Brad Pitt: “En el mundo del crimen se mata como se despide en las empresas”

El actor protagoniza 'Mátalos suavemente' del director Andrew Dominik

Llega Brad Pitt y se hace el silencio. Lo que hasta hace unos segundos era un corral de periodistas cinematográficos piando y comparando los precios —hablar con las estrellas cuesta dinero, y ese altísimo peaje lo pagan las distribuidoras nacionales o, incluso, los propios periodistas—, se convierte en un mar de calma, con un invitado, el director Andrew Dominik, que no para de intervenir, aunque a pocos les interese lo que dice. Porque en Mátalos suavemente—que se estrena en España el viernes 21— la estrella no es él, sino uno de los actores, Brad Pitt (Shawnee, Oklahoma, 1963), que interpreta a un asesino a sueldo contratado para poner orden en un turbio asunto que puede desestabilizar los bajos fondos de una ciudad estadounidense.

 Dominik y Pitt ya trabajaron juntos en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, y aquel filme sirvió para fraguar una amistad que ha convertido a Pitt en productor del director australiano, que ahora ha decidido volverse artista con ínfulas de comentarista político: a lo largo de este thriller se van oyendo en las televisiones de los bares y radios de los coches discursos del presidente Bush y de un joven senador, Barack Obama, para recalcar lo que se resume en la última frase de la película: “América no es un país, es un jodido negocio”.

Vida de este chico

Pitt nació en Oklahoma en 1963 y se crió en Missouri, donde estudió Periodismo.

En 1987 debuta en el cine con No man's land y actúa como extra en Golpe al sueño americano.Por la segunda cobró 38 dólares.

En televisión llegó a salir en Dallas,Treintaytantos o Los problemas crecen.

En 1988 protagoniza The dark side of the run, como un chaval con una rara enfermedad por la que lleva siempre una máscara

La fama le llega con Thelma & Louise en 1991.

Ha ganado un Globo de Oro por 12 monos, la Copa Volpi de Venecia por El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y el Razzie (el antioscar) por Entrevista con el vampiro.

Tres veces candidato al Oscar por 12 monos, El curioso caso de Benjamin Button y Moneyball (y por esta es nominado como productor de la mejor película).

El encuentro tiene lugar en Cannes, la noche anterior fue larga y Pitt —más grande y alto de lo que cupiera imaginarse— decide no quitarse las gafas de sol. Dominik prefiere pedir aspirinas, y ambos no paran de tocarse el pelo: llevan medias melenas cuidadas. “Hemos estado haciendo pruebas de proyección a las tres de la mañana, no os penséis”, cuenta el director. Pitt carbura: “Es necesario venir a Cannes, y me gusta. Aquí se aprecia a los cineastas, y yo soy un cineasta, y entras en competición con creadores de gustos similares”. Con ese “yo soy cineasta”, Pitt se refiere al cambio que sufrió su carrera en 2006 cuando decidió meterse a productor, tanto de proyectos en los que él actuara como otros que, sencillamente, le interesaban: en 21 ocasiones ya aparece en títulos de crédito en los apartados de productor o de productor ejecutivo con su compañía Plan B Entertainment.

Puede que, en plan hormiga, esté invirtiendo para tiempos más difíciles. “Pero llevo dos años trabajando como un loco, sin descanso. Y nunca dejan de llegarme guiones. Yo voy escogiendo según suenan en mi interior. Es difícil verbalizar ese sonido… Que sea algo nuevo, diferente… Creo que El asesinato de Jesse James… es uno de mis mejores trabajos, al menos de los que me siento más orgulloso, y al final fue una de esas películas que tenían que ser hechas. Eso puede definir el eco de mi interior: que sienta que ese proyecto debe llegar a las salas. Andrew se convirtió en amigo y cuando vino con este guion, bueno, cuando me contó la historia, me dio el libro original [una novela de 1974 de George V. Higgins], y me confesó que iba a trasladar la acción a la época del escándalo de las hipotecas basura, lo supe al instante. Teníamos que rodarla”.

