Pasión total

Pasión Vega, que agotó las entradas, cierra con éxito el ciclo de galas de La Unión

Pasión Vega, en el Festival Internacional del Cante de las Minas. / PEDRO VALEROS

Pasión Vega no es, desde luego, una artista flamenca. Incluso a la copla, que está en sus orígenes, sólo se asoma de vez en cuando en sus actuaciones, y siempre para hacer versiones de temas muy conocidos. Sin embargo, la cantante malagueña cerró anoche, con las entradas agotadas, el ciclo de galas del Festival del Cante de Las Minas. A partir de hoy todo será concurso, hasta llegar a la final del sábado, en la que con suerte aparecerán nuevos talentos flamencos.

Pasión Vega, que hizo un recorrido variado por su propia historia discográfica, es una especie de artista total. En realidad, sus actuaciones son como una continua performance, introduciendo y quitando atrezzo en el escenario, desde una cama para homenajear a las sacrificadas madres, empezando por la propia, hasta la recreación en la azotea de su niñez, en la que comenzaron sus sueños de artista. Incluso es tanto el trajín que se trae y se lleva en el escenario, que al final, ¡ay!, queda un poco cansino tanto aggiornamiento. Cualquier tema lo arrebuja a veces demasiado, aunque este exija una expresividad mayor. Se cambia de vestuario, se abanica, recita, ocupa aquí y allá todos los rincones del escenario, mientras canta desmonta lo montado minutos antes, y así durante dos horas.

Sin embargo, su bellísima y poderosa voz puede con todo, y el público la premió con constantes ovaciones. Era la primera vez que venía a La Unión y dijo estar deseándolo, y por eso se trajo para la ocasión a un excelente bailarín-bailaor, el gaditano Eduardo Herrero.

Cantó un poco de todo y homenajeó desde a María Dolores Pradera, con una versión melodiosa y desacompasada de una guajira engarzada con “Fina estampa”, a Carlos Cano, de quien recreó su habanera y ofreció también María la portuguesa. En su visita a la copla más tradicional cantó La bien pagá y una excelente versión de Te he de querer mientras viva, aunque evidentemente no nos hizo olvidar a la gran Marifé de Triana. También cantó Ojos verdes en la versión más edulcorada de Concha Piquer y no la original y más canalla de Miguel de Molina. En resumen, no defraudó al público de La Unión.

La actuación de Pasión Vega vino precedida por el acto de entrega del premio “Catedral de Cante” a los EE UU, recogido por su embajador en España Alan D. Solomont. Este reconocimiento premia a países que han contribuido a la difusión del arte jondo; en ocasiones anteriores se otorgó a Francia y a Japón. Desde finales del siglo XIX, los artistas flamencos han actuado en EE UU, principalmente en New York. En la actualidad hay centenares de academias y tablaos flamencos repartidos por todo el país, lo que justifica el reconocimiento.

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