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Cantautores 2.0

Cantan a la indignación, al amor y al desamor, pero a través de lenguajes, músicas y plataformas del siglo XXI. Una nueva generación se abre paso con letras en español aquí y en latinoamérica

Rebeca Jiménez, Fabián y Rafa Pons. Ampliar foto
Rebeca Jiménez, Fabián y Rafa Pons.

Cuando un cantautor como Carlos Chaouen, uno de los más repu­tados de su generación, te mira fijamen­­te a los ojos y afirma sin pestañear que la mayor influencia musical que ha tenido en su vida es el heavy metal de Iron Maiden, lo mejor que puedes hacer es poner el capuchón al bolígrafo, cerrar la libreta y afinar el oído para intentar comprender por qué de un tiempo a esta parte los cantautores ya no son lo que fueron.

A simple vista les separa un abismo de aquellos iconos que enarbolaron la bandera de la canción protesta durante la transición española. Han bebido con devoción de sus fuentes, perfectamente localizadas en el disco duro de su memoria sentimental, pero bucean con igual soltura en el rock, el jazz o la psicodelia. Una nueva generación sigue removiendo conciencias con cantos a la indignación, el amor y el desamor a través de un lenguaje y un eclecticismo musical propios del siglo XXI. Amamantados en los pechos de la balbuceante democracia, hoy rondan la treintena y son activos poetas, blogueros y tuiteros. Representan una alternativa a la industria musical convencional en plena crisis, con letras en español que se abren paso desde Madrid hasta Buenos Aires a través de las nuevas tecnologías. Muchos de ellos han optado por la autoedición y el modelo Juan Palomo. Apoquinan de su bolsillo la gasolina para ir a tocar, producen sus propias creaciones y pelean cada euro con las salas para pagar a los músicos que los acompañan de gira. A pesar del azote de tormentas económicas y su escasa o nula presencia mediática, defienden la artesanía del oficio que desempeñan. Aseguran poder vivir de sus propias canciones y atesoran fieles legiones de seguidores en plataformas tanto analógicas como digitales. Ante la idea de reunir a varios de ellos para este reportaje, todos responden lo mismo: “¿De verdad queréis juntarnos frente a un magnetofón? Vosotros sabréis lo que hacéis…”. Tienen cuerda para rato.

Celebramos el cónclave durante un sofocante día estival en un estudio fotográfico del centro de Madrid. Varios exponentes de la canción de autor actual comienzan a llegar en cascada. Cada uno hace acto de presencia a su aire. Sin parafernalias. Con la misma sencillez con la que viajan de camino a sus recitales. La cántabra Vicky Gastelo ha venido conduciendo desde Santander en su propio coche. Como Carlos Chaouen, que llegó de Cádiz la noche anterior. Fabián ha subido a primera hora a un tren desde León. Rafa Pons voló por la mañana en AVE desde Barcelona. Rebeca Jiménez, Jairo Zavala y Paco Cifuentes llegan desde sus respectivas casas en Madrid. Se conocen y se siguen la pista unos a otros. Algunos han tocado juntos en directo. Pero hoy les hemos pedido que guarden sus guitarras en la funda y tomen la palabra. Hablan a calzón quitado. Sin mirar el reloj. Sin agentes ad hoc acosando al periodista para ordenarle que aligere porque esperan otros compromisos más importantes. Tienen muchas ganas de explicar por qué a estas alturas optaron por la más sencilla y tradicional de las posibilidades de hacer música, defendiendo en solitario, micrófono al frente y guitarra en mano, sus propias composiciones poéticas y armónicas. El día transcurre entre fotos, cervezas, salidas constantes a fumar a la calle y mucha conversación. Si hay algo de lo que están convencidos es de que ninguno de ellos puede todavía escapar de la imagen de “cantautor coñazo”.

Y aquí empieza el problema. Con las dichosas etiquetas. “Entonces… ¿son ustedes cantautores o no?”. Largo e incómodo silencio. Caras largas ante la preguntita. “Hay un problema con esto”, puntualiza Fabián (León, 1981), con cuatro discos en su haber, varios de ellos autoeditados. “No se trata de un género musical, sino de un tío o una tía que compone sus propios temas y los canta. El estereotipo con barbas mesiánicas hablando desde un púlpito no es erróneo, pero va más allá de eso”. El barcelonés Rafa Pons (1978), cuyo éxito viene amasándose por el boca a boca, esboza una sonrisa y reconoce que la etiqueta le ha venido incluso bien. “Me ha favorecido en cuestión de medios, porque la gente tiene la sensación de estar viendo el mismo producto tanto si me ve tocar solo con mi guitarra como si salgo al escenario con una banda”. Días más tarde del encuentro organizado por El País Semanal al que no pudo asistir Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, 1983), esta ampurdanesa de voz exquisita que estudió canto, armonía y composición, nos dirá por teléfono que no está segura de ser cantautora. Ha ejercido como tal, indudablemente, en su debut en solitario: 11 de novembre (Universal), una de las más gratas sorpresas discográficas de la presente temporada. “Pero no sé si voy a seguir por ese camino. Medio disco está influenciado por la muerte de mi padre en letras y en música, pero el resto bebe de muchas músicas. Intenté que no sonara a un estilo concreto. Quería que sonara a Silvia”.

