiada con el mundo, alguien que huye del show permanente al que nos vemos sometidos”.

Los bosques de retorcidas raíces donde las plantas trepadoras se adueñaban de las páginas, que adornaron otros guiones anteriores en la larga trayectoria del creador de Peter Punk, se han evaporado en esta nueva entrega. “Me interesaba mucho visualmente conseguir hacer todo un libro con un ambiente desértico donde todo resulta de lo más austero”. En blanco y negro y a base de meterle tinta a la roca y la arena del desierto, Max concentra la narración en lo visual. Como dibujante ha perseguido la utopía que supone “expresar lo máximo con los mínimos elementos”.

A Max, primer autor ganador del Premio Nacional del Cómic en 2007, le ha llevado casi tres años de trabajo intermitente conseguir “poner emoción a lo largo de 112 páginas en medio de un escenario aburrido”. Para reforzar ese discurso ha recurrido a la contención en el texto: “He tratado de ser minimalista y nada retórico. Quería que hablaran los dibujos, pues no en vano se trata de otra forma de escritura. En esa búsqueda de equilibrio tenía claro que trabajaba en un arte visual”.

Vapor se sirve también del humor, de la poesía y la fantasía. “He tratado de situar la historia entre la realidad y la inspiración”, añade. Como en algunos de sus trabajos anteriores, el creador de Bardín el Superrealista avisa que no conviene confiarse porque en cualquier momento se puede saltar al horror.

Max, colaborador habitual de Babelia, como ilustrador semanal de Sillón de Orejas, habla desde su domicilio de Mallorca, recién llegado de Brasil, donde se exhibe Panóptico, una retrospectiva de su carrera, en los centros Cervantes de diferentes ciudades. Los últimos años ha compaginado su tarea como dibujante con la de ilustrador. “Hay muchos vasos comunicantes entre ambas tareas; diría que son primas hermanas. En el cómic firmo como autor, historias que pienso y dibujo, y en la ilustración lidio con lo visual”. La primera representa su faceta más artística, pero con la segunda se gana la vida y, dice, le pone todo su corazón. Dicho esto cuelga el téfono y se vuelve a la mesa de trabajo para poner los últimos trazos al dibujo que ilustra la página 14 de este suplemento.

Vapor. Max. Novela gráfica de humor metafísico. Ediciones La Cúpula. Barcelona, 2012. 120 páginas. 16 euros.

 

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