OBITUARIOS

Nigel Charnock, coreógrafo de vanguardia

El también bailarín británico fue uno de los fundadores del grupo DV8 y estuvo vinculado a la Bienal de Venecia

El coreógrafo y bailarín británico Nigel Charnock.

Por una fulminante enfermedad, el coreógrafo y bailarín británico Nigel Charnock murió el pasado miércoles 1 de agosto en el Hospital de San Cristóbal en el sur de Londres a los 52 años; se le había diagnosticado un cáncer en junio de este mismo año que ha resultado fatal.

Nigel Charnock, muy conocido internacionalmente por su impronta creativa y su personalidad rupturista, basaba su prestigio sobre todo en haber sido uno de los miembros fundadores del grupo DV8, y en cierto sentido de sus procesos creativos, así como también responsable de su estética junto a Lloyd Newson. Uno de sus últimos y muy particulares trabajos es I’m water. I’m weightless, creado para el Teatro Nacional de Gales con un elenco compuesto íntegramente por discapacitados físicos y actores sordos.

La bailarina originaria de Malasia, Mavin Khoo (que colaboró con Charnock en varias ocasiones) no dudó en llamarlo “un genio al que hay que dar las gracias por su visión del arte y de la vida”. El emotivo texto de Khoo, publicado en su web, se explaya en resaltar la personalidad del artista desaparecido: “Era un buen ejemplo de la humildad. Gracias por trazar el camino para las generaciones futuras de artistas masculinos que buscan su propia identidad”. Tanto con DV8 como posteriormente, Nigel visitó Madrid, Sevilla y Barcelona en varias ocasiones.

En uno de sus últimos trabajos el elenco estaba compuesto por discapacitados

Charnock era un hombre lleno de explosiones de excentricidad y de genio creativo, exuberante y voluntarioso. Alistair Spalding, director de Teatro Sadler’s Wells (donde muchas veces se presentó el mismo Charnock) le señala como “un artista muy singular, lleno de vida. Él siempre estuvo al borde de lo maníaco, pero también era muy divertido”.

Su estética tenía un tema clave y central: su propia sexualidad, y por elección propia prefirió mantenerse en los márgenes de las grandes producciones oficiales. No le interesaba el boato, sino golpear al espectador de lleno con imágenes tan fuertes como honestas. Puede asegurarse que no tuvo una trayectoria cómoda ni tampoco sencilla, pero siempre, como un empecinado, fue fiel a sus principios artísticos y emocionales, hasta el punto de llegar a influir en más de una generación de creadores de danza escénica tanto en Reino Unido como en el resto de Europa.

Nacido en la ciudad de Manchester, la importancia de su trabajo radica en la entrega despiadada de su propia autobiografía, contada de manera fragmentada, repetitiva y con tintes de humor negro a lo largo de sus creaciones. Orgulloso de su marginalidad, se ocupó en profundidad de su homosexualidad, de representarla y analizarla como un elemento artístico más disponible en su sistema plástico. En los diarios británicos se habla de su “energía liberadora” y de mantener intencionalmente borrosa “la línea entre el entretenimiento y la terapia personal”.

Su estética tenía un tema clave y central: su propìa sexualidad

Este coreógrafo y bailarín era un hombre muy culto y preparado, que entendía la respuesta escénica de una manera cerebral y esencialmente física. Se había formado en la London School of Contemporary Dance y fue cofundador de DV8 (agrupación subtitulada por ellos mismos como “teatro físico”) con Lloyd Newson en 1986, pero seis años más tarde, cuando DV8 escalaba el triunfo y el reconocimiento global, las relaciones con Newson se deterioraron y Charnock abandonó el grupo. Él mismo dijo entonces: “Me fui porque los programas de DV8 se estaban agrandando demasiado”, afirmación referida a la idea de entrar en los circuitos oficiales de reconocimiento. Charnock fundó su propia compañía en 1995, donde insistió en relatar su infancia y convertirla en su primera inspiración para bailar. Sus actuaciones como solista incluyen varios solos espectaculares, y uno de ellos fue encargado por la Bienal de Venecia. La obra Fever, encargada por el Festival Pro Música Nova en 1998, tuvo una larga gira europea con más de 50 actuaciones y cosechando elogiosas críticas. Estuvo asociado a Wendy Houston y trabajó para la compañía Candoco. Entre 2002 y 2005 fue director artístico de la Compañía de Danza de Helsinki. Ya entonces había sido calificado por el diario británico The Guardian como “un artista polifacético”.

Su creación más reciente, Stupid men, incluía a cuatro hombres dentro de un trabajo de severa improvisación y estaba desarrollando un ambicioso montaje titulado 10 men, que ha quedado inconcluso.

 

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