A pesar de todo, no pueden escapar de la idea de “cantautor coñazo”

De vuelta al cónclave en Madrid, para la segoviana Rebeca Jiménez (1975), que el año pasado lanzó su segundo álbum, Valiente (Warner), la palabra cantautor encierra en sí misma un problema: “La gente cree que somos aburridos”. Carlos Chaouen, gaditano de 1974, voz ronca y serena, tercia: “No representamos la etiqueta que muchos tienen en mente cuando se refieren, implícitamente, a Serrat o a Sabina. Lo que no tenemos en común es el sesgo ideológico asociado al término. Hoy se trata de alguien de cualquier ideología que escarba en el mundo de la canción, más que en el mundo social. De Serrat y de Sabina queda mucho en nosotros. Sus obras son indiscutibles, pero no definen lo que es un cantautor. Y en mí no hay más de Serrat que de [el rockero] Rosendo”.

¿Están, por tanto, menos comprometidos ideológicamente que los exponentes de los sesenta y setenta? “Es que nosotros no salvamos vidas”, contraataca la santanderina Vicky Gastelo (1975), bloguera, escritora, compositora y cantante. “A mí las canciones me ayudan a vivir, pero nada más”. Jairo Zavala (1973), alma rockera y exlíder de Vacazul hasta que decidió ir por libre como DePedro, añade: “Los cantautores de la Transición se hicieron portavoces de ideas que de otra forma no podían ser expresadas; era lo que les tocó y lo hicieron muy bien. No hemos perdido sus referencias. Pero todo es diferente, y la música que hacemos, obviamente, también”.

Nada de todo eso significa que contemplen la política desde la barrera. Casi todos los protagonistas de estas páginas pasearon e indagaron por las plazas españolas donde estalló el 15-M en busca de respuestas. Observaron in situ aquella eclosión ciudadana y su posterior desvanecimiento con el paso del tiempo. Carlos Chaouen vivió aquellos días con moderada ilusión, y un año después está convencido de que “el 15‑M se convertirá en un fetiche como el de las camisetas del Che, porque el sistema que nos rige no admite las críticas; las fagocita: o rompemos con el sistema de una vez o no habrá servido para nada”.

Desde luego, cabe preguntarse si tiempos convulsos como los que vivimos constituyen un sustancioso caldo de cultivo para una nueva proliferación de cantautores. “Creo que este sí es un buen momento”, afirma Rebeca Jiménez en términos de sostenibilidad. “Otro tipo de músicas están a años luz. Ante un tiempo tan complicado hay grandes formaciones que requieren mucho despliegue y se ven obligadas a cancelar una gira entera porque no se sostienen. Sin embargo, nosotros estamos ahí, estuvimos antes y seguiremos estando después de todo lo que está cayendo. Podemos subir al escenario con un instrumento y nuestra voz. Eso es lo grande de este momento para nosotros: podemos soportarlo, más o menos, por cómo entendemos y hacemos nuestra música”.

¿Qué fue de los cantautores? Luis Pastor se ha hecho esta pregunta en el tema que da nombre a su último disco. Destacado exponente durante la Transición, con cuarenta años de carrera musical, Pastor ha reflexionado sobre su casta en este single: “Éramos buena gente, paletos inteligentes, barbudos estrafalarios, obreros, chicos de barrio, progres universitarios, soñando en una canción, y viviendo la utopía convencidos de que un día vendría la revolución”. Llegaron algunas revoluciones. Otras se quedaron por el camino. Al teléfono después de dar un concierto en Salamanca, Pastor se muestra convencido de que sí puede hablarse hoy de una nueva generación de cantautores. “Y tienen en sus manos volver a hacer de la canción de autor algo tangible”.

Si le pides que haga un viaje en el tiempo desde los inicios hasta hoy, Pastor encuadra: “La canción de autor nace en España de la lucha contra la dictadura, pero va más allá. Refleja el amor, la solidaridad, la entrega. Los ochenta suponen una etapa de negatividad hacia este género, fomentada incluso desde la izquierda porque el público no quería sermones. Y además empezamos a ser incómodos para los socialistas que llegaron al poder porque éramos y hemos seguido siendo gente crítica. La crisis económica tras 1992 supuso un antes y un después: la canción regresa a las catacumbas. El café Libertad 8 fue un punto de encuentro capital. Pedro Guerra, Ismael Serrano, Javier Álvarez, Rosana o Tontxu fueron algunos de los que en los noventa tomaron el relevo de los setenta. Al rebufo de ellos llegaron Carlos Chaouen y Paco Cifuentes, que salen en este reportaje, y muchos otros que han protagonizado la eclosión de cantautores en este nuevo siglo. Andrés Suárez, Marwan o Muerdo (Paskual Kantero) serían los novísimos exponentes. Incluso mi hijo Pedro, que empezó en la música con 13 años y ahora tiene 17 y bebe de muchas fuentes. Todos tienen en común una enorme formación y el acceso a diversas músicas a golpe de clic que nosotros tardábamos mucho más en descubrir. Sin embargo, esta nueva generación no ha conseguido todavía desterrar la antigua carga de negatividad. Permanece la idea de tío coñazo que ha primado desde los ochenta aunque no sea para nada cierta. Si tu música es indie, en cambio, puedes escapar de la etiqueta”.

