ANÁLISIS

Dimes y diretes en torno al ‘enigma de Mas del Vent’

Claustro románico en los jardines del Mas del Vent de Palamós, (Girona). Detalle de uno de los capiteles. / Marcel·lí Saènz

Todo lo que rodea al claustro de estilo románico de la finca Mas del Vent de Palamós, incluida su piscina de casa de campo de millonarios con buen gusto y los coquetos pinos colindantes, huele a misterio. Y si algún sabueso de la ficción histórica quiere husmear un poco en el asunto y echar la imaginación a volar, ahí tiene chicha. ¿Por qué no? Ya ocurrió con el superventas José Luis Corral y el Códice Calixtino robado (y ahora recuperado) en Santiago: que ambos dos acabaron felizmente casados en forma de novelón.

El 'affaire' del claustro da para una novela con vocación de superventas

Abundante chicha hay, en efecto, en este asunto de piedras milenarias —o no—, investigadores desinteresados —o no—, políticos solo movidos por el servicio a la sociedad y zarandajas así —o no— y la tradicional evidencia de bonachones curas vendiendo cosas a anticuarios ojo avizor. O no. A lo peor todo fue un sueño. O un montaje circense de piedra. También tendrán chicha ese hipotético novelista, su hipotético editor y el hipotético adelanto editorial a buen seguro astronómico, en la propia actitud de los responsables de la Generalitat. Unos gestores político-culturales que, más allá de convocar a un grupo de expertos para poner en común y consensuar con ellos la postura a adoptar en cuanto a la autenticidad o no del claustro, les sientan a la mesa para decirles algo así como: “Señores, esto es lo que hay, y esto es lo que tenemos que consensuar y firmar de forma unánime”. Y como las unanimidades impuestas suelen ser perezosas y un pelín indignas, ocurre que el anhelado consenso ha saltado por los aires —al menos por ahora— y algunos de los profesores, técnicos y estudiosos han dicho nones.

La Generalitat trata de forzar el consenso de cara a un dictamen

Tan extravagante resulta sostener que el claustro de Mas del Vent es románico desde la primera hasta la última piedra como pretender que alguien se tomó la molestia, en el siglo XIX o XX, de fabricar su personal montaplex de piedra para sacarse unos cuartillos. Casi todos los expertos que han dado su opinión en este rocambolesco asunto —historiadores del arte, arquitectos, arqueólogos, geólogos, conservadores...— han mostrado un mayor o menor grado de escepticismo en cuanto a la autenticidad del enigma de Mas del Vent. Normal. Sostener con tanta rotundidad que todo es un pastiche, chocar, choca. Pero una cosa está clara: sea cual sea el dictamen final, el misterio seguirá revoloteando por entre el aire limpio del Bajo Ampurdán.

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