Gore Vidal, crítico mordaz del modo de vida americano, fallece a los 86 años

El prolífico y polémico autor y ensayista fallece en California a los 86 años

Gore Vidal retratado en Ravello (Italia), en febrero de 1995. / CHEMA CONESA

“Como alguien que ha crecido en Washington DC, había escuchado con atención las numerosas voces que suenan y resuenan en la galería de los susurros”, dijo Gore Vidal a propósito de su novela La edad de oro. El escritor y ensayista falleció anoche a los 86 años en su casa de California a causa de una neumonía.

Pocos autores han estado tan cerca del entramado de poder en América como lo ha estado él. Perteneciente a una familia de la aristocracia wasp de los Estados Unidos, afecta al Partido Demócrata, ya el mismo trato con su abuelo Thomas Gore, senador demócrata por Oklahoma, al que leía en voz alta durante una temporada en que padeció de una ceguera temporal, puede decirse que lo familiarizó con el mundo más elitista de la política y de todos los negocios que esta lleva consigo.

Vidal nació el 3 de octubre de 1925 en West Point, Nueva York, y creció a la sombra de los centros de decisión de la vida norteamericana del siglo XX. Era un muchacho de gran inteligencia natural que, acompañada de una excelente formación, dio como resultado una de las mentes más lúcidas, beligerantes y receptivas de su época.

Gore de Vidal, retratado hacia 1955. / HULTON ARCHIVE/ GETTY

Su primera novela, La ciudad y el pilar de sal, en la que se muestra ya la temática gay, aunque de una manera bien candorosa, lejos de lo que serían sus posteriores incursiones en el asunto, ya le causó los primeros problemas y puede decirse que, desde entonces, la sociedad bienpensante norteamericana no le dio tregua ni él a ella. Firme enemigo del imperialismo estadounidense, puede decirse que se convirtió en un problema permanente para sus compatriotas, lo cual, dada su veta exhibicionista, no podía disfrutarlo más. Sin embargo, no puede decirse de Gore Vidal que fuera un tipo insustancial; todo lo contrario: Vidal no tocó solo el campo de la novela, sino que ha sido uno de los más punzantes, controvertidos y, a la vez, respetados periodistas de su país. Escribió también obras de teatro, dos de las cuales se estrenaron en Broadway con notable éxito; trabajó como guionista para la Metro Goldwyn Mayer en la famosa película Ben-Hur, colaboración de la que salió tan malparado que su nombre desapareció de los títulos de crédito y provocó la ira del actor Charlton Heston, que encontraba toques de homosexualidad en su personaje. Además, el valor de Vidal como ensayista político y analista histórico corre parejas con su fama de novelista y quizá la supera.

Gore Vidal nunca escondió su homosexualidad, lo cual fue fuente de conflictos permanente, por ejemplo en un cara a cara con un influyente y reaccionario senador norteamericano que le reprochó su condición sexual, ante las cámaras, de manera extraordinariamente agresiva, pero Vidal, hombre de exquisita educación, siempre supo mantener la cara sin perderla nunca. Sentía debilidad por Italia y allí empezó a pasar largas temporadas a partir de 1960, tras presentarse sin éxito como congresista por Nueva York, obteniendo de todos modos una importante cosecha de votos. Era un hombre inteligente, divertido, mundano y excepcionalmente culto; dotado de una capacidad crítica aguda y valiente. Su mejor versión como novelista es la que enlaza la serie de novelas históricas que comienza con Burr y sigue con Lincoln, Imperio, Hollywood y La edad de oro. “Para quienes erróneamente ven la historia como un testimonio verídico y la novela como una invención —dijo a propósito de estas obras— a veces puede ser exactamente al revés”. En La edad de oro, se recogen, por ejemplo dos obsesiones de Vidal: una, la de que el ataque a Pearl Harbour pudo ser evitado, pues existía evidencia suficiente de lo que se proyectaba; y dos, su encendida defensa de la abstención de Norteamérica en la guerra de Europa, idea que más adelante matizó considerando que había sido un buen trabajo de todos modos.

En realidad, el deseo de Vidal de estar siempre en el candelero jugó a su favor y en su contra. Le concedió una fama de escandalosa con la que sin duda él disfrutaba, pero quizá ese permanente estar en medio de la polémica le restó alguna fuerza creativa; sin embargo, su voz siempre tuvo eco y estuvo cargada de razón porque su mordacidad, como demuestra la sátira Myra Breckindridge, era su mejor arma, además de poseer una mente analítica privilegiada. Quizá su obra maestra sea A memory considerada como un texto excepcional de relato autobiográfico.

En los últimos años se enfrentó con verdadera dureza a George Bush y al grupo de empresarios del petróleo que lo rodeaban y, como en el caso de Roosvelt y Pearl Harbour, puso en cuestión la actitud de su Gobierno con respecto a los intereses que se escondían tras la utilización del 11-S. Gore Vidal, un hombre extremadamente lúcido, fue odiado y amado con la misma intensidad, pero ha sido sin duda una personalidad extraordinariamente influyente, y controvertida, en la opinión pública norteamericana.

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