Luis Pastor: “La izquierda propició la negatividad hacia

los cantautores”

A un consagrado durante el anterior decenio como Quique González no es que le molestara el término, pero tampoco se sentía identificado con el mismo. “Hoy sí me siento identificado, porque no se trata de un estilo. Soy un escritor de canciones que las canta. Un cantautor es alguien que intenta contar su visión del mundo en tres minutos”. Para González, la evolución de esta música “pasó de la canción protesta, la chaqueta de pana y los discursos del partido comunista a una especie de internacionalización en los noventa cambiando la chaqueta de pana por el pañuelo palestino y los temas sociales; entre la nueva generación ya encuentras propuestas muy diferentes que han permitido ampliar la visión más allá de lo que salía hace 30 años: entre mis favoritos están César Pop, que pertenece a una corriente más clásica, y Fabián, que tiene referentes más contemporáneos”.

A pesar del reconocimiento entre propios y ajenos, asumen con resignación que no escucharán sus discos en las radiofórmulas españolas. Y sin embargo, tienen el foco puesto en Latinoamérica. Rafa Pons ha notado tocando allí que “el gusto por la palabra está más entrenado que en España, y en Argentina, por ejemplo, en una misma emisora pueden poner reggaetton y lo nuevo de Calamaro, cuyos últimos cinco álbumes no se escuchan aquí por la radio”. El sevillano Paco Cifuentes (1976) presentó recientemente en Buenos Aires su nuevo disco, Mientras todo arde, y regresó sorprendido por la alarmante diferencia de estados de ánimo. “En este disco hablo de un país que no tiene un vecino que de buena gana le riegue las plantas, y en cambio vas a Argentina, donde hay peña que paga a plazos una entrada para ver a Serrat y Sabina, y encuentras que el ánimo es muy distinto. España está en una depresión de verdad, más allá de la crisis. Al final lo han conseguido: querían que estuviéramos acojonaos y en casa”.

Cuando Fabián reflexiona sobre su incursión al otro lado del charco, concluye que si ha llegado a tocar en Colombia no es más que por la ristra de seguidores que atesora en Internet. Casi todos han convertido la web en su medio de difusión exclusivo. “Youtube es la discográfica que más ha hecho por mí”, apunta Rafa Pons, que suele vender el 80% de sus CD directamente en sus conciertos, y el resto, a través de su página web. Fabián encarga tiradas de mil en mil copias y las vende directamente por Internet. “La señora de Correos se ríe de mí, porque le llevo bolsas de discos y los mando certificados”. Desde que Vicky Gastelo grabó un LP con una multinacional “que fue directamente al cajón”, decidió hacerlo todo por sí misma. “Subo a la furgo de mi padre, pintor de brocha gorda, cargo mis discos y los llevo, por ejemplo, desde Santander a la FNAC de Rivas Vaciamadrid. Repongo las veces que haga falta yo solita”. Carlos Chaouen grabó cuatro álbumes con compañías y ha autoproducido los dos últimos. “Acabas encargándote de todo, hasta de las fotos del libreto. Y aunque no sabes hacerlo, resulta más gratificante que estar con una discográfica: he tenido enfrente a personas que me han dicho cosas absurdas sobre la música; su objetivo es muy distinto al mío”. Desde otra óptica, Rebeca Jiménez se encuentra a gusto bajo el caparazón de una compañía, aunque reconoce que seguirá con ella “si consiguen sobrevivir; si no, haré discos por mi cuenta”.

Saltan chispas en cuanto alguien menciona los mangoneos de la Sociedad General de Autores (SGAE) y el daño que estos sucesos causan a la imagen de los autores de creaciones culturales. “Algo se habrá hecho muy mal para que la SGAE se haya convertido en una entidad incluso más odiada que Hacienda”, apunta con una pizca de humor negro Rafa Pons. A todos les ocupa y les preocupa seguir comiendo de su oficio. Y están convencidos de que sus letras, sus poesías, como quería Gabriel Celaya, siguen hoy siendo armas cargadas de futuro. En esta nueva generación resuenan los ecos del titán Paco Ibáñez recitando a Celaya con el cabello revuelto y la barba recia de dos días, “como un pulso que golpea las tinieblas”. Pero también vislumbramos ecos que van desde el rock hasta el flamenco o el jazz, desde Andrew Bird, Damien Rice, John Meyer, Patty Griffin y Ryan Adams hasta Javier Ruibal y Chavela Vargas. “Y sí, lo que hacemos tiene futuro”, apostilla Fabián antes de que caiga el telón de la jornada. “La canción de autor tiene recorrido. No tienes más que ver a Tom Waits y Bob Dylan, que siguen tocando. No olvides que ellos también son cantautores”.

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