Alto secreto

Hace casi dos décadas el Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos estimó que solo el Departamento de Energía de ese país almacenaba 280 millones de páginas clasificadas que tardarían 9.000 años en revisarse. Lo cuenta Peter Galison, profesor de Física en Harvard, en el fascinante número de verano que la Revista de Occidente dedica al secreto. Según Galison, la tasa de clasificación se ha quintuplicado en los últimos años, hasta el punto de que hoy se oculta muchísima más información de la que se publica.

Si el índice no estuviera lleno de clásicos y de catedráticos, el contenido de la Revista parecería una invención del escritor Thomas Pynchon o del semiólogo Jorge Lozano, coordinador del monográfico. Para colmo, la realidad conspira a su favor. En los últimos días el FBI ha perdido los informes sobre Marilyn Monroe, Baltasar Garzón ha explicado su papel de abogado defensor en el caso WikiLeaks y el Ministerio de Defensa español ha blindado su red informática para evitar filtraciones como las promovidas por Julian Assange. Por si faltarán secretos en la Tierra, queremos conocer los de Marte, ese planeta que tanto se parece a Almería (lo demostró en 1997 la nave Mars Pathfinder). ¿Cuántos datos nos serán vedados por cada uno que la NASA lleva al Telediario?

El mundo rebosa de cosas que no sabemos, pero la tele está llena de enigmas transparentes. Telecinco estrena hoy Los Kennedy (el misterio del siglo) y mantiene Secretos y mentiras (falsos documentales sobre casos como el de los niños robados). Mientras, LaSiete retoma El juego de tu vida, el programa más impúdico de la parrilla. En él un concursante responde a 21 preguntas para ganar 100.000 euros. Pierde si el polígrafo dice que miente. Además de a la audiencia, el participante tiene a su familia en el plató. Imaginen sus caras cuando responde “sí” a preguntas del tipo: ¿has animado a alguno de tus amigos a mantener relaciones sexuales con tu mujer?, ¿tienes la sensación de estar echando tu vida a perder al lado de tu marido? No hay novelista que supere eso. El concursante puede plantarse y para ello a veces consulta a los suyos. Anteayer una novia recordó que “hay cosas que no paga el dinero”. A su lado, perplejo por descubrir que su hijo y su nieto se drogan juntos, un abuelo no supo qué aconsejar. “Es la única manera”, dijo, “que tengo de enterarme de estas cosas”.

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