Para un momento y precisa: “Eso no quiere decir que tenga un mapa vital artístico. Pienso más en oportunidades que se cruzan en el camino que en una larga y dorada carrera. Sé que otros miden sus pasos, yo voy avanzando según surgen las películas”. Otra parada. Alguien le pregunta sobre una frase que dijo hace años, sobre que quería hacer también trabajos que pudiera ver con sus hijos en la tele. “Pienso en que me hagan sentir orgulloso… ¿Hey, chicos, os gusta Cannes? [rápido giro para dejar atrás a Angelina Jolie y a sus seis vástagos]. Aquí se aprecia el cine. ¿Es cierto que en Francia está asegurado por ley que el montaje definitivo de un filme sea el del director y no el del productor?”. No hay ningún francés en la sala, aunque alguien lo confirma. “Impresionante”. “Y eso asegura probablemente algo que siempre busco en mis películas o en las que voy a ver como espectador: que haya cineastas de respeto detrás, que se entienda el cine como una colaboración entre varios creadores”.

Tal vez eso ha salvado a Pitt —tras 25 años de carrera— de ser protagonista de comedias románticas; dejó de ser solo un rostro bonito hace lustros. “Crecí en Missouri, y dos años antes de graduarme pensé en que tenía posibilidades en la interpretación. Estudié Periodismo, pero no me veía en esta profesión. Siempre he tenido claro que debía cuidar mis pasos”. Lo que no quiere decir que piense en dirigir: “No, no me siento capacitado. Angelina ha escrito y dirigido, y he visto el proceso. Yo no puedo, y tengo muchos amigos directores que me ofrecen muchas posibilidades”. Solo vuelve a su familia para hablar de su faceta como productor. “Es cierto que he ganado un montón de dinero. Y producir películas es una de las maneras que he concebido para devolverle a la sociedad todo lo que me ha dado. Quiero que mis hijos sean conscientes de sus privilegios. Y que viajen conmigo, porque cuanto más viajas, mejor entiendes el mundo. He tenido oportunidades al alcance de muy poca gente”.

En Mátalos suavemente el mundo es despiadado, y a la vez los personajes hablan de una ética perdida, del fin de una época. Y a la vez usan la violencia sin ningún complejo. “Es verdad. Pero es que vivimos en un mundo violento. No podemos esconderlo. Y este thriller es una metáfora del mundo de los negocios, donde también ruedan cabezas constantemente. En el mundo del crimen se mata como se asciende o se echa a alguien en las empresas: con un chasquido de dedos”. Su Jackie Cogan es un tipo despiadado, que llega a la ciudad contratado por el consejo de administración del hampa, al que nunca se ve, para poner en orden un mundo que tiembla por un desmán cometido por el personaje que interpreta Ray Liotta. “Me relaciono principalmente con dos personajes: el chófer, el enlace local, al que da vida Richard Jenkins, y el otro asesino a sueldo, al que encarna James Gandolfini. Con dos actores así debes luchar por estar a su altura, porque no te coman el terreno”. Sí, y también porque las numerosas situaciones cómicas del guion no desconcentren a sus protagonistas. Dominik aclara: “El tono bordea la caricatura y aunque al principio pensé ir más allá, los personajes supuran verdad y tuve que recular”.

Los detalles políticos le dan otra dimensión a la violencia mostrada. “No sé si se puede rodar la violencia de una forma romántica. Dominik y yo defendemos que el cine debe de reflejar el mundo tal y como es”, dice Pitt. ¿Y el punto político? “Me encantaría hacer un documental sobre los partidos republicanos y demócratas, para entender cómo acaban por hacer cosas que están en contra de sus propios intereses, incluso los de sus votantes. Estados Unidos es un país extraordinario, con muchas dimensiones, pero hay que proteger los ideales con cuidado. Por eso en Mátalos suavemente se enlaza con el escándalo de las hipotecas, por eso se habla de la avaricia, un pecado inherente a la naturaleza humana. Bajo las garras del capitalismo más salvaje todo está permitido. El mundo no es igual para todos”

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