OBITUARIO

Phyllis Diller, primera gran reina del monólogo

La cómica triunfó con su imagen de ama de casa atípica

La cómica Phyllis Diller posa para un retrato en 1969. / AP

Antes que Phyllis Diller (Lima, Ohio, 1917) hubo otras cómicas, pero ninguna logró desatar la hilaridad del público con sus monólogos como ella. No fue una pionera, pero su estilo particular abrió el camino y sirvió de ejemplo a futuras reinas del humor como Joan Rivers, Whoopi Goldberg o Ellen DeGeneres. Diller falleció el 20 de agosto mientras dormía en su casa de Los Ángeles. La web TMZ indicó que la actriz, de 95 años, se había roto la cadera hacía poco y que desde entonces no se encontraba bien de salud.

Aunque Diller tenía un don innato para hacer reír, hasta los 37 años no inició su carrera como cómica. Su imagen de ama de casa atípica, con vestidos estridentes, pelucas rubias imposibles, zapatones enormes para acentuar sus delgadísimas piernas, una boquilla larga entre los dedos y su risa estridente lograron atraer la atención del público. Pero más allá de su aspecto extravagante, lo que realmente arrancó sus carcajadas fueron sus monólogos frescos, rápidos y plagados de ingenio en los que se reía de sí misma —del personaje que había creado— y, sobre todo, de su marido Fang, objeto de unas puyas cargadas de sarcasmo e ironía. “No le confundan con mis verdaderos maridos. Ellos son temporales”, bromeó en una ocasión.

En los sesenta, Diller empezó a consolidar su prestigio como actriz de monólogos, gracias en buena parte a sus frecuentes apariciones en los programas de Bob Hope, su ídolo. Diller le acompañó en algunas giras y coprotagonizó tres de sus películas, aunque su debut en el cine se produjo en 1960 con un pequeño papel en Esplendor en la hierba. La cómica intervino en varias series y programas de televisión, además de actuar en los suyos. Entre 1966 y 1967 protagonizó la comedia Los Pruitts de Southampton y, un año después presentó su propio espectáculo de variedades El show de la bella Phyllis Diller, ambos sin demasiado éxito de audiencia. Al final de su carrera, colaboró en el culebrón The Bold and the Beautiful y puso voz a uno de los personajes de Padre de familia.

Diller también probó suerte en Broadway, donde durante tres meses interpretó a la Dolly Levi de Hello, Dolly! Un año después, en 1970, inició una gira de conciertos con una orquesta, en la que tocaba el piano sin perder su particular sentido del humor. La actriz escribió varios libros utilizando su álter ego de desastrosa ama de casa: Los trucos para el hogar de Phyllis Diller y El manual del matrimonio de Phyllis Diller. “No me malinterpreten”, dijo en una entrevista en 1982, cuando fue preguntada por ellos, “soy una cómica y no resuelvo problemas cuando estoy trabajando”.

En 1981, Diller, que entonces tenía 64 años, publicó Las alegrías de envejecer... y cómo evitarlas, donde no obvió el número de operaciones de cirugía estética a las que se había sometido, algo que nunca ocultó. Pese a que en una ocasión aseguró que no creía que fuera a necesitar “estirarse la cara” nunca, el hecho es que, en 1999, la cómica había pasado más de una docena de veces por el quirófano. En 2005 se pusieron a la venta sus memorias tituladas Como una lámpara en un burdel. Mi vida en la Comedia. En ellas rememoraba sus comienzos en 1955 en el Purple Onion, un local de San Francisco donde sus monólogos se intercalaban con declamaciones de poetas y espectáculos de strip-tease.

Diller se matriculó en la Universidad de Blyffton, en Ohio, con la intención de convertirse en profesora de Música, pero abandonó los estudios para casarse con Anderson Diller en 1939, con quien tuvo a sus seis hijos. Fue su marido quien le insistió para que abandonara su trabajo como escritora de anuncios de radio para dedicarse a la comedia, algo que solo hizo tras leer el libro de autoayuda La magia de creer. Su esposo se convirtió en su representante hasta que la pareja se divorció en 1965. Ese mismo año, la actriz se casó con Warde Donovan, del que se separó 10 años después.

En 1999 Diller sufrió un infarto y tres años después, durante una actuación en Las Vegas, anunció que ese iba a ser su último espectáculo. Un año después, la propia Diller, en una entrevista concedida a AP, reconoció que añoraba la risa, “esa hora en la que todo el mundo ríe es lo mejor que puedas imaginar”.

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