OBITARIO

Evelyn Lear, soprano que dio voz a la neurosis moderna

Debutó en el Metropolitan Opera de Nueva York en 1967 después de rechazar al menos tres papeles

Evely Lear, en 1965. / ERICH AUERBACH

Agraciada con el aspecto de Elizabeth Taylor y la voz de Elisabeth Schwarzkopf, la soprano estadounidense Evelyn Lear (Nueva York, 1926), fallecida el 1 de julio a los 86 años, partía con muchas bazas a su favor y supo emplearlas: se mantuvo en la escena internacional durante más tres décadas, en papeles que iban desde la virginal Pamina de La flauta mágica de Mozart a la lasciva Lulu de la ópera de Alban Berg, pasando por la soprano solista de la Pasión según san Mateo de Bach.

Su glamour le facilitaba interpretar a la Cleopatra de Haendel y a heroínas románticas. Pero también había quien opinaba que su atractivo físico actuaba en su contra en el papel de la adúltera compañera de Wozzeck, Marie; ópera que le valió —acompañada del recientemente fallecido Dietrich Fischer-Dieskau— un Grammy en 1996. Lo cierto es que era capaz de recurrir a su excepcional inteligencia e imaginación teatral en una amplia variedad de papeles, en particular las “heroínas neuróticas modernas” que tanto le gustaban.

Fue en el papel principal de la Lulu de Berg cuando captó la atención del público internacional, al sustituir con muy poco margen de tiempo a la soprano titular en un concierto durante el festival de Viena. Lear aprendió el papel en tres semanas, triunfando luego con él en Londres y otros lugares, y ejecutando un memorable registro de la obra bajo la batuta de Karl Böhm en 1968. Su debut en el Metropolitan Opera de Nueva York no se produjo hasta 1967, aunque su gerente Rudolf Bing le había ofrecido al menos tres papeles antes de esa fecha. El papel contemporáneo que aceptó finalmente fue característico en ella: el de la protagonista (Lavinia) en una adaptación que hizo Marvin David Levy del drama de Eugene O’Neill El luto le sienta bien a Electra.

A finales de los sesenta sufrió una crisis vocal a la que posteriormente se refería con apabullante franqueza: “Hay quien ha afirmado que yo voy por ahí diciendo que [cantar] la música contemporánea me hizo perder la voz”, se sinceraba en una entrevista de 1980. “Eso no es verdad... fue culpa de mi falta de técnica”.

Con un profesor de voz, Daniel Ferro, reconstruyó su técnica. Aunque siguió interpretando música contemporánea, abordó roles tradicionales, como las mozartianas Fiordiligi (Così fan tutte) o la condesa Almaviva (Las bodas de Fígaro), entre otros.

Evelyn Lear (Shulman de soltera) nació en una familia de aficionados a la música y estudió piano, pero después de divorciarse de su primer marido, el médico Walter Lear, se decantó por los estudios de canto. En 1955 se casó con un condiscípulo, Thomas Stewart, y se trasladó a Berlín a ampliar su formación. Allí tuvo como profesora a Maria Ivogün, con quien también estudió Schwarzkopf. Como ocurría con esta última cantante, la voz de Lear no era demasiado potente, pero sí bien trabajada y con una calidez natural y sensual.

Tras aparecer por primera vez en escena en Berlín con Ariadne en Naxos, de Strauss, empezó a abordar papeles clásicos y contemporáneos por igual. Luego llegaría su salto a la fama con Lulu, con el que se iría afianzando en las óperas contemporáneas.

Stewart y Lear —que permanecieron casados hasta la muerte de Stewart, en 2006— interpretaron juntos muchas veces, en óperas como el Eugeni Onegin de Chaikovski o Las bodas de Fígaro. Otro de sus proyectos conjuntos fue un programa de apoyo a jóvenes cantantes wagnerianos: uno de los talentos que se beneficiaron de él fue Jay Hunter Morris, apoyado también por el tenor español Alfredo Kraus.

© Guardian News & Media 2012.

 

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